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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 19 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 24

24º- Terror y tranquilidad

Caminaron hasta que pararon en una de las calles, no estaba muy transitada dada las altas horas de la noche. Delia se apoyó en la pared y Javier se acercó mucho a ella, tanto que sus narices se rozaban.

Se acercaron más hasta que sus labios se juntaron, se besaban suavemente, jugueteando con sus lenguas. Sus respiraciones empezaron a volverse irregulares, y la intensidad del beso se incrementaba.

Javier metió la mano por debajo del vestido de Delia, para acariciarla, pero ella… quitó la mano, no quería hacer algo así en la calle, necesitaba un ambiente más íntimo. Pero Javier volvió a poner la mano bajo su vestido, inmediatamente Delia la volvió a apartar.

-Vamos, no seas así… -comentó besándola por el cuello.

-No, no quiero hacer esto aquí. –dijo intentando apartarse.

-Venga anda… te pasas toda la cena con tonterías para ahora hacerte la puritana… menuda calienta pollas que estás hecha. –contestó despectivamente.

-Oye, no me faltes al respeto.

Javier cambió su semblante, subió los brazos de Delia para agarrarle las muñecas con una de sus manos como si fueran unas esposas. Con la otra mano empezó a manosearla y le subió el vestido.

Ella se resistía todo lo que podía pero Javier era musculoso y le resultaba imposible soltarse. De un empujón la tiró al suelo, se puso encima y volvió a atraparla las manos. –Déjame, no me toques…

-No te resistas, si sé que lo estás deseando… Mira como me estás poniendo… -dijo rozando su zona íntima con la de Delia, aún con las ropas puestas pudo notar que estaba erecto.

Subió más su vestido y empezó a tocarle en su zona íntima, ella comenzó a llorar, sentía mucho asco y estaba asustada. Javier se bajó los pantalones para sacar su miembro y la penetró de forma salvaje.

Ella sintió un dolor agudo y él comenzó a moverse de forma descontrolada. Delia lloraba y lloraba intentaba escapar pero no podía, mientras con los ojos llenos de lágrimas observaba a Javier.

-Um… madre mía, sabía que me darías mucho placer… -susurró.

Delia no supo cuanto rato estuvo moviéndose Javier, hasta que paró de golpe y notó como los fluidos de Javier entraban en su cuerpo. Entonces se levantó y se subió los pantalones. –Gracias, me lo he pasado en grande, espero que repitamos… -dijo para luego marcharse.

Delia se quedó en el suelo, sentía dolorida su zona íntima, pero como pudo se subió la ropa interior y se colocó el vestido. Se levantó, tenía toda la ropa manchada de la porquería del suelo y en el brazo se vio un moratón a causa del empujón.

Caminó como un zombi, sin rumbo fijo, miraba al suelo, no sabía ni las calles por las que caminaba. Hasta que una mano la sujetó por el brazo que no tenía moratón, y eso la sacó de su trance. Pero al mirar y ver un hombre se asustó. -¡NO ME TOQUE! Aléjese de mi… -dijo llorando.

-Tranquila, no voy a hacerte nada, ¿Qué te ha pasado? Estás herida ¿Verdad? –preguntó el desconocido.

Delia observó que era un chico moreno con los ojos verdes, era muy guapo y tenía una expresión amable, no parecía mala persona, eso calmó ligeramente a Delia. –Yo… es que… me… un chico me ha… -contestó nerviosa con las lágrimas cayendo por sus mejillas.

-¡Dios santo…! ¿Te han violado? –dijo alarmado.

Delia no respondió tan solo comenzó a llorar mucho más. El desconocido al verla sufrir tanto, tuvo el instinto de abrazarla, pero ella instintivamente con el miedo que tenía se apartó abrazándose a sí misma. – Quiero hablar con Melinda… -pidió.

-¿Quién es? ¿Alguna amiga?

-Sí, necesito… la necesito… -contestó llorando.

-¿Tienes su número? –preguntó.

Delia sacó el móvil del bolso, marcó el número y se lo dio al desconocido. Ese chico supuso que no podía ni decirlo… A los dos tonos descolgaron el teléfono. –Dime nena, ¿Qué tal la noche? ¿Aún estás con Javier? –dijo la voz de una chica.

-Eh… Hola. Me llamo Kirian y… estoy con una amiga tuya o eso creo. ¿Eres Melinda?

-Sí soy yo. ¿Y Delia está bien? ¿Por qué tienes su móvil? –preguntó alarmada.

-Es que… me la he encontrado aquí en la calle y… creo que la han violado… -contestó dubitativo.

-¿QUÉEEEEEEEE? Dime dónde estás que voy ahora mismo.

-No, ve al hospital, me la llevo para que la examinen. –contestó y colgó.

-Vamos, te llevo al hospital, tengo el coche aquí al lado. Tranquila. –comentó con voz amable.

Delia caminó a su lado, no quería que la tocara, pero solo con estar cerca se sentía protegida. Se montaron en un coche, un Audi negro precioso. Se montó en el asiento del copiloto y se puso el cinturón, aún caía alguna lágrima por sus mejillas.

…………………………….

Era tarde, Melinda estaba dormida, pensando en la cena y en sus dos amigos, no sabía si habrían ligado o no, si al final se habrían enrollado con Javier y Samanta. A eso de las 3 de la mañana sonó el móvil, al mirar en la pantalla vio que era Delia y lo cogió en seguida.

–Dime nena, ¿Qué tal la noche? ¿Aún estás con Javier? –dijo alegre.

-Eh… Hola. Me llamo Kirian y… estoy con una amiga tuya o eso creo. ¿Eres Melinda? –Dijo la voz de un chico joven.

-Sí soy yo. ¿Y Delia está bien? ¿Por qué tienes su móvil? –preguntó Melinda alarmada.

-Es que… me la he encontrado aquí en la calle y… creo que la han violado… -contestó dubitativo el chico.

-¿QUÉEEEEEEEE? Dime dónde estás que voy ahora mismo.

-No, ve al hospital, me la llevo para que la examinen. –contestó y colgó.

De las voces que dio, se despertó Cristian. -¿Qué pasa? ¿Por qué gritas? ¿Quién llama a estas horas…? –se quejó Cristian.

-Delia, que la han violado, me ha llamado un chico que se la ha encontrado y la lleva al hospital. –dijo comenzando a llorar.

-Madre mía… Bueno tranquila, vamos ahora mismo. Pero tienes que estar calmada, si veo que te alteras te traigo de vuelta, que en tu estado tienes que evitar sobresaltos. –contestó Cristian.

-Vale.

Se vistieron todo lo deprisa que pudieron y Cristian le dijo a sus padres lo ocurrido. –Cuando sepáis algo nos llamáis ¿Vale? –dijo Annette.

-Tranquila, te llamo. –dijo antes de salir por la puerta directos al coche, Melinda se montó en el asiento del copiloto con ayuda de Cristian.
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