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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 13 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 50

50º- La vida que asoma

La verdad es que la vida por fin parecía tratarnos bien. Mi hermana había tenido una niña preciosa que cada día estaba más linda y yo estaba de casi 9 meses. Con una tripita enorme, casi no podía hacer nada, y lo poco que podía hacer por mi misma Cristian no me dejaba hacerlo.

Le tenía detrás a sol y sombra, pero en realidad me gustaba que estuviera tan pendiente de mí. Era encantador, un poco agobiante pero encantador ver cómo se desvivía por mí.

Una noche después de cenar estábamos viendo la tele, y para variar me entró antojo de chocolate. En todo el embarazo comía demasiado chocolate, pero era mi antojo. Lo malo es que tanto chocolate hizo mella, estaba engordando más kilos de la cuenta, lo recomendable era uno por mes, y yo ya para estar de nueve meses había engordado 12 kilos.

Todo ese peso me hacía estar muy torpe, pero me gustaba hacer algunas cosas por mi misma. Intenté levantarme, cosa que fue casi inútil, pues Cristian me detuvo por el brazo.

-¿Dónde vas? –preguntó mirándome.

-A por chocolate… -dije un poco avergonzada, pues me veía muy gorda y sabía que había engordado más de la cuenta, pero el antojo de chocolate era muy fuerte.

-Espera, te lo traigo yo. –contestó amablemente.

Se levantó y fue a la cocina, teníamos muchísimas cosas de chocolate, bombones, tabletas, conguitos, lacasitos… Desde siempre había sido mi debilidad. Cristian me trajo una bolsa de lacasitos.

-Gracias, mi príncipe. –respondí con una sonrisa.

Seguimos viendo la tele mientras yo comía. Pero en la película salía una chica guapísima y delgada, y eso hizo que mirara mi tripita. Me vi como una foca, evidentemente sabía que tenía que tener la barriguita por el embarazo, pero también sabía que había engordado más kilos de los que debía.

Dejé la bolsa y fue inevitable que mis ojos se pusieran llorosos. Giré la cabeza para que Cristian no me viera, pero lógicamente me vio ya que estábamos sentados uno al lado del otro.

-¿Por qué lloras? –preguntó girando mi cara.

-Porque estoy gorda, enorme y espantosa. Y tú ya no me vas a querer. –contesté todavía llorando.

-No seas boba. Eres el amor de mi vida, el sol que me ilumina el día. Llevas dentro a nuestro bebé, y estás adorable. –respondió dándome un dulce beso.

-Si estoy enorme… estoy como una foca. –dije haciendo un puchero.

-Amor, llevas un bebé en tu interior, es normal que hayas engordado, pero estás preciosa. Y cuando nazca, pues volverás a tu peso normal. –contestó.

Empecé a besarle, la verdad es que era maravilloso que me quisiera tanto, y estaba muy feliz de todo el amor que me daba. Después de besarnos muy cariñosamente ya estaba más alegre y seguimos viendo la tele.

No tardé mucho en quedarme dormida, pues desde hacia un par de meses me encontraba cansada a todas horas. En una de las veces que entreabrí los ojos vi que ya no estaba en el sofá; seguramente Cristian me había llevado en brazos a la cama, pero él no estaba, estaría viendo aún la tele.

Al cabo de un rato, empecé a sentir molestias en la parte baja de la barriguita y a tener contracciones. Intentaba respirar con calma, para ver si se me pasaban, tal vez era una falsa alarma. O al menos eso quería pensar yo, pero sabía que ya había salido de cuentas.

Noté un líquido que mojó las sábanas, y me puse nerviosa. –Cristian, necesito que vengas. –dije alzando la voz.

Él vino en seguida. -¿Qué quieres, preciosa? –preguntó con una sonrisa.

-Pues… que el bebé ya quiere conocer a su padre… -respondí aguantando las contracciones.

-¿No será una falsa alarma? –preguntó empezando a ponerse nervioso.

-No, porque he roto aguas. –contesté destapándome para que viera las sábanas manchadas.

-Bueno… calma, calma, calma… -decía dando paseos por la habitación. –Tú… yo… calma… -hablaba sin coherencia.

-Cristian, céntrate, tienes que llevarme al hospital. –le dije para que volviera a la normalidad.

-Tienes razón, espera. ¿Qué hago con los niños? – preguntó.

-Pues cógelos y los llevamos también en el coche. Y date prisa a no ser que quieras que tenga aquí mismo al bebé. –respondí.

Él preparó a los niños, menos mal que el coche estaba en el garaje. Se había colocado a Eric en la mochilita para bebés, y lo llevaba en la espalda y así poder llevarme a mí en brazos. Pues Evelyn ya era muy mayor.

Pero cuando estaba llevándome al coche sentí unas contracciones muy fuertes. – ¡Ayyyyyyy! ¡Me duele! –grité de dolor.

-Preciosa, aguanta que tenemos que ir al coche. –contestó Cristian muy alterado.

-No llegamos al coche, el bebé viene YA. –dije casi a voces. –Llama a tu padre y que venga. –

-Vale, espera que te dejo en la cama. –respondió mientras me volvía a dejar en la cama.

Dejó a los niños en la habitación mientras llamaba a Carlisle. Dijo que no tardaría mucho en venir. Menos mal que de verdad tardó poco, pues yo ya notaba como el bebé quería salir.

-A ver Melinda, respira tranquila, vas a tener que dar a luz aquí, pero no te apures. Traje todo lo necesario. Cuando te lo diga, empuja con todas tus fuerzas. –explicó Carlisle.

Yo me puse a empujar, ya había tenido a mis otros dos hijos, pero los había tenido en un hospital. Y me daba miedo que algo pudiera salir mal, era lo que más me preocupaba en ese momento.

-Ya está fuera. –dijo Carlisle.

Yo respiré algo más tranquila. Pero no oía llorar al bebé, y no tenía fuerzas para moverme y averiguar lo que pasaba. -¿Por qué no llora? ¿Qué le pasa? ¿Está bien? – pregunté empezando a ponerme histérica.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

No dejes que le pase nada al bebé que te doy ¬¬

Está muy bien, me a gustado mucho el capítulo

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