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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 5 de febrero de 2010

Amor eterno capitulo 46

46º - Miedo y terror

Pasaron unas cuantas horas, o al menos eso supuse, el tiempo pasaba lento, como si cada segundo fuera un golpe a mi cuerpo, un golpe por cada segundo que estaba encerrada, atrapada sin estar con mi familia…

Empezaba a sentir sed, la garganta estaba empezando a arder. Al principio lo controlaba, pero empezó a ser insoportable. –Necesito alimentarme… -pedí en tono amable.

-Bueno… Ashtar y Nafir han ido de caza, traerán algo para ti también. –dijo Javier tocando mi mejilla.

Me aguanté el asco que me daba que me tocara, pues la sed era lo más importante para mí en ese momento. –Pero yo no tomo de esa sangre, no sé si sabéis porqué todos los de mi familia tenemos los ojos azules. –comenté.

-Lo cierto es que no, tampoco es que me importe mucho. –respondió Khalil.

-No seas grosero, no la interrumpas. –dijo enfadado Javier.

-Nosotros tomamos la sangre que se dona, cuando la guardan en los bancos de sangre, Carlisle la consigue para alimentarnos. Pero con los componentes que la tratan se nos vuelven los ojos así y además es muy adictiva. –expliqué.

-Eso es una tontería. –dijo Khalil con desprecio.

-Impertinente… -Javier cada vez estaba más furioso. –Me parece que te tengo que recordar tu lugar… -

Javier se acercó poco a poco a Khalil, imaginaba que le quemaría para inyectarle el veneno, pero en lugar de eso, lo hizo con una planta que había encima de una mesilla. La pobre planta se marchitó.

-Lo lamento. –se disculpó agachando la cabeza.

-Eso está mejor. Y ahora sal de aquí. –le ordenó.

Se acercó a mí lentamente y se sentó a mi lado en la cama, me miraba fijamente, yo no sabía lo que pensar. –Tranquila, conseguiremos sangre para ti, no voy a permitir que mueras por no alimentarte.-susurró acariciando mi rostro.

Decidí que era mejor no cabrearle, que si le seguía la corriente, no me haría nada y podría hacer algo para poder escapar. Así que reprimí el asco que estaba sintiendo al tener su mano en mi rostro y tan solo le miré intentando estar tranquila.

-Haziel, márchate, quiero estar a solas con Melinda. –le dijo.

Yo abrí los ojos como platos, no quería estar a solas con él. Miré a Haziel, suplicándole con los ojos para ver si mi intuición era acertada y no era tan malo, tal vez pudiera ayudarme… Pensé en mi don “quédate y ayúdame”, deseando que se hiciera realidad.

-Creo que debo quedarme, no sea que intente escapar. Así la puedo inmovilizar. –dijo Haziel esquivando la mirada de Javier.

Yo le miré sorprendida de su respuesta, pero pensé que habia sido por mi don unido a la intuición que me decía que él no era como los otros vampiros que había allí reteniéndome. Recé mentalmente para que Javier aceptara la sugerencia de Haziel…

Javier estaba dudoso, y se me ocurrió una idea… Empecé a removerme, intentando tirar de las cadenas para soltarme. Entonces ocurrió lo que estaba esperando, Haziel me inmovilizó, en mi interior suspiré…

-¿Lo ves? Es mejor que me quede… -comentó Haziel.

-Bueno… supongo que puedes quedarte por aquí pero no estés al lado, no quiero una carabina. –comentó irritado.

Haziel se sentó en el suelo, disimulaba que miraba a la pared, pero veía como de vez en cuando me miraba, dudoso, con miedo, con arrepentimiento… Yo estaba asustándome por momentos, Javier me miraba fijamente y yo temía moverme por miedo a lo que hiciera.

Se acercó a mi oído y podía oler su aliento de lo cerca que estaba de mí, era un aroma muy pesado, no era un aroma agradable, me costaba no apartar la cara, pero seguramente si hacía eso, enfurecería…

-Eres hermosa… preciosa… perfecta… -susurraba muy bajito.

Me acariciaba los cabellos, bajaba por el cuello, los hombros… bajaba poco a poco, rozándome por todo mi cuerpo. Yo estaba cada vez más alterada, estaba nerviosa, no quería que me tocara, quería que se apartara de mí…

Le miraba con cara de asco. Se acercó para besarme y le mordí, deseando hacerle daño. – ¡Zorra! –gritó abofeteándome.

Haziel se levantó de golpe y me tocó para dejarme inmóvil. Me miraba y en su mirada casi podía ver dolor, pena, lástima… -No le hagas eso, si yo puedo inmovilizarla.

-Me da igual. Márchate, va a ser mía lo quiera o no, ¡y va a ser ahora! – dijo seriamente.

Haziel me miró, yo estaba desesperada, pero dejó de inmovilizarme, me miraba como pidiéndome perdón. Se marchó cerrando la puerta y todo se quedó en silencio, miré a Javier temblando por dentro…

-Um… que ganas tengo de hacerte mía… Ya era hora, porque me estaba volviendo loco... –susurró bajito.

Metió la mano por debajo de la camiseta y me acarició lentamente. Me quitó la camiseta de un tirón haciéndola jirones. Hizo lo mismo con mis pantalones dejándome en ropa interior.

-NO… déjame… no… -pedía.

-Así me pones mucho más… -dijo besándome con más intensidad.

-Déjame, no me toques… -volví a pedir.

Seguía besándome y acariciándome, me sentía muy impotente, por más que intentaba no podía liberarme, entre las cadenas y que él estaba encima, impidiendo que me moviera. Ya no faltaba mucho para que me hiciera suya y yo estaba aterrada…

Entonces se quedó parado de golpe, me miraba extrañado y cargado de furia, yo no entendía nada. Hasta que miré y vi a Haziel muy furioso tocando a Javier para inmovilizarle.

-No la toques, depravado… - dijo enfadado.

Le cogió y le tiró al suelo, al romperse el contacto físico, Javier dejó de estar inmóvil. -¡Maldito…! Te vas a arrepentir de lo que has hecho… -amenazó.
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