Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 13 de enero de 2010

Destino caprichoso capitulo 51

51º - La vida se abre camino

Pero Carlisle no contestaba, le veía que tenía al bebé en los brazos, Cristian no hacia nada, estaba estático. –CARLISLE, ¿POR QUÉ NO LLORA? –pregunté a gritos.

-No tiene pulso, tengo que reanimarla. Cristian ayúdame. –pidió él.

Pero Cristian seguía quieto como una estatua, sin moverse, sin articular palabra, tan solo miraba al bebé. –CRISTIAN, ¡si no quieres perder a tu hija, más vale que despiertes y me ayudes! –dijo muy seriamente y casi a gritos.

Parece que eso fue lo que le hizo reaccionar, porque salió de su ensimismamiento y se acercó a su padre y al bebé. –Vale, ¿qué hago? –pregunto nervioso.

-Hay que coger una tabla o algo rígido, voy a hacerle la resucitación cardiopulmonar, y habrá que insuflar aire a sus pulmones. Debe hacerse con mucho cuidado si no queremos romperle algo, y el aire debe ser en pequeñas cantidades dado el tamaño de sus pulmones. Tú vas a insuflar el aire, cuando yo te diga. –explicó Carlisle.

-Vale, está bien. –respondió muy decidido.

Yo intentaba moverme, pero me era imposible. Solo podía ver con angustia como ambos intentaban reanimar al bebé, a mi hija, por lo que había dicho Carlisle. No podía perder a mi pequeña, a mi pequeña golosa que tanto chocolate me hizo comer.

Ellos se esforzaban por reanimarla y yo veía como no conseguían nada, mi pequeña no iba a sobrevivir, mi pequeña y dulce hijita estaba quedándose sin vida y yo no podía hacer nada por remediarlo…

-¡TIENE PULSO! Cristian llama a una ambulancia me la tengo que llevar al hospital para revisarla. Tenemos que coser a Melinda y revisarla para ver que todo está bien. – dijo Carlisle.

Él se levantó y le hizo caso, yo al menos respiré al ver que mi pequeña seguía con nosotros pero no estaba fuera de peligro, podía verlo por la cara que tenía Carlisle mirándola. -¿Puedo verla? –pregunté con lágrimas en los ojos.

Él sonrió brevemente y se acercó a mí con la pequeña en brazos, envuelta en una manta. La miré y parecía una muñequita, con la cara como si fuera de porcelana, era mi cara, la misma cara que la mía. Pero suspiré alegre al ver que los ojos eran los de Cristian de ese azul tan profundo.

-Es preciosa… ¿Se va a recuperar? –pregunté angustiada.

-Tengo que llevármela al hospital para revisarla, tal vez al estar sin pulso esos minutos pudo causarle daños cerebrales, no lo sabré hasta que no la revise. –comentó bastante serio.

Carlisle me revisó y estaba todo bien. Él mismo me cosió pues tenía lo necesario. De todas formas me revisarían en el hospital para asegurarse de que todo estaba bien.

La niña la llevó Carlisle todo el tiempo y se la llevaron para que le hicieran pruebas. Cristian se quedó conmigo una vez que me habían revisado, yo no hablaba, estaba en silencio, pero no paraban de caer lágrimas de mis ojos.

Me miró y él también tenía los ojos llorosos, pero le conocía lo suficiente para saber que se haría el fuerte solo para que yo no lo pasara mal; cosa que por otro lado necesitaba porque estaba demasiado preocupada por la vida de mi hijita.

Los niños se habían venido con nosotros en la ambulancia y estaban en la habitación con nosotros. Pues Esme venía de camino con Adriana, Samanta y Delia; al cabo de un rato estaban todos allí.

-Tranquila, que seguro que estará bien. -dijo mi hermana dándome un abrazo.

-¿Os podéis llevar a los niños? –pregunté.

-Mira me los llevo al parque con África y así se distraen. Adriana podías venir tú también con Raquel. Es mejor que no estemos todos aquí. Así no les agobiaremos. ¿Qué te parece? –le preguntó.

-Claro que si. Samanta, vente también y así estamos las tres en compañía. Y vosotros os podíais venir también. Es mejor que solo se queden Carlisle y Esme. –comentó mi hermana.

Decidieron marcharse todos, por una parte los necesitaba, pero estar todos ahí me agobiaba un poco, sobre todo sin tener noticias de mi pequeña. Cristian me abrazaba y me acariciaba los cabellos para darme ánimos.

-Preciosa, ya verás como dentro de un rato viene mi padre y nos trae a la pequeña con nosotros. –comentó entre susurros.

-¿Y cómo la vamos a llamar? –pregunté secándome las lágrimas.

Ya había llorado bastante, era el momento de tener esperanza y pensar en positivo, mi niña era fuerte y estaba convencida de que se iba a recuperar, al menos tenía la esperanza de que así fuera.

-Pues… no sé, estuve mirando muchas páginas web con nombres, aunque reconozco que había mirado más nombres de niño que de niña. Pero de los que miré para niña me gustó uno en particular, no sé si a ti te gustará. Me gustó mucho Luna. –contestó con una pequeña sonrisa.

-Luna… me gusta mucho, es precioso, mi amor. –respondí dándole un beso.

Entonces llegó Carlisle, ambos nos pusimos muy nerviosos, por las noticias que nos traería de nuestra pequeña. –Bueno papá, dinos ya algo, que estamos demasiado preocupados. –dijo Cristian.

Empezó a sonreír. –Tranquilos, la pequeña está bien. Menos mal que reaccioné a tiempo y le hicimos la RCP, si no ahora no estaría con vida. Aunque quiero que se quede unos días en la incubadora, solo por precaución. –comentó él.

-Es estupendo… pero me muero por tenerla conmigo, ¿podemos verla? Por favor… -supliqué.

-Está bien… si me lo pides así… no puedo negarme. –respondió.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Casi me han dado ganas de matarte, que lo sepas.
¿Como se te ocurre hacerle eso a la niña? ¬¬

Pero gracias a este capítulo me has dado una idea para otra historia jejejeje

Me ha gustado aunque no lo parezca

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