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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 8 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 1

1º- La caída

A los pocos días de cumplir Marcos los dos años, estaba jugando con Cristian, su hermano mayor en el jardín de su casa. Cristian se llevaba muchos años con Marcos, pues tenían 23 y 3 años, no obstante Cristian adoraba a su hermanito.

Marcos era un niño con el pelo castaño y los ojos azules, y Cristian era también un chico con el pelo castaño, bastante fibroso y alto y con los ojos también azules, pero mucho más intenso y llamativo que el azul de los ojos de Marcos.

Jugaban a la pelota en una tarde soleada, no hacía demasiado calor, pero el sol calentaba el ambiente; y el jardín, que tenía muchísimas flores y algunos grandes y frondosos árboles, se veía muy bonito. Además esos árboles tan frondosos daban sombra y eso evitaba que les diera demasiado el sol.

Marcos no paraba de reírse, pues Cristian estaba haciendo el payaso, cada vez que iba a golpear el balón, se caía a posta para que su hermanito se riera, se lo estaban pasando muy bien. Mientras, su madre, Annette, estaba dentro de casa descansando pues había pasado muy mala noche, estaba con fiebre.

Su padre, Dennis, era neurocirujano en el hospital de la ciudad, estaba trabajando; de todas formas, ese día iba a salir pronto del hospital para poder estar con Annette y vigilarla, aunque tan solo tenía una gripe leve.

-Manito, tida la peota. –dijo Marcos sonriendo.

-Vale, verás como te meto un gol. –contestó Cristian.

Tiró la pelota despacio y fue rodando poco a poco hacia Marcos, el pequeño dio una patada lo más fuerte que pudo al balón pero se resbaló y calló al suelo de lado, no fue un golpe muy fuerte pero empezó a chillar de dolor.

Cristian lo miró y fue hacia él corriendo al ver la caída. Le levantó, abrazándole. –Campeón ¿Dónde te duele? –preguntó Cristian asustado.

Pero Marcos no paraba de llorar, así que Cristian se metió dentro de la casa, cogió el teléfono y marcó el número de su padre. –Papá, ven corriendo, Marcos se ha caído, no sé lo que ha pasado, si fue una caía muy suave, pero llora muchísimo y creo que se hizo algo pero no sé donde, y no consigo que deje de llorar.

-Hijo, tráelo mejor al hospital, así le hago unas radiografías y le examino bien. Pero no sé, no me gusta dejar a tu madre sola… Dile a la vecina, es una chica joven que se llama Delia, que si no la importa quedarse en casa hasta que volvamos con Marcos. –comentó Dennis.

-Vale, la aviso y me llevo a Marcos al hospital. –dijo antes de colgar.

Cogió al niño, las llaves del coche, las de casa y el móvil. Salió disparado con Marcos en brazos y llamó al timbre de la vecina. A los pocos segundos abrió la puerta una chica joven, no muy alta, un poco rellenita, con el pelo negro y los ojos marrones color coca cola. –hola, tú eres el hijo de los vecinos ¿Verdad? ¿Querías algo? –preguntó ella con una sonrisa.

-Pues sí, mira mi hermano se cayó y creo que se rompió algo, me lo llevo al hospital donde trabaja mi padre, pero mi madre tiene la gripe y no puedo dejarla sola, necesito que por favor, te quedes con ella por si necesita algo o se pone peor. ¿Podrías hacerme ese grandísimo favor? –pidió Cristian.

-Claro sin problemas, ve tranquilo que yo me quedo con ella, espero que no sea nada lo de tu hermano, es un niño adorable. –comentó ella.

Cristian salió tan rápido como una exhalación, a lo lejos Delia le oyó decir “gracias” muy rápido. Entró en la casa y se sentó en el comedor, supuso que la pobre estaría durmiendo con la fiebre, así que se puso a leer el libro que tenía entre las manos cuando había llamado el vecino a su puerta.

Se daba cuenta que ni sabían el nombre el uno del otro, pero se lo preguntaría cuando regresara. Así que dejó de pensarlo y siguió leyendo el libro por donde lo tenía. Era una trilogía: Millenium, estaba leyendo el primer libro titulado “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Delia creía que ese título estaba echo casi a medida para ella, pues al estar rellenita, los hombres no solían fijarse en ella, solían fijarse más en su mejor amiga Melinda.

Melinda y ella habían estado juntas en el colegio, era una chica, de su misma estatura, pero muy delgadita, Delia pensaba que tenía el cuerpo como el de las modelos, con el pelo castaño oscuro, y unos ojos… que a todo el mundo le llamaban la atención. Eran unos ojos verdes esmeralda, que se mezclaban con un marrón tan clarito que parecía casi color miel, y la línea que rodea el iris, en lugar de ser negra como en el 99% de la gente, era de color gris clarito.

Delia creía que su amiga era perfecta como las modelos, era guapa, lista, amable, cariñosa, buena persona y una amiga incondicional, pero tenía una autoestima muy baja. Melinda siempre pensaba que era un espanto de chica, que nadie se fijaba en ella, cuando era justo todo lo contrario. Los chicos se enamoraban de ella, pero no se lo decían porque la veían inalcanzable, tan frágil, tan pura, tan cariñosa y buena persona…

Su amiga lo tenía todo y no se daba cuenta, pero decidió no darle más vueltas y seguir con el libro. Estaba metiéndose aún en la historia cuando escuchó una vocecita muy suave que sonaba desde una de las habitaciones.

Se levantó para ver lo que ocurría, miró en una de las habitaciones, había una cama de matrimonio, en la que Annette estaba tumbada, así que Delia se acercó hasta ella. –Soy Delia, su vecina, su hijo se ha tenido que marchar. Si quiere algo dígamelo que yo se lo traigo o la ayudo. –comentó ella muy amablemente entre susurros.

-Quiero agua… -pidió muy bajito.

Delia salió de la habitación y fue a la cocina, miró en el escurreplatos y cogió un vaso. Lo llenó de agua del grifo y se lo llevó a la habitación. Cuando se tomó el vaso de agua volvió a tumbarse y cerrar los ojos, se la notaba que todavía tenía bastante fiebre. Ella volvió al comedor a seguir leyendo su libro.

Se puso a pensar en el hijo de los vecinos, lo cierto es que no estaba prestando demasiada atención a lo que leía. Era un chico muy guapo, tenía coche propio, un Honda Cívic plateado precioso, y se le veía un buen chico. La clase de chico que seguro que le encantaría a su amiga Melinda, pero con la opinión que tenía de si misma, no podría convencerla para que se conocieran si el chico también quería.

………………………….

Cristian había llegado al hospital muy deprisa, había estado a punto de darse un golpe con un coche, pero afortunadamente lo esquivó y pudo llegar al hospital. Dennis le esperaba en la puerta con una camilla. –Hijo, ponle aquí. ¿Qué ha pasado?- preguntó preocupado.

-Pues se cayó mientras jugábamos al balón, si no fue una caída fuerte, pero no sé… -dijo nervioso.

-Bueno, cálmate, le haré unas pruebas a ver que pasa. Quédate aquí y en un rato salgo. –contestó Dennis.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Pobre Marcos, no soporto que los niños sufran.
Pero la idea de la historia es muy buena, espero el siguiente prontito ^^

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