Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 11 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 48

48º- Alguna alegría

Yo sabía lo mucho que me quería Cristian, pero su reacción ante mi aspecto después del ataque me había dolido mucho. Quizás ya no podría quererme si me quedaban cicatrices.

Entraron al cabo de un rato yo seguía girada mirando a la ventana, no quería mirarle, y tampoco quería que me mirara, no soportaría una expresión de rechazo por su parte. Noté su mano sobre mis cabellos, pero intenté seguir como si nada, aunque era algo muy difícil por lo mucho que le amaba.

-Mel… mírame, por favor. –pidió.

Yo no contestaba, sabía que si abría la boca, mi determinación iba a flaquear y me pondría a llorar, no quería llorar, no en ese momento, si me ponía a llorar seguramente me alteraría mucho.

-Mel… Te lo suplico, por favor… -suplicó con la voz temblorosa.

Finalmente me giré pero no quería mirarle a los ojos, jamás me había podido resistir a su mirada tan profunda e intensa. Él cogió mi cara con su mano sana e hizo que le mirara.

Tenía los ojos llorosos y los míos comenzaron a estarlo. –Mel, eres el amor de mi vida. No soporto la idea de que te hagan daño, por eso me puse así antes. Lo lamento muchísimo. Necesito tu perdón, por favor… -pidió entre susurros.
Yo estaba dubitativa, pero sabía que no podía estar enfadada con Cristian. –Te perdono… aunque sé que no querrás volver a mirarme con la pinta que tengo. Estoy espantosa… -dije muy apenada.

-No digas eso, mi princesa. Tú eres la más hermosa, y siempre va a ser así pase lo que pase. Pero seguro que en unos días se te curan los cortes. No debes estar triste. –contestó dándome un tierno beso.

Llamaron a la puerta, era Carlisle. –Bueno, me alegro que ya estés mejor Melinda. Por cierto, los análisis están bien. Aunque ahora tenemos que curarte los cortes para que no se infecten los puntos. Dentro de unas horas vendrán a curarte. Descansa.-dijo Carlisle mirándome los puntos del cuello.

-Vale, tranquilo. –contesté sonriendo tímidamente.

-Aunque este corte del cuello hay que tener cuidado con él. No hagas esfuerzos con el cuello. Podrían saltarse los puntos y es una zona muy delicada. –explicó.

-Que sí papá, si no nos vamos a mover de aquí. Y no será por ganas, todo fue por dormirme, y por mi culpa Mel está así. Menos mal que se va reduciendo el hematoma. –contestó Cristian.

-Hijo, no te martirices, estabas cansado y te dormiste. Pero afortunadamente os estáis recuperando. –respondió Carlisle dándole una palmadita en el hombro del brazo sano. –Bueno descansad, en unas horas vendrá la enfermera a curar a Melinda.

Allí estábamos bastante aburridos, pero no quería que nuestros hijos me vieran así con los cortes, sabía que se asustarían, así que preferí que no los dejaran pasar. Efectivamente al cabo de unas horas llamaron a la puerta y supusimos que sería la enfermera.

Se abrió la puerta y vimos primero el carrito con las cosas para las curas, cual fue mi sorpresa cuando vi la cara de la enfermera. –Madre mía, eres tú. No sabía que trabajaras aquí. –dije emocionada.

-¿Y a ti que te ha pasado? –preguntó ella.

-Un accidente con el coche. Pero bueno ya estamos mejor. Mira, te presento a mi marido Cristian. –dije señalándole.

-Encantado. –contestó cordialmente.

-Igualmente. Soy Delia, una amiga de Melinda, nos conocimos en la facultad. –respondió sonriente.

-¿Entonces ya te mudaste aquí? ¿Y desde cuando trabajas en el hospital y por qué? –pregunté con mucha curiosidad.

-Pues me mudé no hace mucho, y bueno había echo un curso de enfermería porque no encontraba trabajo en colegios. Me mudé hará un mes, pero no tuve tiempo para avisarte con el lío de la mudanza y eso. –explicó ella.

-Ah… -dije sorprendida. –Bueno es estupendo que por fin estés aquí. Y bueno ¿tú estás casada o algo? –pregunté intrigada.

-Pues… la verdad es que sí, desde hace 2 años, y tengo una niña de 1 año que se llama África. Y la verdad es que me va muy bien, no me puedo quejar. Pero, cuéntame exactamente qué os ha pasado. –dijo ella sentándose empezando a curarme los cortes.

Le conté toda la historia con Walter y Elena y ella se estaba quedando con la boca abierta. –Madre mía… todo lo que habéis pasado. Bueno y tengo que darte la enhorabuena por tener dos hijos y tener otro en tu interior. Ya sabía yo que tú tendrías más de un hijo. –dijo sonriendo.

Mientras me curó el corte del cuello no pude hablar ni casi moverme, pues se podía saltar algún punto y eso sería peligroso. Era una buena enfermera y parecía que le gustaba su trabajo.

Me repitieron el TAC y el hematoma casi estaba reducido por completo. Así que convencimos a Carlisle de que me llevaran a casa, y que cuando dijera iríamos al hospital a que me repitieran el TAC. Es que necesitaba la tranquilidad de nuestra casa, y también a mis hijos.

Aunque no seria agradable para ellos verme con los cortes pero los extrañaba muchísimo, pues desde antes de la Luna de miel no los habíamos visto. Necesitaba a mis hijos, tenerlos cerca.

Nada más entrar en casa estaba Adriana, con su barriguita, que cada día se la notaba más, pues se le había abierto tanto el apetito que estaba engordando demasiado, pero le resultaba casi imposible controlarse.

-Hermanita, bienvenida a tu casa. –dijo dándome un abrazo.

-No sabes las ganas que tenía de volver a casa. ¿Dónde están mis tesoros?- pregunté sonriendo.

-En la habitación jugando. –contestó mi hermana.

Fuimos despacio, pues me había dicho Carlisle que me tomara las cosas con calma y no hiciera esfuerzos. Llegué a la puerta y los vi jugando en el suelo, fue inevitable que unas lágrimas comenzaran a caer por mis mejillas.

-Mis peques… -suspiré.

-¡Mami, mami, mami! –dijo a gritos Evelyn viniendo a abrazarme, seguida por Eric que daba pequeños pasitos.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Me encanta ^^
Sigue así,te está quedando de maravilla

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