Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 17 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 21

21º- Acechada y atacada

Melinda ya estaba de 5 meses, su tripita crecía cada día más, de hecho su tripita estaba demasiado abultada para los meses de los que estaba, pero Dennis la había examinado, por lo visto el bebé era muy grande, aunque no querían que les dijeran el sexo del bebé, preferían que fuera una sorpresa.

Marcos estaba muy sorprendido con la barriguita, le encantaba poner el oído y escuchar, decía que quería saber lo que hacía el bebé dentro de la barriga. Melinda se relajaba cuando hacía eso y parecía que el bebé también, porque se quedaba relajado y sin dar patadas.

Todas las tardes, cuando Darío salía del ayuntamiento iba a visitar a Melinda, y así no estaba sola hasta que llegaba Cristian. Se ponían a ver películas o escuchar música, o hablar, ella se sentía feliz.

Como ya hacía buen tiempo, pues era primavera, por las tardes después de echarse una siesta Melinda y Marcos iban a dar un paseo por los alrededores, así hacían tiempo a que llegara Darío. Siempre iban despacito y cerca de casa, para evitar posibles caídas de Marcos. Además Melinda ya andaba más despacio y se cansaba en seguida a causa del embarazo.

Ya volvían a casa, pues Melinda miró el reloj y vio que se hacía tarde, pues Darío ya estaría esperando en la puerta. –Vamos, que Darío ya nos estará esperando.

-Síiii. –dijo canturreando.

Caminaban lentamente, pues Melinda se estaba notando cansada y no podía caminar más deprisa. Estaban muy cerca de casa, en la calle de al lado, pero de repente, alguien la agarró del brazo y, puso una navaja en su cuello. Susurró en su oído. –Si gritas, te corto el cuello. –era la voz de Enrique, ella le reconoció en seguida.

-No… no me hagas nada… -dijo nerviosa.

Marcos vio la situación y se puso muy nervioso, se acercó a ellos. –Meinda ¿quién e ese?

-¡Cállate, mocoso! –dijo mientras le dio un empujón.

No llegó a tirarle al suelo, pero con su enfermedad Melinda sabía que era más que probable que le hubiera hecho una fractura en el hombro. Intentó acercarse a él, pero Enrique apretó más la navaja contra su cuello.

-¿Qué quieres de mí?

-Hermanita… solo quiero verte… -dijo mientras besaba su cuello.

-¡No me toques!

La apoyó contra la pared y se quedó mirando la barriguita. –Ya veo que no pierdes el tiempo ¡pedazo de guarra! –dijo insultándola.

Melinda estaba aterrada, más que por su vida, por la de su bebé y por la de Marcos que estaba al lado llorando. Para su desgracia, era un barrio poco transitado, y a esas horas no solía haber nadie o casi nadie por la calle.

Enrique le rompió la camiseta con la navaja y empezó a tocarle los pechos. Ella se resistía todo lo que podía pero puso la navaja en su tripita y eso la hizo parar, no podía poner la vida de su bebé en peligro.

-Así esta mejor, que te quedes quieta… Um… eres más hermosa de lo que había visto… -comentó tocándola por donde podía.

Melinda no paraba de llorar, se estaba poniendo muy nerviosa, le empezaba a costar respirar. Marcos estaba a su lado muy asustado y llorando por el golpe. Estaba perdida, no tenía escapatoria… si al menos pudiera sacar el móvil podría avisar a Cristian, pero Enrique le tenía cogidas las manos.

Pero una voz de hombre que Melinda conocía bien, interrumpió lo que hacía Enrique. ¡MALDITO CERDO! ¿QUÉ LE ESTÁS HACIENDO? Suéltala, ahora mismo.-Exigió enfadado.

Melinda miró pero sabía de sobra de quien se trataba, era Darío, reconocería su voz en cualquier parte. Pero Enrique se tensó frente a él, aunque esbozó una sonrisa malévola. -¿Y tú quién eres? Déjanos y métete en tus asuntos. –dijo volviendo a manosearla.

-¡QUÍTALE TUS ASQUEROSAS MANOS DE ENCIMA! –estaba furioso.

Se acercó a él para intentar pegarle, pero entonces Enrique cogió a Melinda y puso la navaja al lado de la barriguita. –Si intentas hacerme algo, le meto un navajazo y ambos se quedarán en el sitio. –amenazó.

Melinda ante tal amenaza lloró más intensamente, temía seriamente por la vida de su bebé. Marcos aún seguía a su lado y al ver lo que hacía Enrique y cómo lloraba Melinda, le pegó un mordisco a Enrique en la pierna.

-¡Ay! Maldito mocoso… -dijo con cara de asco.

En ese descuido, Darío aprovechó para darle una patada y hacer que se le cayera la navaja al suelo. Melinda cayó de rodillas, se apoyó contra la pared envolviendo entre sus brazos a Marcos.

Mientras Darío y Enrique se pusieron a pelear, Melinda cogió el móvil y marcó el número de Cristian, él no tardó nada en cogerlo. –Hola preciosa, no puedo hablar que estoy llegando a casa, en 2 minutos estoy ahí.

Ella le interrumpió. –Ven corriendo, Darío se está peleando con Enrique, estamos en la calle de al lado. –dijo entre llantos.

Él no dijo nada, colgó el teléfono. Ella rezaba porque llegara pronto para que ayudara a Darío y les pusieran a salvo a Marcos, a ella y al bebé. Estaba muy nerviosa, las lágrimas caían por su rostro sin control.

Hasta que vio aparecer a Cristian que inmovilizó a Enrique por la espalda. –MALDITO CABRÓN, ¿QUÉ INTENTABAS HACERLE, DEPRAVADO?

Entre Darío y Cristian le inmovilizaron, y llamaron a la policía. Darío se quedó sujetando a Enrique, mientras Cristian fue a ver cómo estaba Melinda. Vio que estaba muy nerviosa, y además vio que su hermanito estaba llorando y quejándose del hombro.

En ese instante enloqueció se acercó a Enrique que aún estaba sujeto por Darío y de un tirón dio de bruces en el suelo. Comenzó a darle patadas y dejándole inconsciente. –MALDITO, HIJO DE PUTA… -dijo furioso.

-Eh, tío, calma, ya está. –intentó calmarle Darío, sujetándole.

Se acercó a Melinda y la abrazó. –Lo siento, lo siento preciosa… -se disculpó llorando. Miró a Melinda, tenía la camiseta rota, se le veía la ropa interior, él abrió los ojos como platos. -¿Te hizo algo, ese depravado?

-No, nada… Pero creo que le ha fracturado el hombro a Marcos. –comentó algo más tranquila.

-Vamos a casa. –dijo mientras la cogía en brazos.

Darío cogió a Marcos, que aún seguía nervioso y llorando, se quejaba mucho del hombro. Los llevaron a casa, estaban al lado, Dennis ya había vuelto pero no sabía nada, al ver al niño llorando y a Melinda con la camiseta rota se alarmó mucho. -¿Qué ha pasado?
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Adoro esta historia, de verdad, tiene todo lo que me gusta en una historia.
Continua asi wapisima

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