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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 8 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 44

44º- Felicidad truncada

Fuimos esa tarde a una farmacia y pedimos un test de embarazo. No sabía decir quién estaba más nervioso de los dos, si Cristian o yo, aunque claro, verle así me alegraba pues eso significaba que le importaba mucho el resultado y eso era maravilloso.

Nos cogimos la prueba y nos fuimos al hotel para estar allí tranquilos y hacer la prueba con tranquilidad. Me metí en el baño y ponía que había que esperar 2 minutos, los dos minutos más largos de mi vida, ya había pasado por eso, pero claro, estar embarazada de nuevo podría ser estupendo y quería estar segura antes de ilusionarme.

No paraba de mirar el reloj, parecía que el tiempo se había ralentizado y me daba la sensación de que no llegaba el fin de los dos minutos. Cuando pasó el tiempo cogí el test y sin mirarlo salí del baño.

-¿Ya sabes algo? –preguntó Cristian muy nervioso

-He preferido mirarlo contigo aquí. –dije acercándome más a él.

Me agarró por la cintura y ambos miramos el test de embarazo. –Dos rayas, ¿eso es que si o que no? –preguntó impaciente.

Pero yo me había quedado muda, estaba embarazada de nuevo, embarazada de mí amado, no tenía palabras, no me salían. Solo le miraba con los ojos llenos de ilusión sin poder articular palabra.

-Mel, por favor, dime algo ya. –dijo muy nervioso.

-Felicidades, papá. –contesté comenzando a sonreír y llorar de la alegría.

-¿En serio? ¡ES FANTÁSTICO! –dijo casi a gritos.

Me cogió en brazos y empezó a dar vueltas, pero tropezó y nos caímos encima de la cama, nos echamos a reír a carcajada limpia. –Veo que te ha alegrado la noticia. –contesté aun entre risas.

Esos dos días los disfrutamos más si cabía, pues con la noticia estábamos muy felices. No paraba de comprar ropita para el bebé. –Cielo, si aún faltan muchísimos meses para que nazca, tenemos tiempo de comprar las cosas. –dije sonriendo.

-Lo sé, pero quiero que tenga lo mejor. –contestó ilusionado.

Pero nuestro viaje llegaba a su fin, fuimos al aeropuerto y menos mal que no había retrasos ni nada, quería ver a mis hijos y contarles la noticia. Era una pena que se acabara el viaje pero lo cierto es que estaba echando mucho de menos a mis hijos.
Habíamos hablado con los padres de Cristian, iríamos nosotros a su casa, pues habíamos dejado el coche en el aeropuerto. Así no tendrían que estar yendo al aeropuerto con los niños y todo.

Así que tras bajarnos del avión y coger la maleta nos fuimos al parking y nos montamos en el coche, directos a casa de mis suegros para verlos y recoger a los niños, luego nos iríamos a casa.

En el camino yo iba bastante cansada la verdad, pues tantos días allí viendo monumentos y no es que hubiéramos dormido demasiado con esas noches de amor y pasión vividas.

Estaba medio dormida, no quería, pues me gustaba hablar con Cristian para que no se durmiera, pero mis párpados no aguantaban. Los abría y los cerraba, daba pequeñas cabezadas.

En una de las veces que abrí ligeramente los párpados, una luz muy potente me cegaba. Un coche venía de frente, me fijé y estábamos en le carril contrario. – ¡CUIDADO! –grité.

Cristian se había dormido, y al escuchar mis gritos se despertó y dio un volantazo. Las ruedas chirriaron y nos salimos de la carretera, acabamos en la cuneta y de milagro y por suerte, el quitamiedos paró el coche.

Pero el golpe fue bastante fuerte que el tope de los cinturones saltó, el golpe fue en mi lateral, así que me dí con la ventanilla y la puerta. –Cielo… ¿estás bien? –pregunté mientras la cabeza me daba vueltas.

-Yo… ¡ay! me duele el brazo… ¿Y tú y el bebé estáis bien? –preguntó muy nervioso.

-Si… eso creo. –dije aún algo mareada.

-Lo siento, es que me dormí, no tengo perdón. Lo lamento muchísimo, mi princesa. –se disculpó.

-Tranquilo, no pasa nada, llama a tu padre, que debemos estar muy cerca de su casa. Y dile que llame a una ambulancia. –contesté sujetándome la cabeza pues me dolía bastante.

Cristian llamó a su padre que se puso histérico pero no tardaría en llegar pues era cierto que estábamos muy cerca de su casa. Como pudimos, salimos del coche, pues teníamos miedo de que se incendiara el depósito, aunque el coche no se había destrozado demasiado.

Poco después llegó Carlisle, que se bajo corriendo del coche, nosotros nos habíamos sentado a unos metros del coche y Cristian había cogido una manta que llevaba en el maletero para cubrirnos con ella.

-¿Estáis bien? ¿Qué ha pasado? –preguntó histérico.

-Es que… me dormí… -confesó Cristian avergonzado.

-Bueno tranquilo, no hay que preocuparse de eso ahora, ya viene la ambulancia de camino. ¿Os encontráis bien? –preguntó examinándonos con la mirada.

-A mi me duele mucho el brazo, pero papá… Mel está embarazada, espero que no le haya pasado nada al bebé… –contestó muy preocupado.

-Bueno tranquilo, os haremos pruebas y saldremos de dudas. Tu brazo por la pinta que tiene parece que está roto, espero que no haya que poner clavos. –dijo su padre algo más calmado.

Llegó la ambulancia y nos llevaron al hospital. Cristian efectivamente tenía el brazo roto. Y yo tenía una torcedura en la muñeca por el golpe con la puerta, y la cabeza me dolía bastante, pero me seguían haciendo pruebas.

-A ver lo del golpe en la cabeza te tengo que hacer alguna prueba más, pero lo que ya te puedo decir es que con la ecografía he comprobado que el bebé está sano y salvo. –dijo Carlisle esbozando una pequeña sonrisa.

-Gracias al cielo… -suspiró Cristian.

-Menos mal… -dije acariciando mi tripita plana.

Me hicieron un TAC craneal y tuvimos que esperar un poco hasta saber el resultado, nos habían llevado a una habitación. Carlisle entró y parecía bastante serio, eso no debía ser buena señal.

-Melinda, ya hemos hecho el TAC, no traigo demasiadas buenas noticias. –empezó a decir muy serio.
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