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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 24 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 33

33º- La sorpresa

En unos días les dieron el alta a Melinda y Evelyn, ya tenían ganas de salir del hospital, Cristian estuvo durmiendo allí todas las noches, no podía separarse ni 5 minutos de sus dos princesas.

Llegaron a casa en el Honda Cívic de Cristian, ayudó a Melinda a bajar del coche y sacó a la niña de la sillita del coche, para cogerla en brazos. Los tres entraron en casa. –Mamá, ya hemos llegado.

Pero nadie respondió, se dirigieron al comedor, que estaba a oscuras, y cuando encendieron las luces, oyeron un grito. – ¡SORPRESA! –Allí estaban Dennis, Annette, Darío, Samanta, Adriana, Pedro, Kirian y Delia.

Melinda estaba emocionada por el recibimiento, se había quedado sin palabras por la gran sorpresa. –Sois estupendos… muchísimas gracias, no teníais porqué.

Delia fue la primera en acercarse a su gran amiga y se dieron un largo abrazo, Melinda estaba llorando de la emoción y la alegría. –Te lo mereces… sabes que te quiero con locura.

Todos fueron abrazando a Melinda y a Cristian, estaban encantados con la niña, que estaba muy agitada por tanto movimiento pero estaba contenta. Disfrutaron de la pequeña fiestecita, por estar todos juntos por fin.

Melinda tuvo que estar sentada en el sofá porque le molestaban bastante los puntos. Entonces Delia empezó a reírse. –Bueno… ¡llegó el momento de los regalos!

-¿Regalos? –preguntó Melinda extrañada.

-Claro, preciosa, regalos para el bebé. –dijo Cristian.

-O sea que ¿tú sabías todo esto de la fiesta?

-Princesa, todo esto fue idea mía. Quería que tu recibimiento fuera especial. –comentó Cristian dándola un tierno beso.

Les regalaron, unos patucos blancos preciosos, varios conjuntos, tanto para de verano como de invierno, ropita interior, y demás. Cristian había permanecido a su lado en todo el tiempo hasta que se levantó con una amplia sonrisa.

-Bueno, ahora toca el mío. –comentó ayudándola a levantarse.

Ella estaba demasiado sorprendida como para decir nada, y no sabia qué regalo sería el que tendría preparado su queridísimo Cristian, estaba impaciente por saberlo, pero quiso ser todo lo paciente que pudo.

-Yo quiero que tengamos nuestro propio hogar, ya que ahora tenemos a nuestra pequeña. –dijo mirando a la niña que estaba en brazos de Annette. –Así que uno de mis regalos es una cuna para la niña. Y… el otro regalo pues…

Ella estaba emocionada con toda la fiesta, los regalos, la cuna, y le esperaba otro regalo. Esperó impaciente y Cristian sacó un papel del bolsillo, se lo dio a Melinda que lo desdobló impaciente.

Al desdoblarlo, observó un plano de una casa, era una casa con 3 habitaciones amplias, dos baños, un gran comedor y una amplia cocina. Melinda se quedó con la boca abierta al verlo. -¿Una casa?

-No “una” casa, sino “nuestra” casa. –contestó con una gran sonrisa.

-Pero… no puedo aceptarlo… -dijo aún sorprendida.

-Claro que sí. –interrumpió Delia. –Además todos hemos ayudado a decorarla para que mañana mismo podáis ir y mudaros.

Melinda lloró con más intensidad de la emoción por todos los regalos, por los amigos tan estupendos que tenía y por su querido novio y sus padres. Ella se había quedado sin sus padres, pero tenía una gran familia que la quería y la apoyaba.

-No sé cómo daros las gracias... sois maravillosos. Pero una casa es un regalo excesivo… no lo merezco.

-Preciosa, tú mereces todo lo mejor. –comentó abrazándola con delicadeza.

La fiesta fue tranquila pero estuvieron muy alegres, todos ellos, estuvieron hablando de la boda. Darío quería la opinión de sus dos amigas para todo, eran sus dos grandes apoyos, y quería contar con ellas en todo lo relacionado con la boda.

-A mí de flores las que más me gustan son las calas blancas. –dijo feliz.

Samanta sonrió ante el gusto floral de Melinda. –Esas flores me encantan, y también los tulipanes.

-Pues entonces decidido, habrá tulipanes y calas blancas. –añadió Darío.

Adriana y Pedro estuvieron algo callados toda la fiesta, Melinda se imaginó que era por todo el asunto de Javier, a fin de cuentas era un amigo suyo. Y saber que había hecho una cosa tan horrible no debía ser agradable para ellos. Pero Melinda no quería pensar en todo ese tema, así que disfrutó de la fiesta con toda su familia.

Empezó a hacerse tarde, y Evelyn comenzó a llorar, tenía hambre y reclamaba su alimento. –La pequeña me reclama.

-Claro, tranquila. Es tarde, nos vamos y así descansáis. –comentó Delia abrazándola.

Se despidieron de ellos y Melinda se fue a la habitación con la niña en brazos, se sentó en la cama apoyando la espalda en el cabecero y se subió la camiseta para dar de mamar a la pequeña que estaba hambrienta.

A los pocos segundos entró Cristian en la habitación, y se quedó mirando la bonita escena con una sonrisa. –Es tan pequeñita y preciosa…

-Y tiene mucha hambre. ¿Ya se han marchado?

-Sí, se acaban de ir. Bueno, ¿Te gustó la sorpresa? –preguntó sentándose a su lado en la cama.

-Mucho, pero no era necesario.

-Claro que si, mereces ser feliz y sabía que te haría mucha ilusión.

-Gracias, mi amor, eres estupendo. –contestó besándole.

La niña terminó de mamar y Cristian la llevó a su cunita nueva, era preciosa, en un tono azul cielo y con un móvil de florecitas de colores, la niña se había quedado maravillada al verlo.

Melinda se tumbó en la cama, había sido un día largo y de muchas emociones, además necesitaba descansar en su cama, junto a su querido novio. Cristian se metió en la cama y la abrazó por la espalda, dándole un tierno beso en el cuello que la hizo estremecer.

-¡Qué ganas tenía de tenerte conmigo otra vez…! –suspiró.

Melinda se dio la vuelta con cuidado para poder mirarle. –Yo también, además esa cama de hospital era incomodísima. Pero… mañana ¿puedes hacer algo por mí?

-Claro, preciosa, lo que quieras. Pídelo.

-Mañana quiero lacasitos, hace mucho que no los como. –dijo poniendo ojitos.

Cristian no pudo evitar reírse ante la petición, pero sabía lo mucho que le gustaban los lacasitos. –Claro, mi niña, todos los que quieras.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

ME ha encantado, es genial
Sigue así wapisima

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