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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 7 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 43

43º- Noticias inesperadas

No tardaron mucho en llegar, detuvieron a los dos chicos, nos tomaron declaración y se llevaron a la chica en la ambulancia. Le preguntamos a los Caravinieri, que afortunadamente uno hablaba español y nos explicó que la chica tan solo tenía golpes y magulladuras pero estaba fuera de peligro.

Nos fuimos al hotel, menuda nochecita… entramos en la habitación, yo aún estaba algo alucinada por lo que había pasado, pero claro, me alegraba de que la chica estuviera sana y salva.

-Cielo, ¿estás bien? ¿Te hicieron algo? –pregunté examinándole.

-No te preocupes, estoy bien. –contestó acariciando mi cara.

Cogió la ropa para cambiarse y ponerse el pijama y le vi un par de moratones en el costado. –Cristian, tienes dos moratones enormes. –dije preocupada.

-No es nada. –contestó muy tranquilo.

-Has sido muy valiente al enfrentarte a los dos chicos tú solo, mi príncipe. Te adoro. Aunque si te hubiera pasado algo… tenía miedo de que te hirieran… -respondí con la mirada triste.

-Es que me imaginé que eso te podía haber pasado a ti, y creo que estaba fuera de mí. No sé, no soporto a los tíos que pegan a las mujeres, me parece de cobardes. –dijo apretando los puños.

-Bueno, ya no lo pensemos más. Se me ocurre que para relajarnos nos podíamos dar un baño relajante, y aprovechar todo lo que hay en el baño. –le propuse sonriendo.

-Um… suena a gloria… -respondió cogiéndome de la cintura.
Fuimos al baño y preparamos el jacuzzi, era enorme y cabíamos los dos sin problemas. Pusimos unas sales de baño y cuando ya tuvo espuma Cristian puso por encima pétalos de rosa, la verdad es que parecía que estábamos en una película.

Nos metimos dentro y comenzamos a besarnos y acariciarnos, la verdad es que estábamos muy a gusto, era algo tan romántico… que no podía casi ni creerme que todo aquello fuera real. Pero estaba disfrutando como una niña cuando ve su regalo el día de reyes.

Pero se me ocurrió darle una sorpresa a Cristian, él siempre tenía muchos detalles conmigo y me cuidaba mucho, le quería dar una sorpresita para compensarle lo mucho que me amaba.

-No te muevas de aquí, que quiero darte una sorpresa. Sal en 5 minutos y ven a la cama. –dije mientras le di un beso muy corto.

-¿Una sorpresa? Está bien, estoy deseando saber lo que es. –contestó muy ilusionado.

Cogí la toalla y me sequé, fui directa a la maleta a buscar uno de los picardías que las amigas me habían regalado en la despedida de soltera, aún no los había estrenado. Y pensé que sería una buena forma de sorprenderle, ya que todos y cada uno de ellos eran muy provocativos.

No sabía cual coger, me daba bastante vergüenza, solo con mirarlos me estaba sonrojando, pero quería sorprender a Cristian así que respiré hondo y me decidí por un picardías en color azul cielo, como era mi color favorito fue el que elegí.

Me tumbé en la cama y esperé a Cristian, estaba algo nerviosa, no por lo que fuéramos a hacer sino por llevar puesto ese picardías tan falto de tela, además era muy transparente.

Cuando pasaron los 5 minutos, empecé a escuchar los pasos de Cristian, no pude evitar sonreír, pues tenía unas ganas locas de saber la cara que pondría. Al fin se asomó y miró sonriendo.

-Vaya… estás… puf… madre mía… -dijo con los ojos como platos.

-¿Eso es que te gusta o que no? –pregunté impaciente.

-¿Que si me gusta? Estás preciosa, tan hermosa que mis ojos están apunto de salírseme de las órbitas. –contestó abriendo mucho los ojos.

-Ven aquí y bésame. –respondí agarrándole del brazo y atrayéndole a mí.

Nos comenzamos a besar y yo enrosqué mis manos entre su cuello para acercarme más a él. Como el picardías era de una tela tan fina, mi cuerpo estaba muy cerca del de Cristian, que tan solo llevaba la toalla al haber salido de jacuzzi.

Que ambos estuviéramos con tan poca ropa, nos facilitaba las caricias mutuas. –Me encanta la sorpresa, preciosa mía… -susurró en mi oído. Eso me hizo sonreír y sonrojarme.

No tardó en quitarme el pequeño picardías y su toalla calló enseguida, dejando visible su miembro erecto. Para acto seguido penetrarme pues ambos estábamos muy encendidos.

-Necesito hacerte mía… me has provocado con ese picardías… -susurró besándome en la oreja.

Se movía muy deprisa, casi no me daba tiempo a saborear tanto placer, era maravilloso, tremendamente placentero. Me colmaba de un amor tan grande que ese fuego que me recorría estando con él, me quemaba por dentro de forma incontrolada.

No sé cuanto tiempo estuvimos así, pero llegamos al clímax un par de veces, fue una noche inolvidable, de las que recordaría toda mi vida, estaba en un lugar mágico, y con mi marido, con mi perfecto marido.

Los días pasaban, y yo estaba cada vez más contenta, veíamos monumentos, iglesias, plazas… todo me dejaba con la boca abierta, no obstante vimos 3 veces más el David de Miguel Ángel, pero es que no lo podía remediar, era tan majestuoso, que era como si me llamara.

Nos faltaban tan solo 2 días para volver, en dos días volveríamos a España con nuestros hijos. Eso de volver estaba bien, porque los echaba mucho de menos, a pesar de que hablábamos todos los días con ellos por teléfono, pero tener a Cristian para mí sola era algo fabuloso, como un sueño.

Llegó la hora de comer y fuimos a un restaurante, era precioso y la comida estaba muy rica. De postre yo había pedido una tarta de chocolate y Cristian se pidió una tarta de queso. Nos trajeron los postres y olían de maravilla.

Tomé una cucharada y de verdad estaba muy bueno, pero empecé a sentir arcadas. A mí jamás me había provocado arcadas el chocolate, de hecho el chocolate me enloquecía no tenía sentido.

-Puf… no lo quiero, tómatelo tú si quieres. –dije poniendo cara de asco.

-Si tú nunca has rechazado un trozo de chocolate. ¿Te encuentras bien? –preguntó preocupado.

-Pues… lo cierto es que me están entrando nauseas. ¿Nos podemos ir? –pregunté.

Salimos del restaurante y Cristian aguantaba todo mi peso. –Oye Mel… no será que…bueno… ¿cuántos días hace que tuviste el periodo? –preguntó.

-Pues… ahora que lo dices… no me había preocupado por ello y es cierto que nunca había sentido nauseas con el chocolate.

¿Podría ser cierto que estaba otra vez embarazada? La idea me alegraba, pero claro, otro bebé significaba más trabajo y más responsabilidades. Pero tener otro bebé con Cristian era una idea fabulosa y de pensarlo esbocé una sonrisa en mi rostro…
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