Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 25 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 34

34º- Sospechas…

Esa noche durmieron plácidamente, pues afortunadamente la niña cuando se dormía lo hacía profundamente, tan solo se despertó para comer, era una niña muy buena.

Cristian se pudo coger los 15 días por paternidad, la verdad es que era algo bueno, pues estaba encantado con su niñita. Aunque para su desgracia, no podían darse determinadas muestras de cariño por los puntos del parto.

Fueron pasando los meses, lo estaban preparando todo para la boda de Darío y Samanta, quedaban tan solo 1 semana para la boda, Melinda había escogido un vestido largo por petición de Samanta, de color azul cielo, con escote de pico, y tirantes muy finos, por la parte del escote tenía unas hileras de cristales de Swarovski.

Pero no consintieron en que viera los trajes de los demás, con la excusa de tener que estar con la niña, se las ingeniaron para ir a las horas que ella no podía. Pero Melinda creía que era solo para que así cada uno tuviera la sorpresa de ver a los demás el día de la boda.

La pequeña Evelyn crecía por momentos, y Melinda estaba cada día mejor, se notaba que se le daban bien los niños, le había escogido un vestidito del mismo azul, pero de manguita corta y un lacito blanco en la cintura.

Una tarde llamó Delia, como todos los días hacía para hablar con su querida amiga y preguntar por la niña. –Hola nena. ¿Cómo va esa princesita?

-Muy bien, cada día está más guapa y más grande. ¿Y a ti como te va con Kirian?

-Pues…anoche por fin… estuvimos juntos.

-¿Si? ¿Y fue bien?

-Sí, la verdad es que surgió, no lo teníamos planeado, y todo fue muy bien. Fue tan cariñoso conmigo… Estoy muy feliz. –contestó.

-Me alegro muchísimo, ¿Ves cómo al final tenía yo razón?

-Lo sé. Gracias por dejar que te diera el coñazo.

-No digas eso, sabes que somos amigas. –respondió Melinda.

Hablaron un largo rato y luego colgaron, Melinda quería darse una ducha y relajarse un rato. Pero no podía dejar solos a Marcos y a Evelyn, aunque Marcos sabía que tenía que tener mucho cuidado. Ella no iba a dejarlos solos, así que decidió esperar a que llegara Cristian.

No tardó mucho en llegar, ella se alegró mucho de oír el tintineo de las llaves abriendo la puerta. Fue directa a la puerta para saludarle con un tierno beso, él se quedó sorprendido. –Hola, ¡menudo recibimiento!

-Es que te echaba de menos… - dijo abrazándole.

Cristian no respondió, se fue al comedor a ver a Marcos y se puso a jugar con él. Eso extrañó mucho a Melinda, él nunca hacía eso, normalmente sus besos eran muy intensos y siempre le decía cosas bonitas nada más verse.

Supuso que estaba cansado, así que le dijo que se iba a la ducha para relajarse un poco. Terminó de ducharse, iba a ir a la habitación con la toalla puesta para coger la ropa, pero escuchó que Cristian hablaba en la habitación con alguien.

-No puedo hablar mucho rato, Melinda se está duchando y no tardará en salir. –dijo muy bajito.

Eso extrañó mucho a Melinda, con quién estaría hablando para que no quisiera que ella lo escuchara. Entonces empezó a mosquearse, así que aunque no debía, se quedó escuchando al lado de la puerta.

-Ha estado genial lo de hoy, mañana repetimos, tenemos muchas cosas que hacer juntos todavía. –contestó con voz alegre para estar en silencio unos segundos.

Melinda estaba alucinando en colores, esas cosas no eran normales, tanto secretismo y eso de que tenía que repetir, le estaba poniendo la mosca detrás de la oreja, hasta que volvió a escuchar hablando a Cristian.

-Melinda no sospecha nada, no puede enterarse. Seguiremos haciéndolo como hasta ahora, para que no se de cuenta de nada. Mañana nos vemos. Adiós.

Le estaba engañando, no podía ser otra cosa, sino no entendía tanto secretismo a qué venía, y eso de que no se podía enterar. Todo encajaba, pero no podía ser, Cristian no la engañaría.

Pero no podía negar lo que acababa de escuchar, ¿qué cosas haría que no quisiera que ella se enterara? Desde luego nada bueno, porque si no cuentas algo es por alguna razón. Antes de que Cristian saliera de la habitación se encerró en el baño, no quería que supiera que le había escuchado.

Cuando escuchó que los pasos se alejaban hacia el comedor salió del baño para entrar en la habitación. Cogió la ropa y se vistió, mientras que un mar de lágrimas comenzaba a caer por sus mejillas.

Se acurrucó en una esquina de la habitación, no podía creerse que Cristian le estuviera poniendo los cuernos, pero lo que había escuchado no dejaba lugar a dudas… lloró de forma descontrolada hasta que se desahogó un poco.

No podía salir al comedor así o Cristian se daría cuenta, así que fue al baño y se lavó la cara. Aún así se miró en el espejo y se notaba que había estado llorando, porque cuando lloraba el verde de sus ojos se volvía casi fosforito, tendría que evitar la mirada de Cristian hasta que volvieran a la normalidad.

Se sentó en el sofá lo más lejos que pudo de Cristian pero de forma sutil, no quería que se diera cuenta de que la pasaba algo. Estuvieron viendo la tele, así que lo tuvo fácil para no tener que mirarle a la cara.

Acabó la película y Cristian se acercó a ella para abrazarla, pero Melinda no respondió a ese abrazo. Cristian pensó que estaba de broma, así que empezó a besarla por el cuello con suavidad. Pero ella se apartó.

-¿Qué te pasa?

-Nada, no estoy de humor.

A Cristian le había pillado tan de sorpresa la reacción de Melinda que no dijo nada, tampoco quería molestarla. Ella se levantó y se fue a la habitación a ver la niña, estaba dormidita con su pijamita de animalitos.

La cogió con mucho cuidado y empezó a dar pequeños paseos por la habitación, tenía que calmarse o le montaría un escándalo a Cristian por lo que acababa de escuchar, así que pensó que estando con la niña se relajaría.

No tardó mucho en ir Cristian a la habitación, se acercó a Melinda y besó la frente de la pequeña. –Cada día está más guapa, como su mamá.

-Sí tú lo dices… -dijo en tono seco.

-¿Qué es lo que te pasa hoy? ¿Estás enfadada por algo? –preguntó extrañado.

-¿A mi? No me pasa nada, a lo mejor es a ti al que le pasa algo. –contestó sin mirarle. –Y deja de hablar que al final vas a despertar a la niña.

Cristian salió de la habitación sin mediar palabra, ella nunca había sido así, Melinda siempre era dulce, cariñosa, siempre tenía una sonrisa dibujada en la cara, no comprendía su actitud.

Melinda dejó con cuidado a la niña en la cuna, cogió su móvil y marcó el número de Delia, mientras por sus mejillas volvían a caer muchísimas lágrimas sin control.

-Hola nena, parece que me llamas otra vez, es que ¿Ha pasado algo?

-Es que… -dijo entre sollozos.

-Mel, ¿Estás llorando? ¿Qué te pasa?

-Cristian… creo que… creo que me está engañando con otra… -terminó de decir para llorar con más intensidad.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

MMMMMMMMMM
Los dos se comportan como tontos

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