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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 3 de febrero de 2010

Amor eterno capitulo 42

42º- Alegría y temor

Miré su brazo y se veía el mordisco, me dolía el alma ver que habían dañado a mi maravilloso chico. Le acaricié suavemente el brazo donde tenía el mordisco. -¿Te duele mucho? –le pregunté.

-Solo un poco. Me ha dolido más el bofetón… -dijo sonriendo levemente.

-Yo siento el bofetón, pero tú que tienes un padre, debes cuidarlo y tratarlo muy bien. Ojala pudiera tener yo al mío conmigo. –suspiré.

-Preciosa… -susurró mientras me abrazaba.

-Necesito distraerme, necesito desconectar un poco. Y quiero olvidarme de lo que hizo Javier… -dije.

Nada más decir eso, me arrepentí, me tapé la boca con la mano. Había metido la pata pero hasta el fondo. Conociendo a Cristian se pondría muy furioso, iba a enloquecer. Pero le miraba y no se movía, apretaba los puños y había cerrado los ojos.

-¿Qué fue lo que hizo ese? –preguntó saliendo de su trance.

-Nada, no hizo nada, estaba hablando sin pensar. –titubeé.

-¿Cómo que nada? Si no, no habrías dicho eso. Melinda, dímelo ya. –pidió.

-Bueno, en realidad nada, solo que me tocó por debajo de la ropa… -comenté algo retraída.

-Yo te dejé sola, y ese depravado… -no terminó la frase.

Se levantó de la cama y se paró delante de la puerta, apretaba los puños hasta que levantó una mano y pegó un puñetazo a la puerta, un pedazo de la puerta salió disparado. Me sobresalté, no esperaba esa reacción por su parte, pero claro…

-Te he fallado… -dijo abatido. Se acercó a mí y se arrodilló. –Imploro tu perdón de rodillas, eres mi gran tesoro y quiero compensarte. Me harías el mayor de los honores si te convirtieras en mi esposa para toda la eternidad. –dijo mirándome a los ojos.

-Yo… te amo. Seré para siempre tu esposa, yo ya te pertenecía, y te perteneceré para siempre. –contesté muy emocionada.

Nos besamos muy apasionadamente, ahora estábamos comprometidos, no podía creérmelo, era algo fantástico, me subí encima de él y le abracé todo lo fuerte que pude, mientras él sonreía.

Entonces oí un quejido procedente de su boca, le miré y tenía los ojos apretados. Me bajó delicadamente y se apretó mucho el brazo donde tenía el mordisco. –Cristian ¿Qué te pasa? ¿Te duele? –pregunté preocupada.

-No es solo eso… Me quema, me quema por dentro… -contestó apretando los dientes.

Eso era algo demasiado familiar para mí, sabía de sobra lo que era eso, cuando tuve el veneno. Pero claro, no habíamos caído ninguno, seguramente por el mordisco le había metido también veneno.

Se arrodilló en el suelo sujetándose el brazo, yo me puse muy nerviosa. Salí de la habitación, abriendo la puerta que aún tenía el boquete. – ¡Carlisle! Cristian tiene el veneno. ¿QUÉ HACEMOS? –pregunté a gritos.

-¿CÓMO? –dijo muy nervioso.

-Se ve que con el mordisco también le metió en el cuerpo el mismo veneno que a mí. –contesté.

-Menos mal que me traje varias Calindium por si esto volvía a pasar… Sabía que al ser una flor tan difícil de localizar no vendría mal tener alguna. –explicó él.

Preparó el antídoto con la flor, y subimos a la habitación, Cristian aún estaba en el suelo, aguantando el dolo todo lo que podía, apretaba los puños y los dientes y tenía los ojos cerrados con fuerza. Se tomó el antídoto sin rechistar.

-Ahora tiene que descansar para reponerse. Quedaos aquí. Yo voy a llamar a Dylan, me dijo que estaría una temporada por la zona, tengo que hablar con él. –comentó.

Le habíamos tumbado en la cama para que descansara, de paso me tumbé a su lado, quería tenerle cerca, sentirle conmigo. No podía creer que le hubiera pasado lo mismo que a mí.

Pasó un largo rato y oí la puerta de la calle, Cristian estaba medio ido, no se enteraba mucho de lo que ocurría a su alrededor. –Melinda, ven, está aquí tu hermana. –comentó Esme.

-Ya bajo. –dije no muy alto para no molestar a Cristian.

Bajé y estaban mi hermana con una enorme tripita y Pedro que la llevaba en brazos. Al oír el ruido salieron los niños, corrieron a ver a su tía y se pusieron muy contentos. –Niños, con cuidado ¿eh? Ya sabéis que la tía es humana y además tiene al primito o primita dentro. –les expliqué.

-Hermanita, ya nos ha contado Esme lo ocurrido. Menos mal que estáis bien. ¿Cristian cómo está? –preguntó con interés.
-Está arriba descansado, está un poco ido, supongo que aún le arde la cabeza, a mí me pasó también. –respondí.

Estuvimos hablando, y pasado un rato entró Carlisle al comedor. –He hablado con Dylan y también con Azariel y Dimitri para que vengan. Tenemos que encargarnos de Javier para eliminarle de una vez por todas. Es un peligro para los vampiros y también en mayor medida para los humanos. –explicó muy serio. –Catriel va a venir también.

-¿Pero para qué llamar a los “solitarios”? Nosotros nos apañaremos solos. –contestó Pedro.

-Hijo, Javier es más peligroso de lo que parece. Además Melinda aún no está recuperada y Cristian tampoco. Por no nombrar a los niños y a Adriana, hay demasiados miembros de la familia vulnerables. Necesitamos vigilancia aquí en la casa mientras acabamos con él. –respondió Carlisle.

-Pero le arrancaste las manos ¿no? Ahora ya no será tan peligroso. –comentó Pedro.

-Hijo, no pude quemar las manos, así que imagino que ya estará recuperado. –respondió él.

Estábamos hablando sobre lo ocurrido, no podría ser tan difícil derrotarle, aunque fuera tan peligroso, siendo varios, y sobre todo con los “solitarios” debería ser algo más fácil. Cuando Esme se acordó de algo.

-Por cierto, Melinda. Ese golpe que oímos… ¿Qué se rompió? Por favor, dime que los cuadros están bien que me gustan demasiado. –dijo Esme preocupada.

-Bueno… se rompió la puerta, Cristian estaba molesto y bueno… le pegó un puñetazo. Tranquila, la arreglaremos. –contesté.

Mi hermana se había quedado con los ojos como platos, cuando conté lo ocurrido. Todos nos reímos ante su reacción, la verdad es que en esos momentos nos venía bien distraernos y relajarnos un poco. Pero oí una voz, era Cristian.

-Mel… Mel… -me llamaba desde la habitación.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

No se porque me da que cristian no se va a curar con la flor esa
Esta genial wapisima, el siguiente pronto

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