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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 3 de febrero de 2010

Amor eterno capitulo 41

41º- Cabezota

Estábamos las dos muy preocupadas por ambos, no sabíamos lo que estaría ocurriendo. Esme había advertido a Cristian que si en 15 minutos no volvían, ella iría al bosque a ver lo que ocurría.

Pero tan solo habían pasado 10 minutos, la angustia se respiraba en el ambiente, menos mal que los niños estaban jugando en la habitación. Seguramente habían echado todo pero lo mismo no lo habían entendido y seguían jugando.

Pasaron los 5 minutos y no habían vuelto. –Voy a buscarlos, tú quédate aquí con los niños. Espero que estén bien. –dijo ella.

-Pero yo también quiero ir. –pedí.

-Mira es mejor que te quedes aquí, estás aún convaleciente y si surgiera algo los niños podrían defenderte. –explicó.

-Está bien, pero llévate el móvil y ahora me llamas con lo que sea. –dije acercándole el móvil.

Lo cogió y salió pitando de la casa, pero yo no estaba tranquila, no sabía lo que hacer. Llamé a los niños que bajaron muy rápido como era de esperar. –Mami, ¿y los yayos y papi? –preguntó Evelyn.

-Pues… ahora después vienen. –dije algo nerviosa.

-Yo quero jubar, mami. –pidió Eric.

-Bueno… a ver ¿A qué queréis jugar? –les pregunté.

No les dio tiempo ni a pensar en nada, oímos que venía alguien, pero reconocía el olor, eran ellos. Me alarmé mucho, por cómo me los iba a encontrar. Fui a la puerta y la abrí, los vi que venían Esme y Carlisle de la mano, Cristian iba a su lado frotándose el brazo.
Me acerqué a ellos muy preocupada. -¿Estáis bien? ¿Os ha pasado algo? –pregunté angustiada.

-Tranquila, nosotros estamos bien. ¿Verdad, cabezota?– contestó Carlisle mirando de reojo a Cristian. -

Me quedé extrañada, le miré y seguía frotándose el brazo. Me acerqué a él y pude distinguir una mordedura, le dolía el mordisco, en parte me dije a mi misma que se lo tenía merecido por su actitud.

Pero claro, no me gustaba pensar eso, Cristian era tan perfecto que no se merecía que le ocurriera algo así. Aunque eso no significaba que no estuviera molesta con él por la actitud que había tenido conmigo.

-Bueno, contadme qué ha pasado. –pedí.

-Pues bueno, empecé a pelearme con él, pero claro tenía miedo de que me quemara como hizo contigo. Así que me las ingenié para arrancarle las manos, me costó bastante pero lo conseguí. –explicó como si nada. –No obstante seguía siendo una amenaza y se movía muy ágilmente.

-Entonces llegué y bueno, le pillé de sorpresa. –interrumpió con una sonrisa de suficiencia. –No se esperaba que le fueran a atacar por la espalda y me hice con él. Pero claro, me tuviste que hablar de mi comportamiento, y me distraje. Me mordió y escapó. La verdad es que me duele bastante. –se quejó.

-Te lo tienes merecido, por cabezota y orgulloso. Además no te está de más saber trabajar en equipo. Ni que tuvieras 5 años, hijo. –le recriminó su padre.

-Pero ¡qué gracioso!… si lo sé no te ayudo. –dijo enfadado.

No me gustaba nada la actitud que estaba teniendo Cristian, y menos con Carlisle, era su padre, él tenía un padre y le estaba tratando así. No pude controlarme y le pegué una bofetada.

-¡Ey! ¿A qué ha venido eso? –se quejó y me miró incrédulo.

-Eres un idiota y un cabezota, tú tienes un padre y mira cómo le estás tratando…no puedes tratar así a tu padre. –dije enfadada, me di la vuelta y subí a la habitación.

Me tumbé en la cama, cómo sentía no poder llorar, lo echaba tanto de menos… llorar aliviaba el dolor cuando estaba así como en ese instante. No solo había estado estúpido y con una actitud despreciable conmigo, sino también con Carlisle.

Era una persona asombrosa, para mí era como un padre, yo deseaba tener a mis padres conmigo, y dado que no era posible, al menos me consolaba pensando que Carlisle y Esme me cuidaban como si lo fueran. Y ver cómo había hablado Cristian a su padre me había hecho enfurecer.

Llamaron a la puerta, presté atención y pude oler a Carlisle, mi cara de enfado, ya no era tan pronunciada, no quería tener mala cara delante de él con lo que había hecho por mí, se lo debía.

-Pasa, Carlisle. –dije lo más alegre que pude.

Me senté en el borde de la cama, mientras él entró en la habitación, se sentó a mi lado. –Gracias por defenderme abajo, pero no era necesario. –comentó.

-Si que era necesario. A Cristian no le gusta haberme transformado en una de los vuestros, y bueno no puedo hacer nada contra eso. Pero con lo buenos que sois no me gusta nada que os trate así. –respondí aún enfadada.

-No creo que sea verdad eso que dices de Cristian, eres lo que más quiere en este mundo. Y bueno, muchas gracias por tener tan buen concepto de nosotros. –dijo abrazándome.

-Cristian si que dijo eso, siempre está con lo de que me ha condenado a una vida maldita, y todo eso. –contesté.

-Melinda, él se considera un monstruo, y tú para él eres lo más valioso. Él te ve como su tesoro ¿Cómo te sentirías tú en su lugar? ¿Le condenarías a una vida desgraciada? –me preguntó.

-Pero una vida eterna a su lado, no es una vida desgraciada, es la mejor vida que puedo tener. –respondí.

Carlisle me abrazó. –tranquila, no estés mal, Cristian es cabezota pero no tonto, haría lo que fuera por ti. –contestó.

-Es cierto, haría cualquier cosa por ti. –dijo la voz de Cristian.

Me sobresalté, estaba tan indefensa, triste y deprimida que no había reparado en que él estaba cerca y por consiguiente lo había escuchado todo. Aunque me alegraba, así sabía cómo me sentía.

-Bueno, os dejo solos. –dijo dándome un beso en la mejilla.

-Gracias, Carlisle, eres fantástico. –respondí con una sonrisa.

Él me devolvió la sonrisa y salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí. Me quedé callada, no miraba a Cristian, no sabía lo que decir, aunque estaba claro que él tenía que disculparse por su actitud cabezota y de niño idiota y repelente.

-Melinda… yo… he escuchado lo que has hablado con mi padre. –empezó a decir.

-Lo sé. –respondí sin mirarle.

-No pretendía decir eso. Una vida a tu lado claro que es maravillosa, pero te he quitado tu vida… -comentó triste.
-No me has quitado nada, mi vida te pertenecía cuando era humana y te pertenece ahora y para toda la eternidad. –dije.

-Tú eres maravillosa, como ha dicho mi padre, eres mi tesoro, y te he hecho algo espantoso. Pero sin ti no puedo vivir… -contestó con la voz quebrada.

-Ni yo tampoco sin ti… -respondí cogiéndole la mano.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Aunque sigue teniendo esa mente cerrada a lo que es la felicidad y a lo que significa ser un monstruo, me gusta mucho como ha recapacitado en la forma de decirle las cosas a Melinda.
Continua asi ^^

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