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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 1 de febrero de 2010

Amor eterno capitulo 38

38º- Algo de calma por fin

En cuanto a los “solitarios”, Dylan, Azariel, Dimitri y Catriel; eran muy extraños, casi no habían hablado en todo el viaje, estaba muy distantes de los demás, pero se despidieron de nosotros muy educadamente.

Los vimos marcharse y yo estaba muy intrigada con ellos, eran tan… extraños… -Oye Cristian. ¿Cómo es que son tan raros, Dylan, Azariel, Dimitri y Catriel? –pregunté llena de curiosidad.

-¿Raros? ¿En qué sentido? –preguntó él riéndose.

-No sé, son raros… no sé con qué otro calificativo definirlos. Son raros. Y me intriga saber porqué son así. Casi no hablaron en todo el tiempo que estuvimos en el Amazonas, no sé… -comenté.

-A ver Mel… a lo mejor al estar mala no te fijaste, pero ellos no siguen la misma alimentación que nosotros, pero se contenían todo lo que podían, y solo cazaban presas pequeñas. –me contó.

-Así que ellos… pues no me había fijado en los ojos… aunque no me he dado cuenta de demasiadas cosas por lo del veneno y eso. –respondí.

-Volvamos a casa, que tienes que descansar y seguro que nuestros peques te echaron mucho de menos. Además a tu hermana ya le debe de estar creciendo la barriguita, y es mejor que hagamos compañía a Pedro, que tiene que estar de los nervios. –comentó él.

Desde el aeropuerto nos cogimos un taxi, yo quería llegar cuanto antes, necesitaba abrazar a mis niños, aunque claro, aún me rondaba por la mente lo que había comentado Cristian cuando discutió con Lizbeth. Lo de que sería su “futura esposa”.

Cada vez me sonaba mejor, y era cierto que tenía muchas ganas, pero claro, a lo mejor lo había dicho fruto del enfado y la furia. Más tarde quería hablar con él para preguntarle sobre el tema.

Llegamos a mi casa, pues aún seguía siendo mi casa junto a mi hermana, nos abrió Pedro como era de esperar, yo estaba en brazos de Cristian, pues se había empeñado y no había sido capaz de convencerle de que me dejara caminar.

-Hermanito, veo que Melinda está recuperada. –comentó al mirarme.

-Sí, pero tu hermano, no me deja caminar, ya sabes que es más cabezota que un toro bravo. –dije sacándole la lengua a Cristian.

-Bueno ¿y los niños, y Adriana? –preguntó cambiando de tema.

-Los niños están jugando, no sé que es lo que hacen que no han salido si os han oído de sobra. Y Adriana está descansando un rato. –dijo Pedro.

-¡Peques! –dije casi sin levantar la voz.

Cristian me sentó en el sofá y escuchamos unos rápidos pasitos que venían hacia el comedor, eran nuestros hijos. Saltaron ágilmente el sofá y me abrazaron con fuerza, yo sonreí desmesuradamente.

-Tranquilos, que hay que tener cuidado con mamá, ha estado muy malita. –contestó Cristian acercándose a ellos.

-¡Papi! –dijeron a la vez.

Saltaron desde el sofá y se le subieron encima para abrazarle, él empezó a reírse a carcajadas, la verdad es que eran adorables. Me estaba fijando en ese momento en lo mucho que había crecido Eric en esos días que habíamos estado fuera.

-Quiero ver a mi hermanita, que la he echado mucho de menos… -dije haciendo un puchero.

Me quise levantar, pero claro, Cristian fue más rápido y me cogió en brazos. –Eres un tramposo… -dije sacándole la lengua.

-Ja, ja pareces una niña pequeña, no te enfades que lo hago por tu bien. –contestó riéndose.

Me llevó en brazos hasta la habitación, abrió la puerta y allí estaba mi hermana, dormidita, estaba tan guapa… y ya tenía una prominente barriguita, la verdad, es que nunca me la hubiera imaginado embarazada, pero le estaba sentando muy bien.

Cristian me colocó en la cama con delicadeza. –os dejaré a solas, que seguro que queréis tener charla de chicas. –habló en susurros casi inaudibles.

Me dio un beso muy tierno, de esos que me dejaban sin respiración, y me daban unas ganas locas de seguir, pero no era el momento ni el lugar, ya tendríamos tiempo, toda la eternidad…

Acaricié muy suavemente la barriguita de mi hermana, no quería sobresaltarla, así que lo hice muy delicadamente. –Adriana… ya estamos aquí…- susurré muy bajito.

-Mm… ¿Pedro? –preguntó aún medio dormida.

-No, hermanita, soy yo. –dije aún entre susurros.

-¿Mel? ¿Ya estás bien? –preguntó incorporándose.

-Sí, tranquila. Encontramos la Calindium y ya estoy curada. –comenté.

-Ay hermanita, ¡qué alivio! –dijo abrazándome. –Pensé que te perdía…

-Tranquila, que aquí hay Mel para rato. –contesté sonriendo.

Estuvimos el resto del día allí, pero cuando Adriana empezó a sentirse con sueño nos fuimos a casa, para no molestarla y que durmiera a gusto. Además nosotros no dormiríamos y lo único que haríamos sería armar jaleo en la casa.

Por otra parte, Cristian estaba pesadísimo con que descansara… era en lo último que pensaba en ese momento. Quería disfrutar de la vida, poder correr, saborear un buen trozo de chocolate, estar con mis hijos, escuchar música, cualquier cosa me apetecía en ese instante para sentirme viva.

Aunque claro, puesta a pensar… se me ocurría algo más interesante que hacer con mi queridísimo Cristian. Habíamos estado juntos en el Amazonas, y había sido una experiencia preciosa, sin contar la parte en que nos pillaran, claro…

Estaba en el sofá, me había llevado Cristian en brazos. Pero le acerqué a mí. –Mi amor… ¿puedo pedirte algo? –pregunté poniéndole ojitos.

-Uy… miedo me das… cuando me miras así…-dijo al ver mi cara.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Jejejejjejeje
mee ha gustado mucho el capítulo, de verdad

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