Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 15 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 16

16º- Pasito a pasito

Cristian cogió a Marcos se fueron al comedor. -¿Qué pelí quieres ver campeón? –le preguntó.

-Fu fu pada. –dijo muy contento.

-Vale, vemos Kung Fu panda. –contestó poniendo el DVD.

Se sentó en el sofá y la película empezó. Cristian no podía parar de pensar en Melinda y en todo lo ocurrido, hasta que su hermanito interrumpió el hilo de sus pensamientos. – Manito, ¿y la pofe gapa? ¿Ya no ta?

Cristian sintió como si una espada le atravesara el corazón, los ojos se le pusieron llorosos, pero se controló todo lo que pudo, no quería que su hermanito lo viera derrumbarse. –Pues… está en mi habitación, es que está triste. –dijo. – Ahora vengo, no tardo nada.

Entró en la habitación, Melinda estaba echa un ovillo y llorando. –Mi amor… estoy aquí… -dijo acercándose a ella.

-¿Y Marcos? –susurró.

-En el comedor, estamos viendo una película. ¿Quieres estar con nosotros en el comedor?

-Si… quiero chocolate… -pidió entre lágrimas.

-Claro mi niña, lo que quieras. –contestó.

Melinda se destapó y se incorporó, se levantó de la cama, Cristian estaba a su lado, la cogió por la cintura. Caminaron al comedor muy lentamente, Melinda se dejaba guiar por Cristian.

Pasaron por la cocina para coger el chocolate, luego entraron al comedor y se sentaron en el sofá y Marcos se quedó mirándola. -¿Ya no ta tiste la pofe gapa?

Melinda esbozó una pequeñísima sonrisa. Cristian se alegró ante eso, al menos parecía que su hermano la había conseguido distraer durante un segundo. Le dio el chocolate, y le dedicó una fugaz sonrisa.

Ella se recostó sobre su hombro, Cristian suspiró, parecía que le había sentado bien levantarse de la cama y estar con Marcos. Estuvieron viendo la película los tres, cuando acabó Cristian miró a Melinda de reojo y se dio cuenta de que se había dormido.

Pero Marcos quería jugar, quería estar con su hermanito y distraerse. –Manito, ¿jubamos?

-Shhh…. Más bajito campeón. Que Melinda esta dormida… -susurró muy bajito.

Estuvieron jugando con plasti, no querían hacer mucho ruido, y Melinda estaba en el sofá dormida. Cristian la tapó con una manta para que no cogiera frío. Llegó la hora de comer y Cristian le dio la comida a Marcos y él comió también.

Puso un plato de comida en una bandeja y la llevó al comedor. Se sentó en el sofá al lado de Melinda y la acarició la mejilla suavemente. –Preciosa… tienes que comer algo… -susurró.

-Mm… mamá… -dijo desorientada, estaba aún medio dormida.

-Preciosa, soy yo. Vamos, come algo. –dijo cariñosamente.

-Oh… creí… -no terminó la frase y comenzó a llorar.

-Mi amor, no llores por favor, se me parte el alma de verte así… -contestó muy apenado.

Se puso a comer, no quería seguir hablando del tema, necesitaba distraerse, necesitaba animarse, lo intentaba pero le costaba mil horrores. Después, Cristian llevó a la cama a Marcos para que durmiera la siesta.

-Mi niña, Marcos está durmiendo, podrías echarte e intentar dormir otro rato.

-¿Te quedas conmigo? –pidió suplicante.

-Claro.

La cogió en brazos, para darle un beso en la frente. Fue a la habitación y tumbó delicadamente a Melinda. El se tumbó a su lado y la abrazó. –Duerme y descansa, preciosa mía.

Ella intentó dormirse, pero no era capaz. Veía delante a su querido Cristian, se había volcado en ayudarla y en intentar animarla. Le amaba, estaba segura, le necesitaba era evidente, y quería sentir su amor. Buscó sus labios y comenzó a besarle lentamente.

Él respondía a los besos de forma muy cariñosa. Melinda necesitaba amor, necesitaba sentirse querida. Arrastró una de las manos de Cristian para colocarla por debajo de su camiseta. Pero él paró de besarla, se separó unos centímetros. –Preciosa, no creo que sea el momento de hacer esto…

-Sí, es el momento, te necesito, necesito amor, necesito tu amor y te necesito a ti más que el aire para respirar. –dijo entre susurros.

-¿Estás segura? No quiero que luego te arrepientas, yo… te amo demasiado, no podría hacerte daño. Pero si hacemos esto… no podré controlarme, si empezamos no podré parar. –respondió algo retraído.

-Te amo. –dijo antes de volver a besarle.

Ella le quitó la camiseta y pudo admirar lo tremendamente guapo y perfecto que era. A continuación, se quitó la camiseta y él tiró de ambos pantalones para así quedarse en ropa interior.

-Eres tan hermosa…

Se quitó la ropa interior, y se dispuso hacer lo mismo con la de Melinda, al verse desnuda sintió vergüenza, nunca se había visto guapa, siempre había pensado que era espantosa, así que intentó taparse.

-No te tapes, por favor… mis ojos están viendo lo más hermoso que existe en este mundo. Soy un privilegiado. –contestó con una sonrisa.

Melinda estaba cada vez más encendida, buscó el miembro erecto de su amado y comenzó a acariciarlo, no tardó mucho en bajar hasta ahí y metérselo en la boca. Cristian suspiró y emitió un gemido sordo. Había encendido la chispa de su interior.

Cristian se movió y comenzó a besar a Melinda por todas partes, comenzó por el cuello, bajando poco a poco, llegó a su zona íntima y empezó a juguetear con la lengua. Melinda jamás había sentido un placer así, estaba ardiendo por cada parte que Cristian acariciaba.

Volvió a moverse, cogió a Melinda por las caderas y la penetró muy despacio, ambos gimieron de placer. Empezaron un baile de placer y pasión descontrolado, lento, tranquilo, que poco a poco fue aumentando la intensidad. Ese ritmo cada vez se estaba acelerando más y más. –Um… me estoy enloqueciendo…. –susurró Cristian.

-No pares…

No supieron cuanto rato estuvieron inmersos en ese baile apasionado, pero llegaron al clímax juntos y fue una experiencia maravillosa. Se quedaron abrazados muy juntos, dándose caricias y besos.

Melinda estaba pletórica, triunfante. Ella solo se había entregado a un chico, un novio que tuvo, y que le partió el corazón, solo la quería para acostarse con ella, en cuanto tuvo lo que quiso la dejó. Desde entonces no había estado con ningún chico, pero Cristian era diferente.

Sabía que estaba enamorada, él la correspondía y se habían dado tanto amor que creía que no podría amarle más. Pero claro que podría amarle mucho más, lo sabía, lo sentía en su interior.

-Ha sido maravilloso, preciosa mía. –comentó Cristian.

-Si, eres estupendo. Te amo. –contestó dándole un tierno beso.

Se quedaron un rato más abrazados, parecía que así Melinda se había olvidado por un tiempo de lo ocurrido. Había vuelto a sonreír y eso era lo más importante para Cristian.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Me encantaaaaaaaa
Que momento mas bonito, el tan tierno preocupandose por todo y ella necesitada de amor y cariño.
Sigue así wapisima

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