Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

COMPRAR

En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

COMPRAR

Bienvenid@s




Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 1 de febrero de 2010

Amor eterno capitulo 36

36º- Un rayo de esperanza

Efectivamente tal como había dicho Malek, no tardaron en regresa. Omhaira iba delante y Lizbeth venía detrás con la cabeza agachada. Yo al verla así no pude evitar sentir pena, en realidad entendía que quisiera estar con Cristian, no era tampoco un pecado que le viera muy deseable.

Cristian nada más verla se encaró con ella, yo me puse a su lado y le agarré del brazo. –Por favor, no quiero más peleas…-pedí.

-No me pidas eso, por su culpa te hice daño. No sabes lo terriblemente culpable que me siento y que me sentiré el resto de mi eternidad. –dijo abatido.

-Por favor… hazlo por mí, no me gusta verte enfadado ni furioso. Te lo pido de rodillas si hace falta. –contesté.

-¡Qué tonterías dices! –suspiró y me miró. –Me estaré quieto y seré bueno. –respondió dándome un tierno beso. –Pero no creas que voy a olvidar lo que ha pasado.

Lisbeth se acercó a nosotros, me miró fijamente, yo la verdad es que no sabía lo que pensar. Fue ella la que rompió el silencio. –Yo… siento mi comportamiento. Estaba cegada y… de verdad que, siento lo que dije. –se disculpó.

-Tranquila. Por nuestra parte todo olvidado. ¿Verdad Cristian? –le pregunté mirándole.

Él no contestaba aún estaba tenso, le miraba firmemente, estaba cansada y no quería que la situación se alargara más de la cuenta. Le miré a sus profundos ojos y le apreté la mano.

-Está bien… -suspiró.

-Os vuelvo a pedir disculpas, de verdad. –se disculpó nuevamente.

-Dejemos el tema. Bastante tengo con saber lo que la he hecho. –contestó Cristian.

-Pero nosotros físicamente no nos dañamos por un golpe con un árbol. –dijo tímidamente Lizbeth.

-Ya Lizbeth, pero el veneno está haciendo mella en su salud. Y bueno, tiene un moratón del golpe. –explicó Carlisle.

-Vaya… yo… os vuelvo a pedir disculpas. –repitió Lizbeth.

-Vale ya, cambiemos de tema. Hay que organizar la búsqueda, para tardar lo menos posible. –dijo Eluney.

-Tienes razón. Tenemos que movernos. –apuntó Malek.

-A ver. Haremos grupos, Ayelén y Kirian un grupo; Malek con Nahele; Omhaira y Lizbeth otro grupo; Esme y Carlisle otro; Dylan con Azariel serán otro; Dimitri y Catriel formarán otro grupo, y Aileen, Ashtar y yo en otro. Y es mejor que Cristian y Kira se queden con Melinda. –comentó Eluney.

-Me parece bien. –comentó Cristian.

-Pongámonos en marcha cuanto antes, dentro de 4 horas volvemos para ver si hay novedades. –añadió Carlisle.

Nosotros nos quedamos junto a un fuego. No era por nada en especial, me hacía ilusión, me recordaba a las típicas acampadas de los niños. Y Cristian como siempre tan complaciente, lo hizo de muy buena gana.

Durante todo el rato pensaba para mí, quería que todo se resolviera de una vez, sobre todo para poder estar con mis hijos. “Por favor, que encuentren la flor dorada, que la encuentren”. Pero pasadas un par de horas comencé a tiritar, de forma muy evidente.

-Preciosa, ¿estás tiritando? –preguntó.

-Un poco… pero se me pasa dentro de poco. –comenté.

-Espera, con las provisiones de sangre había ropa de repuesto. Te traigo algo y así estarás mejor. –dijo él.

Cogió una chaqueta y me la puse, la verdad es que estaba muy a gusto. Pero pasados unos minutos empecé a tener sudores, me removía por los calores, pero no quería decir nada.

Miré al frente, y en la inmensidad del bosque vi una figura que nos observaba. Era un oso inmenso, enorme, de color negro que estaba gruñendo, veía sus enormes dientes, y estaba aterrorizada.

Me incorporé, mirando a Cristian con la cara descompuesta. –Cristian, que viene, viene el oso, tenemos que apartarnos, o nos va a comer. –dije llorando de los nervios.

-Preciosa, ¿Qué oso? –preguntó extrañado.

-Ese, el que está detrás de ese matorral. –dije señalando el lugar.

-Yo no veo ningún oso. ¿Estás segura de que has visto algo? –me preguntó.

-¿No lo ves? Se está acercando… tenemos que irnos, que ya viene. –dije cada vez más asustada.

Veía cómo el gran oso se acercaba lentamente a nosotros, mostrando su enorme tamaño, sus grandes fauces estaban abiertas y su gruñido retumbaba en mis oídos. –Ya viene, ya viene, ya viene… -repetía sin cesar.

-Kira, ¿tú ves algo? –le preguntó.

-No hay nada. Debe ser una alucinación. –comentó.

-Ya viene. ¡NO! ¡Me muerde! Ayúdame. –grité desesperada cerrando los ojos.

Me dolía mucho el pecho, era un grandísimo dolor que aumentaba poco a poco y por momentos. Las manos de Cristian me sujetaban con firmeza podía sentir su tacto de seda.

-Tranquila, por favor… mi amor… Aquí no hay nada. Abre los ojos y mírame. –pidió mi amado.

Abrí los ojos y estaba empapada en sudor, Cristian sostenía mi cara entre sus manos y su cara estaba descompuesta. A su lado estaba Kira, podía ver que a nuestro alrededor había como una manta casi transparente que nos rodeaba.

-¡Qué bonito… parece una cortina! –dije señalando el escudo.

-Parece que ya está mejor. –contestó Kira.

-Solo falta una hora para que vengan los demás, les contaremos lo ocurrido. Lo de la alucinación… no sé, está empeorando. Necesitamos YA la Calindium.-dijo seriamente Cristian.

Pasó la hora que faltaba y todos volvieron. Antes de que ninguno pudiera decir nada les contó lo ocurrido, mi alucinación. Carlisle vino a verme, examinarme, pero ya se habían pasado los sudores y los tiritones.

-Tranquilo, hijo. Ayelén tiene la Calindium. Por fin la encontramos.-dijo triunfante Carlisle.

¿De verdad? –Cristian se había quedado sin habla.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Que fuerte lo de la alucinacion!!!!
Está super bien,me encanta, el próximo pronto

Publicar un comentario

Mi blog es mi casa, donde podéis encontrar novelas, relatos, consejos, videos y varias de mis aficiones, pasiones y locuras. Con los comentarios me ayudáis a mejorar, pero siempre desde el repeto y sin palabras feas ni insultos. Opiniones y críticas si se aceptan siempre

Así que, deja tu rosa después de la señal,piiii:

 
comentarios.

© Mi sueño de Papel, plantilla y gráficos hechos por ML Diseños, 2011

© Actualización de la plantilla y nuevas características por Daniel Ruiz, 2013

De nuevo ARRIBA   


DIMATHIAN. Una novela de María Orgaz.