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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos.
Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.

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viernes, 12 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 11

11º- Aclarando las cosas

Melinda se sonrojó ante la perspicacia de su amigo. -¿Tanto se me nota? Yo… sé que no tiene que ser agradable para ti.

-Mientras tú seas feliz, yo lo soy. Porque antes que nada somos amigos, y lo sabes. –comentó dándola un abrazo. –Pero te lo advierto, si te hace algún daño se las tendrá que ver conmigo…

-Tranquilo, es un buen chico. –dijo aún abrazada a él.

Se separaron un poco de ese abrazo, y se miraron a los ojos, Melinda quería mucho a su amigo, pero no de la forma que él la quería a ella. Estaban muy cerca el uno del otro, sentían sus alientos.

Darío la vio allí, tan hermosa como siempre, tan cerca, con esos ojos que tanto le gustaban que… se le cruzaron los cables y se acercó a ella, dándola un tierno beso en los labios.

Melinda se quedó paralizada, no sabía lo que hacer… pero reaccionó y se apartó. – ¿Qué haces?

-Lo siento, lo siento, lo siento… -pedía al darse cuenta de lo que había hecho.

Se levantó y empezó a dar vueltas por el comedor, hasta que Melinda le cogió del brazo para que se estuviera quieto. –Tranquilo. No pasa nada.
-Perdóname, no sé en qué pensaba… Es que… llevo enamorado de ti demasiado tiempo… -comentó con la voz temblorosa.

-Lamento no corresponderte, pero eres mi amigo, no quiero perderte. –dijo ella mirándole a los ojos.

-Tranquila, solo quiero que seas feliz. Solo seré tu amigo, para lo que necesites. –contestó.

-Gracias. –suspiró dándole un abrazo.

Se sentaron en el sofá y Darío se puso a ponerle caras divertidas a Marcos que se partía de risa. Al cabo de un rato sonó la puerta de la casa. –hola, ya llegué. –era la voz de Cristian.

Entró al comedor y vio allí a los tres, su hermano estaba riéndose a carcajadas por las caras que ponía Darío. Melinda le miró y sonrió desmesuradamente. –hola.

-Veo que está todo arreglado, eso está bien. –comentó acercándose a Melinda.

Se dieron un tierno beso, Darío miró a otro lado, y Melinda al darse cuenta cortó ese beso, señalando con la mirada a su amigo. Cristian lo entendió y solo asintió. –Bueno y ¿qué es lo que le hace tanta gracia a mi hermanito?

-Darío que le encanta hacer el payaso, y tu hermano se lo está pasando como nunca. –comentó Melinda con una sonrisa.

-Quero mirinda. –pidió Marcos.

-Claro, ven que te doy la merienda. –Dijo Melinda cogiéndolo en brazos para dirigirse a la cocina.

Darío y Cristian se quedaron en el comedor, se miraban y ninguno hablaba, hasta que Cristian rompió ese silencio. –Me alegra que ya esté todo arreglado.

-Sí, yo también me alegro. Pero solo quería decirte algo. Si le haces algún daño te las vas a ver conmigo. Ella es muy especial, no se merece nada que pueda lastimarla. –estaba serio pero no parecía enfadado.

-Lo sé, sé que es especial. Tranquilo, antes de hacerla daño, me tiro por un puente. –contestó Cristian. - ¿Crees que podemos empezar de cero? Sobre todo es por ella, sé lo mucho que te quiere. –dijo Cristian tendiéndole la mano.

-Está bien, no perdemos nada ¿no? –comentó sonriendo.

Ellos se sentaron en el sofá y Cristian encendió la tele, poniendo un DVD, Van Helsing. Darío miró a Cristian nada más que empezó la película. – ¿No me digas que también te gustan las mismas películas que a Mel?

-Sí, nos gustan los mismos géneros: miedo, sangre y ciencia ficción.
Melinda entró en el comedor con Marcos en brazos. Puso los ojos en la pantalla y con solo ver 5 segundos de película la reconoció. -¿Van Helsing? Ais… con lo que me gusta en esta película Hugh Jackman… -comentó con una sonrisa.

-Bueno… -dijeron a la vez Darío y Cristian.

De la situación los tres se echaron a reír. –Vaya… veo que ahora hasta os coordináis para hablar…. Asombroso… -dijo Melinda muerta de la risa. –Pero será mejor que pongas otra cosa, ese tipo de pelis no son para Marcos.

-Eso es cierto, ¿Qué peli visteis hoy? –preguntó Cristian.

-La de Kung fu panda. Nos reímos mucho, ¿Verdad Marcos?

-Siii, ¡fu fu pada! Ota ves, ota ves. –gritó emocionado.

-Vale, campeón.

Cambió el DVD poniendo la otra para que Marcos la viera. Se sentaron en el sofá y Darío los miró. –Bueno… yo creo que me voy a ir, me parece que estoy de más. –comentó.

-No digas eso, claro que no sobras. Además habrá que comerse esos lacasitos tan ricos que me trajiste. –contestó Melinda pasándose la lengua por la boca.

-Cristian, ¿tú la has visto alguna vez con lacasitos? –preguntó Darío.

-No, ¿por?

-Es para verla, de record Guinness… Casi que entonces me quedo para ver la cara que se te queda. –comentó riéndose.

-Jo. No te metas conmigo que te pego una colleja. –dijo Melinda fingiendo estar enfadada.

Al final se pusieron a ver la película, y Melinda empezó a comer lacasitos, Darío estaba muerto de la risa, porque sabía como era su amiga con el chocolate, y en especial con los lacasitos. Tal como pensaba, a los pocos minutos Cristian alargó la mano para coger lacasitos y…

-Ey… ¿por qué me das un manotazo? –se quejó Cristian.

-Es que seguro que coges demasiados y son para mí. Toma. –dijo poniendo unos 10 lacasitos en su mano.

-Vaya… gracias… no sea que se te acaben… -comentó Cristian de broma.

Mientras Darío se estaba partiendo de risa. –Quizás debí avisarte de cómo era con los lacasitos, pero quería que lo descubrieras por ti mismo- -respondió aún riéndose a carcajada limpia.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Que graciosa es Melinda comiendo lacasitos jejejeje
Aunque mi favorito es MArcos, adoro a ese niño ^^
Continua así

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