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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 6 de febrero de 2010

Amor eterno capitulo 47

47º- La esperanza asoma

Javier estaba fuera de sí, parecía que los ojos se le saldrían de las órbitas. Empezó a pelearse con Haziel, él se defendía muy bien, me recordaba a Cristian por la forma de defenderse.

Haziel arrancó la puerta y se la tiró encima, le distrajo lo suficiente como para que Haziel soltara las cadenas y me cogiera en brazos. –No tengas miedo, voy a sacarte de aquí. –dijo apretándome contra su pecho.

Yo tan solo asentí, solo quería salir de ahí, volver a casa, estar a salvo, estar junto a Cristian… Haziel corrió y antes de que me diera cuenta estábamos en el bosque, habíamos salido de una especie de nave industrial. Pero ya habíamos llegado al bosque que estaba cercano a la casa de Carlisle y Esme.

Se detuvo en el claro en el que me habían cogido, y me miró a los ojos. –Tu casa estaba por aquí ¿verdad? – preguntó.

-Si, por esa dirección. –dije señalando hacia su izquierda.

-Yo… siento todo esto… lo lamento de veras… -se disculpó.

-Lo sé, sabía que no eras malo, por eso te intentaba pedir ayuda, y bueno gracias a mi don creo que me hiciste caso. –contesté esbozando media sonrisa.

-Ahora que me doy cuenta, no he caído antes en que no tienes la ropa, que tonto. Espera… - -dijo mientras se quitaba la camiseta. –Ponte la camiseta, por favor. –
-No es necesario, pero gracias. –dije tímidamente.

Volvió a cogerme en brazos y corrió en la dirección que le había señalado. Ya se veía la casa cuando vi una figura delante de la casa. Sabía quien era, lo sabía de sobra, era Cristian, lo podría reconocer en cualquier lugar…

Al verme, se movió y corrió hacia nosotros. Se tensó ante Haziel. –Suéltala… -dijo enfurecido.

-Tranquilo, no pasa nada mi amor. –contesté tranquila.

-Lo siento, yo… lamento lo ocurrido, no creí que Javier fuera a hacerle eso… Por eso, la traigo. –explicó.

Me dejó en el suelo con suavidad y Cristian me agarró por la cintura, acercándome a él y suspirando. –Preciosa… Creí… creí que no volvería a verte… -su voz estaba temblorosa.

-Fue Haziel, yo sabía que no era malvado, y me ayudó a escapar. –dije.

-Pero, ¿Por qué solo estás con una camiseta? Que además veo que es suya. –contestó señalando a Haziel que tenía el torso descubierto.

Yo bajé la mirada, me sentía avergonzada por lo que casi me había hecho Javier, no me atrevía a contestar. –Es que… -empecé a decir.

-Javier intentó hacer algunas cosas, pero se lo impedí. Le dejé mi camiseta para que no estuviera sin ropa. –explicó.

-Creo que debo darte las gracias, entonces… -dijo Cristian tendiéndole la mano. –Me has devuelto lo más valioso para mí… -al decir eso me apretó más contra él.

Regresamos a su casa, Cristian insistió en llevarme en brazos, cosa que era una tontería, pero me daba igual con tal de regresar a casa. Llegamos y entramos en casa, Esme corrió a abrazarme y Adriana se echó a llorar nada más verme.

Yo me acerqué a ella y la abracé, mis hijos se unieron al abrazo, no paraban de darme besos y abrazos, yo con ellos hacía lo mismo. Carlisle también me abrazó. –Melinda, no sabes lo que te echábamos de menos… -

Pero al estar cerca de Adriana me acordé de la sed, no había reparado en ella con todo el jaleo de la huida, pero estar cerca de ella me taladró la garganta. –Necesito comer…

-Es cierto, tráele algo. ¿Ese degenerado ni siquiera te alimentó? –preguntó Cristian.

