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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 1 de febrero de 2010

Amor eterno capitulo 37

37º- Oscuridad y luz

Al fin parecía que se iba a solucionar, volveríamos a casa, vería a mis hijos, a mi hermana y su barriguita que seguramente ya se estaría notando. Recogimos todas las cosas y nos dispusimos a volver, prepararíamos el antídoto en casa, yo quería salir de allí lo antes posible.

Me quise levantar para comenzar a caminar, pero mis piernas fallaron y caí al suelo. La cabeza me daba vueltas y sentía como si una espada me traspasara de un lado al otro del cráneo.

Me sujeté la cabeza con ambas manos, parecía que mi cabeza estallaría de tanto dolor. Me acurruqué para ver si se me pasaba el dolor, pues parecía que no solo me estallaría la cabeza, sino que todo mi cuerpo iba a estallar.

-Mel… ¿Qué te ocurre? Mi princesa… -dijo desesperado.

-Me va a estallar el cuerpo… me duele… duele mucho… -comencé a gritar.

-Papá, por favor, haz algo… -le pidió.

Yo apretaba mis manos contra el suelo, tiré haca arriba y entre mis dedos tenía varias plantas arrancadas de raíz. –ME DUELE… no lo soporto… me duele… -grité entre llantos.

-Sujetadla, tenemos que hacer ya el antídoto, está mucho peor de lo que pensaba. Si no le damos ya el antídoto, no creo que dure mucho más. –contestó Carlisle.

Noté que unas manos fuertes me agarraban por los hombros y otras por los pies, yo quería moverme porque así parecía que el dolor era más llevadero, pero esas fuertes esposas humanas me lo impedían.

Mi cabeza no pudo más, necesitaba evadirse de ese inmenso dolor y sufrimiento, y al igual que se sobrecalienta un enchufe, así se sobrecalentó mi mente. Hasta que todo fue oscuridad, paz, tranquilidad…

Estaba por fin a gusto, sin dolor, sin sufrimiento, no podía estar más en paz. Pero… ese lugar tranquilo y maravilloso no lo era tanto si no estaba con mi familia, con mi amado…

No quería estar más en ese lugar, quería ver la cara de mi amor. Su hermosura, su perfección, su mirada, y sobre todo aspirar su delicioso y atrayente aroma que tanto me gustaba.

Me concentré, y notaba ese aroma a mi alrededor, ese aroma… Um… era tan dulce…Abrí lentamente los ojos -Hueles bien, mi amor… -susurré.

-Mel… ¡Gracias al cielo! Mel, estás aquí… estás conmigo…-dijo Cristian con la voz temblorosa.

Yo aspiraba su aroma y esbocé una leve sonrisa. Él no paraba de abrazarme y besarme, me arrullaba entre sus brazos. Miré a mí alrededor, y estaban todos a nuestro lado con cara de alivio.

-Menos mal que volviste con nosotros… -susurró aliviada Esme.

Se acercó y me abrazó como pudo ya que Cristian me agarraba fuerte y no me soltaba. –Hijo, relájate un poco, que necesita descansar. –comentó Carlisle con voz amable.

-Mel… Mel… mi princesa… Te amo… -decía aún con la voz temblorosa.

-Ya estoy bien… -susurré.

-Mejor vámonos ya, necesita descansar y que el antídoto haga efecto por completo. Volvamos al aeropuerto, pero en lugar de coger un vuelo, Azariel tiene viejos amigos aquí y nos van a prestar una avioneta para volver. –comentó Malek.

Yo que ya estaba algo más despejada me quedé extrañada. -¿Quién sabe pilotar avionetas? –pregunté muy intrigada.

-Yo sé. –dijo Lizbeth muy firme. –Y la verdad es que no se me da mal.

-Espero que no quieras matarnos en un accidente aéreo... –contestó Cristian cogiéndome en brazos.

-Cristian, por favor. ¿Quieres que me enfade contigo? –pregunté furiosa. –Pídela disculpas. –

-¿Yo? La que debe disculparse es ella. –contestó ofendido.

-Y ya nos pidió disculpas. Así que o dejas esa actitud o seré yo la que se enfade contigo.-respondí furiosa.

Él me miró muy triste. –De acuerdo… -dijo muy bajito. –Lo lamento. –se disculpó.

-A ver si vamos a tener que atarte para que te portes bien, hijo. Que Dylan y Catriel son extremadamente fuertes. –comentó relajado su padre.

Cristian no volvió a hablar, fuimos al aeropuerto, él me llevó en brazos hasta allí, sabía que no estaría cansado, pero no me gustaba depender tanto de nadie. No me quedó más remedio que aguantarme, pues no quería seguir discutiendo ni tener que ver malas caras.

Nos montamos en la avioneta, estaba bastante descuidada, por no decir más bien que la avioneta era muy cochambrosa. Llena de mugre y con celofán por muchas partes, en los asientos, en las ventanillas… cosa que no me inspiró mucha confianza. Cristian se sentó a mi lado y me arrullaba suavemente.

Comenzó a tararear bajito una canción, yo la reconocí al instante, Claro de Luna de Debussy. No me gustaba demasiado la música clásica, tan solo algunas piezas, pero esa era una de ellas.

-Claro de Luna, me encanta… -susurré sonriéndole.

-Me alegro que te guste, preciosa. –dijo besándome en los cabellos.

Pasadas unas 14 horas llegamos por fin a España. La familia de Eluney iría a Francia, y la de Malek, dijo que no la importaría pasar allí una temporada. Todos se despidieron de ellos.

Se acercaron a mí que estaba todavía en brazos de Cristian, pues no tenía fuerzas aún para permanecer de pie. Las dos familias la verdad es que eran encantadoras. Se acercó Lizbeth con la cabeza agachada.

-De verdad que lo siento. Me alegra que te hayas recuperado. –comentó con una pequeña sonrisa.

-Por mí todo olvidado. –dije sonriendo.

Cristian, estuvo cortés despidiéndose de ella, al menos no fue grosero. Pero él era también muy cabezota, y no iba a dejar el tema de que me hizo daño, aparcado tan fácilmente.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Me encantaaaaaaaa
espero el siguiente con muchas ganas

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