Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 7 de febrero de 2010

Amor eterno capitulo 50

50º- Vidas

-Tranquilo, que nos alegramos de que formes parte de la familia. –contestó Cristian.

Entonces Haziel se dobló y se cayó de rodillas al suelo. –ME ARDE EL CUERPO. –gritó retorciéndose de dolor.

-¡El mordisco! Debemos darle el antídoto hecho de la Calíndium. –comenté nerviosa.

Le llevaron a una de las habitaciones, le tumbaron en la cama y Carlisle preparó el antídoto, se lo dieron y le dejamos descansar. Lizbeth dijo que se quedaba con él, la entendía perfectamente, si estaba preocupada era mejor que se quedara vigilándole. Bajamos al comedor y me senté al lado de mi hermana.

Estuvimos un rato hablando sobre la pelea, y al final acabamos hablando de temas triviales y sin importancia. Miré a mi hermana, estaba tan guapa desde que estaba embarazada… siempre había sido muy guapa, pero lo estaba más todavía, y eso que su embarazo estaba siendo más movido que el mío, en mucho menos tiempo tenía la misma barriguita que yo cuando di a luz a Eric.

Pero vi que empezó a agitarse, se sujetaba la parte baja de la barriguita y yo sabía lo que significaba… -Oh, oh… creo que tenemos un problema… -dije tapándome la boca con la mano.

Todos miraron a mi hermana, que soltó un grito desgarrador. –ME DUELEEEEEEEE. – gritó con lágrimas en los ojos.

-Vale, vamos a llevarla a una de las habitaciones. Hay que prepararlo todo, el bebé quiere salir. –comentó Carlisle.

Fue Pedro quien la cogió en brazos, no dejó que nadie más la tocara, se había puesto histérico ante la reacción de mi hermana. La dejó con delicadeza en la cama de la habitación.

-Me quedaré con ella. –contestó Pedro.

-Bueno, está bien hijo, así me ayudas. –dijo Carlisle.

-Quiero que esté mi hermana. –pidió Adriana.

-Cariño, es mejor que no. –respondió Pedro.

-Yo quiero que esté, la necesito conmigo. –dijo con los ojos llorosos.

-No intentes discutir con ella, y menos ahora, me quedo. –contesté muy decidida.

No habíamos casi terminado de hablar cuando mi hermana dio un grito desgarrador. –Tenéis que sujetarla, creo que el bebé se está abriendo paso por sus propios medios, y si es eso… bueno sujetadla que voy a ponerla morfina. –dijo Carlisle.

No le había dado tiempo a coger la morfina cuando vi cómo un bulto se hacía más prominente en la barriguita y la carne empezó a desgarrarse, de ahí asomaba una pequeña mano. Yo grité horrorizada.

-¡Madre mía! el bebé ya se ha abierto paso. –dijo Carlisle con los ojos como platos.

La sangre empezó a salir a borbotones del cuerpo de mi hermana, Carlisle actuó deprisa, abrió un poco más la barriguita de mi hermana y sacó al bebé que estaba cubierto de sangre. Me costó mucho contenerme, estaba oliendo esa deliciosa sangre, pero era mi hermana y mi sobrinito o sobrinita. Eso me hizo recordar…

-¿Es niño o niña? –pregunté.

-Es niña, es preciosa, pero como no hagamos algo, perderemos a Adriana… -comentó Carlisle envolviendo a la niña en una mantita.

-No, no lo voy a consentir, es el amor de mi vida. Tapa la herida, que no siga perdiendo sangre. –dijo muy serio.

Carlisle tapó la herida y vi como Pedro se colocaba junto a mi hermana y le mordía el cuello muy suavemente. Ella al sentir la ponzoña en su interior comenzó a gritar, pero pronto paró cuando cayó inconsciente.

-No sabremos si ha funcionado hasta dentro de unas horas… es mejor que examine a la niña para comprobar que está bien, pero por la forma de salir… diría que está sanísima. –comentó Carlisle.

Salí de la habitación con Carlisle, Pedro se quedó con ella, todos estaban expectantes en el comedor. Yo aún estaba algo nerviosa y Cristian vino a abrazarme corriendo. -¿Cómo está?
-Hay que esperar, tu hermano se quedó con ella, y tu padre está revisando a la niña. –contesté.

-Estoy deseando verla. Debe ser preciosa. –contestó con una sonrisa.

-Sí, deberías verla. Pero hubo un momento en que me asusté, cuando se abrió paso a través de su barriguita, y salía la sangre como un manantial.-cerré los ojos y me estremecí.

-Bueno tu hermana es fuerte, seguro que sale adelante. –respondió besándome los cabellos.

-Por cierto, ¿Haziel ya está mejor? –pregunté con interés.

-Sí, creo que sí, aunque Lizbeth no se ha movido de su lado. La verdad es que quién lo diría… Yo que pensaba que estaba un poco loca… -susurró muy, muy bajito.

-No digas eso cariño. No seas malo. Es que es normal que se sintiera atraída por ti, eres irresistible… -suspiré.

-¿Soy irresistible? –dijo levantando una ceja. –Um… entonces… si te pido algo no te podrás resistir ¿verdad?

-¿Qué me quieres pedir? –pregunté extrañada.

-Sé que ya lo había hecho pero no de la manera correcta ni como te merecías. Sé que quizás no es el momento idóneo, pero ya no puedo esperar más. –comentó.

Yo estaba muy extrañada, no sabía lo que quería decir. Antes de que pudiera abrir la boca para preguntarle, se arrodilló delante de todos y me cogió una mano. –Melinda, eres mi luz y el sol que me alumbra cada día. ¿Quieres pasar esta vida eterna a mi lado? –me preguntó abriendo una cajita de terciopelo azul para que la viera.

Dentro había un anillo de oro blanco con un pequeño diamante en forma de corazón. Era precioso, sencillo, pero elegante. Me había quedado sin habla, y como pude contesté. –Sí, quiero. Te quiero, te querré eternamente.

Se levantó y me cogió en brazos, empezó a dar vueltas con una sonrisa que no le cabía en el rostro. Los demás se pusieron muy contentos a sonreír. Al menos teníamos esa alegría a parte de la de que mi sobrinita estuviera sana y salva.

-Bueno, enhorabuena hijo, me alegro mucho que ya por fin sea más oficial. De todas formas ya sabía que no tardarías mucho en hacerlo. –comentó Esme.

-Gracias mamá, me alegra que estés contenta.

Todos nos vinieron a abrazar, estaban muy felices por la noticia. Oímos que Lizbeth salió de la habitación y bajó al comedor, se acerco a nosotros, nos sonrió y nos abrazó. –Me alegro mucho. Lamento lo mal que me porté con vosotros… -se disculpó.

-Eso está más que olvidado. –comenté.

-Claro que sí. –añadió Cristian.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

ME encantaaaaaaaaaaaaaaa
No esperaba que Adriana tuviera así su bebé jejejee
Quiero el próximoooooooo

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