-Yo fui testigo de que no. Iba a ir a buscar sangre en un hospital, pero… él pensaba antes en otras cosas, me cansé de lo malvado que era y le ataqué para poder soltarla. –

Me trajeron sangre, según la traían se me hacía la boca agua por el olor…Y ese ardor tan profundo de la garganta desapareció, realmente estaba muy necesitada de alimentarme, me daba cuenta en ese instante.

-Mi niña… te estuvimos buscando por el bosque, intentamos seguir tu rastro, pero se perdía cuando terminaba el bosque. No sabíamos por donde seguir, pero no podía estarme quieto, he estado dando vueltas por el bosque continuamente, con la esperanza de encontrar algún rastro. Y al verte… -se le apagó la voz. –Te amo… -susurró besándome en los cabellos.

-Creí que no volvería a veros… estaba muy asustada, aunque mi intuición no me fallaba con respecto a Haziel, sabía que no era malvado y gracias a él estoy aquí. Gracias, de verdad. –dije dándole un abrazo.

Él se quedó bastante cortado, no se esperaba que hiciera eso, y estaba estático, aunque me devolvió el abrazo. –Eh… de nada.

-Gracias de corazón, Melinda está sana y salva y es gracias a ti. –dijo Carlisle tendiéndole la mano.

-Yo… lamento lo ocurrido de verdad, no creí que Javier pretendiera hacer lo que casi hace. Intenté reparar todo el daño que había hecho, no podía dejar que la hiciera nada. –contestó él.

-Bueno, hiciste lo correcto y te estaremos muy agradecidos, si hay algo que podamos hacer por ti, tan solo tienes que pedirlo. –comentó Esme con una gran sonrisa.

-En realidad nada, de todas formas ya sé que estoy muerto. Cuando Javier me encuentre ya sé lo que me hará como venganza. –dijo mirando al suelo.

-De eso nada, no voy a consentirlo. –contestó Cristian muy decidido. –Te lo debo todo, por devolverme a la razón de mi existencia…

-Gracias, aunque no quiero ser una molestia… -

-No es ninguna molestia, no nos gustan los vampiros que se creen con derecho a acabar con cualquier vida solo por pura diversión. Además aprovechando que ya llegaron las familias de Malek y de Eluney no podrán con nosotros, somos muchos para solo 4. – intervino Carlisle.

El pobre Haziel estaba abrumado de tanta amabilidad, podía verlo en sus ojos, pero estaba feliz, me di cuenta de que seguramente hizo caso a Javier porque tenía miedo de su don y estaba solo. Pero ahora mi familia quería ayudarle y se sentía muy agradecido por ello.

Pasamos un rato tranquilos, Cristian no me soltó en todo el tiempo, los demás no podían ni disfrutar de mi compañía porque Cristian parecía una lapa, aunque estar entre sus brazos era muy placentero, me sentía segura, a salvo…

Sentía sus manos acariciando mis brazos, me daba besos en los cabellos, en las mejillas, en los labios… era abrumador tanto cariño y caricias juntas pero las necesitaba.

No comprendí cuanto lo amaba hasta que estuve separada de él y creí que no volvería a verlo nunca. Él sentía lo mismo por mi, me sentía muy dichosa por tener conmigo a una persona tan maravillosa.

Debíamos trazar un plan, un plan para atacar a Javier y que por fin acabáramos con él. No queríamos pelear ni queríamos matar a uno de los nuestros, pero sabíamos que Javier no dejaría pasar las cosas.

Haziel se sentía cohibido, podía percibirlo, en parte le entendía, estaba rodeado de extraños, que querían ayudarlo de forma incondicional. Era cierto, que me había secuestrado por orden de Javier, pero había sido tan solo fruto del miedo a su don.

-Mira. –Dije señalando mi cuello, que aún mostraba la cicatriz. –A mi me quemó y estuve a punto de morir, no es agradable te lo digo, pasé un dolor insufrible e incluso tuve alucinaciones. Pero por si acaso, quiero que sepas que tenemos la Calíndium, que es la flor necesaria para curarse. –conté.

-Vale, pero os estoy incordiando mucho. Lo lamento.

-No digas eso, además te estoy muy agradecida por haberme salvado.
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