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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 28 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 38

38º- La segunda sorpresa

Después de toda la ceremonia y de salir a la lluvia de arroz, se dirigieron al salón de boda, para el banquete, estaba muy cerca de la iglesia, pero los dos matrimonios fueron en el coche.

Llegaron y les recibieron entre aplausos con Claro de Luna de Debussy, Melinda la conocía muy bien, pero no sabía cómo lo había sabido Cristian. – ¿Cómo sabías que me gusta?

-Me lo dijo un pajarito. –contestó con una sonrisa pícara.

Ella sonrió desmesuradamente, sabía la respuesta no era necesario que Cristian dijera nada. –Delia… ¿verdad?

-Sí y bueno tengo otra sorpresa, como ya te dije. Aunque antes comeremos algo. –respondió abrazándola.

-Pero yo no quiero esperar, llevo mucho esperando… -dijo haciendo un puchero.

-No seas impaciente, además el postre te va a encantar. –contestó sacándole la lengua.

Se sentaron a comer, aunque los novios como era habitual fueron pasando por las mesas para saludar a los invitados, para hacerse algunas fotos y demás. Los cuatro estaban inmensamente felices, sobre todo Melinda. Estaba feliz porque después de lo mal que lo había pasado Darío, por fin estaba con una chica estupenda y que le correspondía los sentimientos.

Pero ella no paraba de pensar en la otra sorpresa que tenía que darle Cristian, estaba impaciente, casi no comió, salvo el postre, una tarta de mousse de chocolate muy cremosa.

-Se acercó al oído de Cristian lo más cerca que pudo. –Oye, mi amor, ¿ya puedo saber cuál es la otra sorpresa?
-Está bien, espera un momento que tengo que preparar algo. –comentó levantándose de la silla.

Se levantó y se fue hacia uno de los camareros, estuvo hablando con él, durante unos minutos. El camarero llamó a otros camareros que se pusieron a apartar un par de mesas que estaban vacías, las pegaron a la pared. Entonces dos camareros más destaparon una parte del salón que tenía una cortina.

Al quitar la cortina se quedó al descubierto un piano de cola, era precioso, parecía nuevo como recién salido de la tienda. Cristian se puso al lado del piano y con una copa dio unos toquecitos para que la gente se quedara en silencio.

-Como algunos ya saben, voy a dar una sorpresa a mí ahora mujer, espero que os guste a todos, y que lo disfrutéis. Pero para que la novia no se pierda detalle y los otros dos novios tampoco necesito que se pongan aquí en unas sillas. –explicó.

Darío y Samanta se sentaron con una sonrisa, Melinda estaba algo desorientada y perdida, pero se sentó en la silla que le habían preparado. –Madre mía... Miedo me dais… -comentó moviendo la cabeza a los lados.

-Disfruta de la sorpresa. –Comentó Darío besando su mejilla.

Cristian le dedicó una sonrisa arrebatadora a su esposa y se sentó en el asiento del piano. Todo el mundo se quedó en un silencio sepulcral, y Cristian comenzó a tocar una melodía.

Melinda intentó saber a qué autor pertenecía pero no era ninguna melodía que hubiera escuchado. Era una melodía con mucha armonía, similar a una nana, pero no tan tranquila, con una pizca de vals y música angelical, era una melodía maravillosa, un regalo para los oídos.

De la emoción de oírla tocada por su amado, Melinda no pudo contenerse, se puso a llorar. Era un regalo precioso, ver tocar a su querido Cristian, ya que nunca había podido oírle ni verle tocar el piano.

Cuando acabó la melodía todo el mundo se puso a aplaudir y a silbar, estaban emocionados y muy contentos por tal magnífica melodía. Cristian se acercó a Melinda que le abrazó con las lágrimas en su rostro.

-Es un regalo precioso, ¿Qué melodía es que no la conozco?

-La he compuesto yo, el día que te conocí la comencé y la he estado retocando desde entonces para que fuera la melodía perfecta, una que expresara todo lo que siento por ti. –contestó besándola.

-Mi amor, no sé que decir, bueno tan solo que es una dulce sinfonía. La más hermosa que jamás había escuchado. –dijo con lágrimas de felicidad cayendo por su rostro.

Todo el mundo aplaudió ante el beso, y cuando acabaron se acercaron a Darío y Samanta. –Espero que a vosotros también os haya gustado.
-¿Bromeas? Ha sido una pasada, tío, de verdad. –comentó Darío abrazándole.

-Gracias…

-Ha sido precioso de verdad. Todo un detalle. Gracias por dedicarlo también para nosotros. –dijo Samanta abrazándole.

Pero pusieron el vals para que las dos parejas bailaran primero como era la tradición, luego los demás se unieron al baile y fue una fiesta muy entretenida todos disfrutaron mucho.

La fiesta estaba siendo un éxito, todos estaban muy felices, Melinda estuvo un rato con su niña, que reclamó alimento y se fue al baño con Delia para no darla de mamar delante de todos los invitados.

-Estoy tan feliz… - dijo mientras mamaba la niña.

-Sabíamos que te ibas a sorprender mucho.

-Fuisteis algo malos ocultándomelo pero la verdad es que las sorpresas han sido estupendas.

-Oye Mel… sé que no debería decírtelo y menos en tu boda que debe ser un día para recordar pero… es que si no lo cuento voy a reventar. –comenzó a decir. –Es que… verás… estoy… embarazada.- dijo con timidez.

-¡Es fantástico, mi niña! –contestó abrazándola como pudo.

-Ya pero… no puedo estar todo lo contenta que me gustaría.

-¿Kirian no se lo ha tomado bien? –preguntó preocupada, colocándose el vestido porque la niña había terminado.

-Sí, está encantado y quería que yo os lo dijera pero… hay algo más.

-¿Algo más? ¿A qué te refieres?

-Desde hace unos días, Javier me manda mensajes al móvil y me llama para amenazarme a pesar de la denuncia que le pusimos… De hecho, no sé cómo se enteró de la boda, y dijo que le vería. No he dejado de mirar a todos lados por si le veía aparecer. –explicó asustada.

-¿Y por qué no nos lo dijiste?

-No quería preocuparos. –Se excusó.

No digas eso. Ahora se lo vamos a decir a los demás y que llamen a la policía para asegurarnos de que no pueda entrar aquí. –contestó Melinda tirando del pomo de la puerta, pero ésta no se abrió.
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