Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 17 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 20

20º- Reconciliación

Dennis no tardó demasiado en llegar, encontró a Cristian arrodillado junto a la cama llorando. Melinda estaba en la cama inconsciente, así que se acercó para examinarla.

Miró sus pupilas, le tomó la tensión y revisó la tripita. Cristian no paraba de dar vueltas por la habitación. –Hijo por favor, cálmate. Por lo que parece los dos están bien, algo ha debido provocarle el ataque de pánico. Por poco pierde el bebé.

-Sé lo que ha sido. Quédate con ella. No tardaré. –dijo muy serio.

Salió de la habitación, cogió el móvil y las llaves del coche y se marchó. Se montó en el coche y condujo casi como un loco, fue una suerte que no le pillara la policía. Estaba furioso, su querida Melinda había sufrido ese ataque y había estado a punto de perder al bebé por culpa de Darío.

Llegó en muy poco tiempo al ayuntamiento, preguntó por él y le indicaron cual era su despacho. Darío no se había dado cuenta de que se acercaba a él. Cristian estaba fuera de sí. Le dio un puñetazo y él se cayó al suelo -¿QUÉ LE HAS DICHO A MELINDA? –preguntó a voces, mientras todos les miraron.

-¿Eso a ti que más te da? Además ahora la tienes para ti solo, que seguro que es lo que querías. –respondió muy borde, levantándose del suelo.

-Pues no, yo quiero lo mejor para Melinda, y si ella te quiere y eres su amigo del alma no objeto nada. Pero no sé qué es lo que la has dicho, que por tu culpa le ha dado un ataque de pánico y ha estado a punto de perder el bebé. –contestó cada vez más enfadado.

-¿Cómo? –estaba sorprendido.

-Pues sí, antes de que perdiera el conocimiento solo repetía, que eras su amigo y que ya no la querías. –le dijo.

Al oír esas palabras, lo mucho que había sufrido su gran amiga por sus palabras sus ojos se pusieron vidriosos. –Yo… lo siento. Pero me cuesta mucho veros juntos… no puedo seguir así… -dijo derrumbándose.

-Eso lo sé, pero te pido un favor, intenta estar a su lado, ella te necesita.

-¿Por qué habría de hacerlo?

-Porque sois amigos desde pequeños, y porque si la quieres al menos la mitad de lo que la quiero yo, lo último que querrías es que sufriera algún daño. –contestó con voz más amable.

Se tapó la cara con las manos. –Soy una persona espantosa… la quiero con locura y por mi culpa casi pierde al bebé… No creo que me perdone…

-Estoy convencido de que te va a perdonar. Sabes que te adora, y ahora te necesita. –contestó.

-Está bien. ¿Me puedes llevar? –preguntó.

-Claro, vamos, no sé si ya habrá despertado, mi padre se quedó con ella. –dijo.

Se montaron en el coche y Darío se puso la mano en la mejilla en la que Cristian le había golpeado, le había salido un moratón del golpe. Cristian le miró y se sintió mal. –Lamento haberte golpeado, es que estaba furioso.

-No pasa nada, además me lo tengo merecido. –respondió bajando la mirada.

-Bueno, creo que podemos olvidar el tema.

Llegaron a casa, en esa ocasión tardó más, ya que iba más tranquilo conduciendo. Entraron en casa y fueron directos a la habitación. Cristian abrió la puerta, le hizo una seña a Darío para que esperara fuera un momento.

Melinda ya estaba despierta y tenía buen aspecto, Cristian se acercó y la dio un tierno beso en los labios. –Menos mal… me diste un susto…

-Lo siento… -se disculpó.

-Tú no has hecho nada.

-Oye hijo, ¿Sé puede saber dónde has ido? –preguntó su padre seriamente.

-Pues… lo cierto es que vengo acompañado. –dijo con una sonrisita. –Pasa, por favor.

Darío entró a la habitación, estaba avergonzado por su comportamiento. Melinda al verle comenzó a llorar. Él se acercó y se sentó en la cama a su lado. –Siento lo que te dije, no iba en serio, es que estaba enfadado… -se disculpó sin mirarla.

Ella le vio el moratón en la mejilla y con cuidado lo tocó. -¿Qué te ha pasado en la cara? –preguntó.

-Preciosa, a eso contesto yo… -dijo Cristian avergonzado. –Estaba tan enfadado por lo que casi os pasa a ti y al bebé, que… no me pude contener.

-¿Qué tú que? –puso los ojos como platos.

-No te enfades con él, me lo tenía bien merecido. Además no es nada. Tranquila y no te enfades con él. –contestó abrazándola.

-Entonces ¿Quieres seguir siendo mi amigo? –preguntó haciendo un puchero.

-Pues claro que si. Pero tienes que descansar, que madre mía… -dijo con la mano puesta en la barriguita.

Cristian cogió en brazos y la llevó al comedor, decía que no quería estar más en la cama. Estuvieron toda la tarde juntos, Melinda estaba muy contenta de volver a tener a su amigo a su lado.

Se notaba lo mucho que se querían, y entendía que a Darío le resultara difícil ser solo amigos, sintiendo lo que sentía. No podía culparle por querer a Melinda, era tan maravillosa… por eso él estaba perdidamente enamorado de ella.

Aunque no se trataban como dos amigos cualesquiera, estaba un poco celoso, pero no se lo diría, sabía que Melinda quería a Darío, pero como a un hermano, así que decidió dejar de pensar en el tema.

A partir de ese día Melinda estaba distinta, volvía a estar feliz completamente, pues ella lo que necesitaba era tener a sus dos amigos y estar con Cristian, en ese momento sí que lo tenía todo.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Menos mal que recapacita, sino ¬¬
Ya estaba yo preparada para ir a pegarle dos buenos sopapos a Dario.
Continua asi, lo haces genial

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