Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 15 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 17

17º- Apoyos y atenciones

Se levantaron de la cama, Melinda cogió la ropa interior y se la puso. Quiso buscar los pantalones y la camiseta, pero Cristian la abrazó. -¿Te encuentras bien?

-Sí, no podía estar mejor. Lamento haber estado así. –dijo triste.

-No digas eso, preciosa. Era normal, pero es cierto que estaba triste por verte tan deprimida…

-A partir de ahora va a ser distinto. Todavía me duele pensar en no volver a verlos, pero sé que ellos no querrían verme así.

-No sabes lo que me alegra que digas eso. ¿Quieres que vayamos a dar un paseo ahora cuando vengan mis padres? Podemos ir a algún sitio.

-Vale, Me gustaría ir al cine si a ti no te importa…

Claro que no, además teniendo los mismos gustos de cine, seguro que querremos ver la misma. –dijo muy alegre.

Despertaron a Marcos y se pusieron a jugar con él, Melinda parecía otra, se le notaba, había pasado a ser como de la noche al día. Cristian estaba muy contento, había recuperado la sonrisa su preciosa chica.

-Por cierto, llamo Delia antes de comer, pero no te dije nada. Quizás deberías llamarla, seguro que se alegra de que estés mejor. –comentó.

-Tienes razón. –dijo levantándose a coger el móvil.

Pero antes de marcar el número, empezó a sonar, miró la pantalla y era Darío, al verlo, sonrió. –Hola.

-Mel ¿Cómo estás? Delia me ha contado lo ocurrido. –dijo nervioso.

-Ya un poco mejor, pero me está costando. Gracias por preguntar. –contestó alegre. – ¿Mañana podrías venir? Me haces falta…

-Claro, sin problemas. Mañana por la tarde voy a verte. Aunque si quieres puedo ir hoy también. –contestó.

-No, hoy no puedo, nos vamos al cine ahora en un rato. Pero mañana espero verte sin falta.

-Claro, sin problemas. Quiero verte feliz, y con una sonrisa. Un beso, te quiero ya lo sabes. –dijo.

-Y yo también te quiero, te veo mañana. –se despidió y colgó.

-¿Quién era?
-Darío, que mañana viene a verme. –respondió con una sonrisa.

-No sabes lo que echaba de menos esa sonrisa… -dijo acercándose a ella para cogerla por la cintura.

Llegaron sus padres al cabo de un rato, se pusieron muy contentos del cambio que había dado Melinda. Se marcharon al cine, y Cristian llevaba razón, querían ver la misma película, acababan de estrenar Avatar, y sabían que les iba a encantar.

Al día siguiente, Cristian tampoco fue a trabajar, prefirió quedarse algún día más con Melinda, solo para asegurarse de que se encontraba bien. Melinda estuvo agitada todo el día, tenía muchas ganas de ver a Darío.

Llamaron al timbre por la tarde, y Melinda se puso muy nerviosa. Fue corriendo a abrir la puerta, tenía una amplia sonrisa. Ella le abrazó como hacía siempre, él le respondió el abrazo.

-Tenía muchas ganas de verte… -dijo suspirando.

Yo también. ¿Cómo estás? –preguntó mirándola a los ojos.

-Voy mejorando, te echaba de menos…

Cristian se acercó a ellos, le tendió la mano a Darío para que la estrechara. –Hola, tío, ¿Cómo lo llevas?

-Bien, aunque me quedé de piedra cuando Delia me dijo lo ocurrido. –contestó.

Estuvieron toda la tarde juntos, Melinda se puso muy contenta de tener a su amigo con ella. Parecía que iba mejorando poco a poco, se quedó a vivir en casa de Cristian, ya que además habían hecho más formal su relación.

Fueron pasando los días, las semanas… y Melinda mejoraba cada día aunque a veces seguía teniendo pesadillas. Hacía un tiempo que ya le daba las clases a Marcos, que estaba recuperado de sus lesiones, aunque siempre se que caía o se daba un golpe solía tener una pequeña fractura.

Una tarde como hacía muy buen tiempo, Cristian, Melinda y Marcos salieron al jardín a jugar. Estarían tranquilos y no jugarían a juegos demasiado movidos para evitar posibles caídas de Marcos.

La tarde pasó tranquila, y Marcos se divirtió mucho, era bueno que le diera el aire y que cambiara un poco las rutinas. Se estaba haciendo tarde y empezaba a anochecer, además iban a cenar.

Se levantaron para entrar dentro de casa, pero Melinda se sintió mareada y perdió el equilibrio. Cristian al ver la escena se acercó a ella corriendo, dejó a Marcos en el suelo a su lado y cogió a Melinda.

-Preciosa, ¿Qué te ocurre? Responde.
Melinda estaba desorientada no sabía lo que había pasado, su cabeza no hacía más que dar vueltas. Cristian cogió a su hermano a caballito y a Melinda en brazos. –Campeón, Melinda está malita, no te sueltes de mi cuello ¿Entendido?

-Si, manito.

Entró en casa con Melinda en brazos y con Marcos a la espalda. Dejó a Melinda en el sofá y bajó de su espalda a Marcos. –Papá, ¡necesito que vengas!…-dijo alzando un poco la voz.

Dennis fue al comedor al oír la voz de su hijo. Vio a Melinda en el sofá y se alarmó tremendamente. -¿Qué ha pasado?

-No sé, entrando en casa, se ha mareado y ha perdido el equilibrio. –contó muy nervioso.

-Bueno, voy a examinarla. Y la cogeré sangre para comprobar si todo está bien.

Revisó a Melinda y le sacó sangre, Cristian la llevó en volandas hasta la cama, acarició sus cabellos una vez que la tumbó en la cama y fue cuando Melinda reaccionó. –Mm… Cristian… -suspiró.

-Estoy aquí, mi niña. –dijo poniendo la mano en su mejilla.

-Quédate conmigo… -contestó aún un poco mareada.

Cristian se tumbó a su lado, abrazándola por la espalda, le besaba el cuello y ella al cabo de un rato cayó en un profundo sueño. Estaba sonriendo por tener tanta suerte de estar con un chico tan fantástico que la cuidaba tanto.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Me encantan Cristian y Marcos, Marquitos es tan monoooooooooooooo y Cristian tan atento.
Me encanta esta historia, es genial

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