Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 18 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 22

22º- Pequeñas alegrías

-Revisa a Melinda y Marcos puede tener una fractura en el hombro… -comentó Cristian dirigiéndose al comedor.

Dennis cogió su maletín y revisó primero a Marcos, era cierto que tenía una fractura, así que le tuvo que inmovilizar el brazo. Melinda no tenía nada físicamente, tan solo un ataque de ansiedad.

-¿Qué ha pasado? –preguntó nervioso.

-Enrique nos atacó, Darío no sé cómo llegó y se lo impidió. Se pusieron a pelear y mientras llamé a Cristian. –explicó Melinda.

-Yo llegué porque, como todas las tardes, iba a verte, al ir a buscar sitio para aparcar vi toda la escena y fui en tu ayuda. –comentó Darío.

-Bueno, pondremos una denuncia, esto ya no puede ir a más. Tiene que pagar por esto y por lo de tus padres. –contestó Dennis muy serio.

-Pero no creo que Melinda deba ir, se pondría más nerviosa y no le conviene ni a ella ni al bebé.

-Lo sé, id vosotros dos, yo me quedo con ellos. –contestó Dennis.

Se marcharon a la comisaría y pusieron la denuncia. Allí Darío se encontró con una antigua compañera del ayuntamiento, estaba renovando el DNI; y hacía unos meses que se había marchado, y al verla… se le iluminaron los ojos…

-Hola, ¡cuánto tiempo!… -dijo Samanta

-Sí mucho, y… sigues tan preciosa. –comentó mirándola a los ojos.

Cristian se había quedado con la boca abierta, vio que se habían gustado y quiso dejarles intimidad. –Te espero en el coche. –comentó.

Darío se quedó un rato hablando con ella, la verdad es que siempre le había parecido una chica encantadora, pero como había estado enamorado de Melinda no se había fijado.

Quedaron para el fin de semana siguiente, irían a cenar. Lo cierto es que Darío se había quedado asombrado, jamás pensó en ver a otra chica que no fuera Melinda pero estaba tan contento… se le estaba cayendo la baba.

Se montó en el coche y Cristian empezó a reírse. –Tío, ¡Qué cara se te ha quedado! Jeje pero me alegro mucho, parecía buena chica. –comentó.

-Sí que lo es. De hecho, de no haber estado tan pillado por Melinda le hubiera pedido salir antes, hemos quedado para vernos en el fin de semana. –respondió. –Y me ha dicho que va a traer a su hermana Adriana, con su novio Pedro y un amigo, tal vez Delia quiera venir, y podríais venir vosotros, así estaríamos todos en plan pareja.

-Melinda se va a poner loca de contenta. Le va a parecer estupenda la idea, estoy convencido. –dijo alegre.

-Volvieron a casa, Melinda ya estaba más calmada, se había dado una ducha y cambiado de ropa; estaba tumbada en el sofá viendo la tele. Nada más verlos intentó levantarse. –Preciosa, no te levantes. Tienes que descansar. –dijo dándole un beso muy tierno.

-Claro, a descansar, que esa barriguita esta inmensa. –comentó riéndose.

-¿Tan mal estoy? –preguntó haciendo un puchero.

-Pues claro que no, estás perfecta. Es que está en las nubes por Samanta y no se entera de nada. Ni piensa lo que dice. –contestó Cristian cogiendo su mano.

-¿Samanta? ¿Quién es? –preguntó intrigada.

-Una antigua compañera del ayuntamiento, hemos quedado para el sábado, vendrá con su hermana y el novio, y un amigo, y pensé que podría venir Delia y vosotros también, así todos en plan pareja. –comentó sonrojado.

-Te has puesto rojo… ¡Te gusta! –dijo casi gritando.

Eso hizo que Darío se sonrojara mucho más. –Yo… pues… yo… no sé, no sé si… tal vez… me guste un poco… -balbuceo mirando al suelo.

-Me parece estupendo, además así salgo un poco, pero… ¿Qué me pondré? Voy a estar espantosa… -dijo triste.

-Tú no estarías espantosa con nada. Pero podías ponerte ese vestido morado que te queda tan bien, y me encanta… -comentó Cristian con una sonrisa.

-Gracias, amor… -dijo sonrojada.

El resto de la semana transcurrió tranquila, bueno, salvo para Darío que estaba como un flan por los nervios, y Delia, que no estaba muy convencida de ir a eso de una cita a ciegas, pero la convencieron y aceptó.

Para el gran día al final se decidió que la cena sería en un restaurante cercano llamado La Bámbola, un restaurante italiano precioso al que ya habían ido Cristian y Melinda en alguna ocasión.

Melinda se puso el vestido morado, no le convencía del todo, pero era con lo que mejor se veía. Evidentemente se puso manoletinas, ni por asomo podía ponerse tacones. Se maquilló ligeramente, no le gustaba ir muy llamativa, pero si le gustaba resaltarse los ojos.

Se quedó observándose en el espejo de la habitación, se veía fea, se veía gorda y espantosa. Cristian la abrazó por detrás apoyando las manos en su barriguita abultada de casi 6 meses. -¿Qué miras tanto?

-Que estoy espantosa y gorda, parezco una foca… -dijo triste.

-No digas tonterías. Estás preciosa, con la barriguita estás adorable, y llevas dentro un tesorito. –contestó con una sonrisa.

Se agachó para que su cabeza se quedara a la altura de la barriguita. -¿A qué mamá está preciosa? –preguntó con sus labios pegados a la barriguita, para poner luego la oreja y hacer como si escuchara a alguien. – ¿Lo ves? Nuestro tesoro también piensa que estás preciosa.

Ella no pudo evitar sonreír, Cristian siempre conseguía alegrarle el día por muy mal que se sintiera, y había hecho que no se viera fea. Se fueron a buscar a Delia y Darío, ellos cuatro irían juntos al restaurante.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

que monooooooooooooooooooooooooooooooo
Me encanta cristian, de verdad ^^
Y esta historia es magnifica, tiene todo lo que me gusta.
COntinua asi

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