Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 2 de febrero de 2010

Amor eterno capitulo 40

40º- El ataque

-¿Qué crees que haces? No me toques… -dije furiosa.

-Veo que no puedes defenderte, aún no tienes fuerza, pero mira, me viene bien que no murieras y que ahora estés debilitada… -comentó mientras me acariciaba la cara.

Yo intentaba zafarme pero no era fácil, me sentía tan indefensa como cuando era humana, no podía con él, no tenía fuerza. Él aprovechó su ventaja, me aprisionó las dos muñecas con una de sus manos, solo tenía que hacer un poco de fuerza para poder sujetármelas.

Tenía la otra mano libre para hacer lo que quisiera, cosa que empezó a hacer. Metió la mano por debajo de mi ropa, y comenzó a tocarme, como podía me movía para intentar liberarme pero no era capaz.

-Um… además de oler deliciosa eres muy suave… -me susurró al oído.

-¡DÉJAME! ¡NO ME TOQUES! –grité todo lo fuerte que pude.

Recé porque mi grito hubiera sido lo bastante audible como para que alguien en la casa me hubiera escuchado. Él seguía tocándome y podía notar como empezó a rasgar mi camiseta, tirando lentamente de ella, por su cara se notaba que estaba disfrutando de hacerlo así.

Me movía, intentaba empujarle, hacía lo que era posible por soltarme pero no lo conseguía… recordé mi don, me puse a pensar con todas mis fuerzas rezando porque en esta ocasión mi don actuara muy rápido “Necesito ayuda, que alguien de la familia venga… lo necesito YA” me decía a mi misma.

-OYE TÚ, QUÍTALE TUS ASQUEROSAS MANOS DE ENCIMA. –gritó una voz familiar.

Javier se giró pues la voz provenía de su espalda. Como pude yo miré para averiguar de quien era esa voz, era Carlisle, que parecía estar muy enfadado. Nunca le había visto así, siempre con esa cara amable y de seguridad en sí mismo, parecía diferente…

-¿Y tú quien eres? No eres el de la otra vez… -comentó extrañado.

-Eso a ti te da igual, quítate de ahí y déjala en paz. –dijo muy seriamente Carlisle.

-Impídemelo si puedes… -le retó.

Carlisle corrió hacia él muy veloz, o al menos me habría parecido muy veloz si hubiera mirando con ojos de humana que no tenía los sentidos tan desarrollados como ahora. Estaba sujetando a Javier por el cuello, le costaba bastante.

-Melinda, corre a casa. –dijo con mucho esfuerzo.

-Pero… tú no vas a poder solo, y si te hace daño… -contesté muy asustada.

-No te preocupes por mí, corre a casa, que aún estás débil. –respondió él.

Estaba asustada, pero finalmente le hice caso, corrí lo deprisa que pude, me cansé mucho a pesar de ser una distancia corta, aún no estaba recuperada, mis poderes estaban muy mermados, pero llegué a casa.

-Esme, ¿Y Cristian? Carlisle está peleando con Javier. –dije muy alterada.

-¿CÓMO? –preguntó ella de los nervios.

Oí unos rápidos pasos que bajaban las escaleras, miré y era Cristian con la cara descompuesta. -¿Qué estás diciendo? ¿Y le has dejado allí solo? –preguntó ofuscado.

-Me dijo que volviera, que yo aún estaba débil… -comenté muy nerviosa. –Sé que mi inmortalidad te molesta, pero vine para avisaros y que le ayudéis…

-¿Por qué dices eso Melinda? ¿A qué viene eso? –preguntó Esme muy extrañada.

-Da igual, no importa, tenéis que ayudar a Carlisle. –respondí. –Está donde estábamos nosotros antes hablando, Cristian.

-Mamá, tú quédate aquí, yo podré con él. –le dijo Cristian a su madre.

-Ten cuidado, si en 15 minutos no has vuelto con tu padre, iré a buscaros. –respondió ella abrazándole durante un segundo.

Cristian salió como una exhalación, con una cara de angustia enorme. Yo… aún estaba asustada por el ataque, pero preocupada por Carlisle y extrañada de que hubiera estado allí. Era cierto que había usado mi don, pero no podía haber aparecido allí por arte de magia.

-¿Cómo me encontró Carlisle? –pregunté extrañada, intentando sacar de su preocupación a Esme.

-Cristian vino muy enfadado, nos dijo que habíais discutido y le dijo donde estabas. Carlisle se enfadó con Cristian por dejarte sola estando todavía débil. Iba a buscarte porque no quería que estuvieras sola. –explicó ella.

-Ah, entiendo. Es que bueno, utilicé mi don, pero claro Carlisle tenía que tener alguna razón para haber ido. ¿Y qué os dijo Cristian que había ocurrido? –pregunté.

-Vino con cara de enfado, y al no verte con él nos preocupamos. Dijo que habíais discutido. Y se encerró en la habitación, no quisimos agobiarle, pero no podíamos dejarte sola estando aún débil.-comentó abrazándome. –Y lo que dijiste antes ¿A qué venía? –preguntó intrigada.

-Nada, que el “señorito” se siente culpable por haberme echo inmortal y por lo del golpe en el Amazonas. –contesté bastante irritada.
-Ya sabes que Cristian es un cabezota y no se le olvidan las cosas tan fácilmente. Pero se le pasará. –dijo Esme con una pequeña sonrisa.

-Si tú lo dices… no sé. Quizás se ha arrepentido de haberme convertido en una de los vuestros. –comenté triste.

-Eso no lo pienses, os quiere con locura a los tres. Y desde que te conoció a ti… está distinto, antes prácticamente no sonreía y lo único que hacía era leer y leer sin parar. Cuando te conoció cambió, no sé nunca le había visto tan feliz. –dijo con la mirada iluminada.

Yo me abracé a ella, la verdad es que era estupenda, la madre perfecta, y yo que tanto echaba de menos a mis padres la necesitaba y bastante. Para mi ella y Carlisle eran como mis padres, me cuidaban tanto… y me sentía muy afortunada.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Me encantaaaaaa
Personalmente pienso que cristian se comporta como un capullo
Continua prontoooooooo

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