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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 20 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 25

25º- Mala noticia

Ni Kirian ni Delia hablaron nada durante el trayecto hasta el hospital. Ella no sabía lo que decir, estaba aún muy asustada, jugueteaba con sus manos, y Kirian no quería presionarla.

Llegaron en poco rato, se acercaron a la ventanilla de información, había una chica de unos 30 años morena y algo rellenita. –Buenas noches. ¿Qué querían?

-Pues… creo que han violado a esta chica, la traigo para que la revisen. –comentó lo más bajito que pudo.

La chica abrió los ojos como platos ante lo que acababa de escuchar. –Pero… ¿Usted es su novio o familiar?

-No, es que la encontré vagando por la calle. Por favor… ella necesita que la revisen, y si pudiera ser una mujer mejor, me ha costado Dios y ayuda traerla aquí.

-Está bien, esperad un momento en la sala de espera. –comentó mientras les señalaba una pequeña salita.

Se sentaron en asientos contiguos pero Delia seguían sin hablar, al menos había parado de llorar. Kirian la miraba de reojo y pensó para sus adentros “es tan hermosa… ¿Cómo ha podido nadie hacerle algo así? “. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la chica de la ventanilla.

-Mira, este es el chico que te acabo de comentar.

-De acuerdo. Hola, soy la doctora Kira Domenech. Pasemos a un box y me cuenta todo lo ocurrido. –comentó una mujer joven rubia y alta.

Kirian se levantó y Delia hizo lo mismo, miraba al suelo mientras caminaban al box. Kirian tuvo un impulso de agarrarla por la cintura para abrazarla, quería protegerla, que se sintiera segura y a salvo entre sus brazos…

Delia se tumbó en la camilla y la doctora le tomó la tensión, le revisó el abdomen y el moratón del brazo mientras Kirian le contaba lo poco que sabía. –Está bien, ahora debe salir, tengo que hacerle una exploración para comprobar si es cierto.

Kirian fue a la sala de espera, pues la doctora dijo que le avisaría cuando hubiera terminado. Estaba nervioso y preocupado por esa chica tan bonita, no era justo que la hubiera pasado algo así.

……………………………….

Melinda y Cristian llegaron rapidísimo al hospital, él conocía a la chica que estaba en información, se llamaba Lizbeth Domenech, era la hermana de la ginecóloga del hospital y le conocían desde pequeño al trabajar su padre ahí.

-Hola Cristian, ¿Cómo tú por aquí? –preguntó al verle entrar.
-Pues han violado a una amiga nuestra y venimos a ver cómo está. Por lo visto la iba a traer un chico. ¿Sabes si ya llegaron? –preguntó preocupado.

-Creo que sé a quien te refieres. Mi hermana le está haciendo una exploración. El chico que la ha traído es ese chico moreno con los ojos verdes, que está en la sala de espera. –dijo señalándole con la mirada.

-Gracias.

Entraron en la sala de espera directos a ese chico que estaba triste, inmerso en sus pensamientos. -¿Tú eres Kirian el chico que has traído a Delia?

-Sí, soy yo. Aún la están explorando. –comentó. Miró a Melinda y su abultada barriguita. –Tú debes de ser Melinda.

-Sí, soy yo. Gracias por traerla. –contestó a punto de llorar.

-Preciosa, ¿Qué fue lo que hablamos en casa? Que si te alterabas mucho te llevaba de vuelta. –le recordó Cristian muy serio.

-Lo sé, pero quiero estar aquí, Delia me necesita. –contestó conteniendo las lágrimas.

-Es mejor que te sientes. –dijo Kirian ofreciéndole un sitio al lado.

Melinda se sentó, ella se sentía muy torpe e inútil pues necesitaba ayuda para levantarse y sentarse en las sillas, pues su barriguita estaba demasiado grande para el tiempo que tenía de embarazo.

-¿Y qué es lo que sabes? –preguntó Melinda una vez estuvo más calmada.

-Pues lo cierto es que casi nada. La encontré vagando por las calles, llevaba la ropa manchada e iba llorando. Me acerqué y le pregunté, no me dejaba ni que la tocara y bueno tal con lo que empezó a decir lo deduje en seguida. –explicó.

-Gracias, de verdad. Si no la hubieras encontrado no sé lo que la hubiera pasado. Entonces ha debido ser Javier, menudo cerdo… -dijo enfurecida.

-Tranquilízate, da igual quien haya sido, en cuanto salga de aquí vamos a poner una denuncia. –contestó Cristian.

Entró en la sala una doctora que nada más ver a Cristian sonrió. –Hola, ¿Cómo tú por aquí? Tú padre no tiene guardia.

-Lo sé es por una amiga a la que han violado, tu hermana nos ha dicho que la estabas examinando. –contestó Cristian.

-¿Es amiga vuestra? –preguntó sorprendida. –Pues… lo siento pero no traigo buenas noticias… Es cierto que ha sido violada… lo lamento mucho. –dijo. –Como es un caso de violación hay que dar parte y vendrá la policía.

-Me lo imaginaba, pero casi mejor, hay que poner una denuncia, no se puede dejar pasar algo así. –respondió apretando los puños.

-¿La puedo ver? –preguntó Melinda.

-Tú debes ser Melinda ¿Verdad? No paraba de preguntar por ti. Te está esperando, pero intenta que no se ponga nerviosa. –comentó.

-Vale. –dijo pidiendo la mano a Cristian para que la ayudara.

-¿Quieres una silla de ruedas? –le preguntó al ver la prominente barriguita.

-No hace falta, me viene bien andar, si no luego me duele la espalda. –contestó Melinda con una sonrisa.

-Por razones obvias, vosotros dos es mejor que no paséis. Si no lo único que pasaría es que se alteraría mucho. –explicó.

Ellos tan solo asintieron con la cabeza y se quedaron sentados en la sala de espera. Mientras Melinda iba con la doctora a la habitación a la que habían llevado a Delia. -Si necesitáis cualquier cosa decídmelo.

Melinda asintió antes de abrir despacio la puerta de la habitación, se asomó y en la cama estaba su amiga. Miraba por la ventana con la mirada perdida, sin mirar a nada en concreto, pero al escuchar el ruido de la puerta giró la cabeza asustada, al ver a su amiga se relajó.
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