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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 9 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 45

45º- Decisiones difíciles

-¿Qué pasa papá? –preguntó Cristian poniéndose muy nervioso.

-El golpe que te diste, ha provocado un hematoma en el cerebro, se podría reducir por medicación, pero al estar embarazada no podemos darte ningún medicamento. Solo nos quedan dos opciones, intentar dejar que se reduzca solo, o la otra opción es abrir y reducirlo quirúrgicamente. Pero claro, es una operación muy delicada, para ti, y sobre todo para el bebé. –explicó Carlisle. –Lo más recomendable es abrir, pero tienes muchos riesgos de perder al bebé.

-Yo… no sé…no sé qué hacer… -dije dubitativa.

-Mel, tienes que operarte. –contestó Cristian.

-Pero… ¿Y si le pasa algo al bebé? –pregunté

-Bueno, podríais tener más hijos. Pero claro eso es decisión tuya. Yo ya te he dicho las opciones. –comentó Carlisle.

-Yo… yo… no quiero operarme, quiero ver si se reduce solo. –dije al fin con decisión.

-¿Qué estás diciendo? No puedes hacer eso, ¿y si no se reduce? –estaba enfadándose mucho.

-Mel, debes pensarlo bien, si no se reduce solo, podrías morir. –contestó Carlisle.

-Pero… tengo que intentarlo, es mi pequeño, nuestro pequeño, no puedo ponerlo en peligro. –dije poniendo mis manos en mi tripa plana.

-¿Y piensas ponerte tú en peligro? –preguntó indignado.

Yo me quedé callada, mis ojos empezaron a llenar de lágrimas, pero giré la cabeza, no quería que me vieran así, era cierto que tenía miedo por mi vida, pero mi bebé tenía que vivir, no podía ponerlo en peligro.

-Cristian, no la agobies ni la alteres, eso es peor para su salud. –dijo su padre. – Ya llamé a Adriana y a tu madre. Estarán a punto de llegar. –comentó Carlisle.

Y tal como había dicho Carlisle, en un rato vino Esme, y venía acompañada de Adriana, Pedro, Darío y Samanta. – ¡Menos mal que estáis bien! –dijo Esme llorando.

-¿Papá os ha contado todo? –preguntó Cristian.

-Sí, nos lo ha dicho antes de entrar en la habitación. –contestó Esme.

-Entonces, estaréis de acuerdo conmigo en que es una locura que no se opere, ¿Verdad? –dijo Cristian mirando a los cinco.

Adriana, Samanta y Esme se acercaron a mí. –Hijo, yo haría lo mismo que ella, no lo dudaría. –dijo Esme muy segura de sí misma.

-Pero ¿cómo la dices eso mamá? Encima la estás animando a que se ponga en peligro. –contestó Cristian enfadado.

-Nosotras haríamos lo mismo, vosotros no llegáis a entenderlo porque no lleváis una vida en vuestro interior. –comentó mi hermana tocando su tripita que ya empezaba a abultarse ligeramente.

Pedro y Darío apoyaban a Cristian, la verdad es que estábamos como divididos. Yo no quería ni abrir la boca. Sabía que si decía algo me podría a llorar más todavía, y no quería que me vieran asustada.

Realmente estaba asustada y veía que en parte Cristian tenía razón, pero… no podía arriesgar así la vida de mi bebé. Era mi bebé, una vida que habíamos creado Cristian y yo, basada en el amor tan grande que nos teníamos, no podía ponerlo en peligro así como así.

Tras un par de horas volvió Carlisle, tenía que darle una respuesta sobre mi decisión, sobre lo que iba a hacer. Él también esperaba que me operaba, pero creo que al también entendía mi pensamiento, y me daba la sensación de que me comprendía.

-Melinda, ¿ya tomaste una decisión? –me preguntó.

-Pues sí. No me opero, estoy convencida de que se va a reducir solo. –dije convencida.

-Está bien. Es tu decisión, te mantendremos vigilada y en unas horas te volveremos a hacer un TAC para ver si va reduciéndose. Descansa que te hace falta. Chicos por favor, que no se altere ¿De acuerdo? –les dijo mirándolos.

-Claro, tranquilo. –contestó mi hermana.

Salió de la habitación. Pedro y Darío estaban mirando a Cristian, que miraba a la pared, y Adriana y Samanta estaban cogiéndome las manos. Miré detenidamente a Cristian, estaba como en tensión y los puños apretados, era evidente que estaba enfadado.

Seguramente estaba muy enfadado, pero si no quería alterarme para seguir la recomendación de su padre. Les dije a los demás que nos dejaran solos, quería estar a solas con Cristian, teníamos que hablar.

-Cristian…- empecé a decir.

-No… no lo entiendo. No sé porqué quieres correr ese riesgo. –dijo sin mirarme.

-Por nuestro pequeño. No puedo matar al fruto de nuestro amor. –contesté empezando a llorar.

-Mel… -suspiró. –Te entiendo pero no quiero perderte. - dijo mirándome.

Se levantó de la cama y se acercó a mí. Me acarició la mejilla. – No vas a perderme. Tranquilo –dije esbozando una sonrisa.

-Lo eres todo para mí, si te perdiera… mi vida no tendría sentido. Eres el amor de mi vida. – contestó con los ojos llorosos.

-Y tú para mí también. Pero no puedo hacer eso a nuestro pequeño. Por favor, necesito tu apoyo, no puedo hacer esto sola. –respondí mirándole a sus profundos ojos.

Él me miraba con los ojos llorosos, miraba alternativamente mi tripita plana y a mis ojos, hasta que al fin cerró los ojos y suspiró. –Está bien… te amo… -susurró.

-Sabía que me apoyarías, eres estupendo. –contesté abrazándole fuerte.

-Ay… cuidado, que el brazo me duele bastante. –se quejó.

-Uy… perdóname. –me disculpé.

-No sé como lo haces, que siempre termino rindiéndome a tu voluntad. –contestó sonriendo.

-Es que me quieres mucho. –dije sacándole la lengua.

-Sí, con toda mi alma…-contestó antes de darme un beso muy tierno.
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