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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 9 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 4

4º- Conocerse un poco

Melinda suspiró al oír unos pasos que se acercaban al comedor, suponía que sería Cristian con su padre para presentárselo. Le dio al niño a Delia para que lo cogiera y ella se levantó.

Se quedó sin palabras, pues volvía Cristian con un hombre muy joven y era guapísimo, aunque no llegaba a ser tan hermoso como Cristian, lo cierto es que era un hombre muy guapo también.

-Hola. Tú debes de ser Melinda, mucho gusto, soy Dennis el padre de este par. –dijo muy cortés.

-Encantada de conocerle, pero puede llamarme Mel. –respondió.

-Manito, la pofe dise que ere gapo y pefeto. –interrumpió Marcos.

Melinda abrió los ojos como platos, y Delia también; la pobre Melinda no sabía ni donde meterse, estaba roja como un tomate, y quería que la tierra la tragara. Cristian y Dennis se echaron a reír. –Peque, te tengo dicho que esas cosas que se escuchan no se pueden ir diciendo. –dijo Dennis mirando a Marcos.

Cristian se acercó a Melinda, levantándole el rostro con su mano en la barbilla de ella. –No es nada malo eso que has dicho. De hecho me parece maravilloso que lo pienses… -susurró con una sonrisa que dejó a Melinda casi sin respiración.

Dennis tosió, aunque más bien pareció una risa camuflada como una tos. –Bueno que… entonces eres maestra ¿No? Cristian ya me ha dicho que ya sabes más o menos la situación. Quiero que estés todas las mañanas de lunes a viernes, y bueno… había pensado que después de comer podrías ser su canguro. –comentó.

-¡Eso es fantástico! Me parece genial. –contestó ella. –Empiezo mañana mismo si quieres.

-Bueno las clases particulares no, pero es cierto que se tiene que quedar alguien con él, pues Cristian tiene clases en el conservatorio, hasta por la tarde no llega, y así va conociéndote Marcos. –respondió Dennis.

-¿En el conservatorio? –preguntó con curiosidad.

-Sí, doy clases de piano, y bueno, también toco la guitarra, aunque la guitarra solo la toco por placer. –contestó Cristian.

-A mí desde siempre me ha encantado la música, pero no se me ha dado bien aprender a tocar ningún instrumento. –dijo sonrojada.

-Bueno, mira dos profes juntos, es genial ¿No? –comentó Delia sonriendo.

-Venga, ¿y si os quedáis a cenar y así nos conocemos mejor? ¿Qué os parece? –les preguntó Dennis.

-Claro… ¿por qué no? –dijo Delia.

-Yo… vale, pero llamo a mis padres para decirles que no me esperen para cenar. –comentó Melinda cogiendo su móvil.

Salió al hall y marcó el número de su padre, lo cogió en seguida. –Hola papá, estoy en casa de los vecinos de Delia. Sí que me han cogido para el trabajo, y nos ha invitado a cenar en su casa.

-Eso es fantástico, bueno no llegues demasiado tarde. Aunque si quieres te voy a buscar cuando termines.

-Tranquilo, no te preocupes, si viera que se hace tarde me quedo a dormir en casa de Delia, que así no tienes que darte el paseo. Bueno, un beso. –colgó el teléfono.

Estaba muy contenta por todo lo que estaba pasando ese día, pero una mano que le rozó el hombro la asustó. Se dio la vuelta de golpe y vio a Cristian. –Perdóname, no quería asustarte, es que era para avisarte de que vamos a pedir que nos traigan algo de cenar y para ver qué querías. –comentó él.

-Perdóname, tú a mi, es que hace un mes, me atracaron, y desde entonces me sobresalto con facilidad. –

-¿Te atracaron? ¿Y detuvieron al ladrón? –preguntó muy intrigado.

-Lo cierto es que no, si además le conozco, es un chico del barrio, tiene mi edad y se dedica a robar para conseguir drogas. Se llama Enrique, por eso mi padre decía que si me venía a buscar para que no volviera sola. –comentó ella.

-Bueno no te preocupes, si tienes que volver, te acerco en mi coche. No quiero que te pase nada. –susurró poniendo su mano en la mejilla de Melinda.

Melinda se ruborizó y no pudo aguantar la mirada, eran unos ojos tan intensos y profundos que se perdía dentro de ellos, olvidando hasta de respirar. Su corazón se estaba acelerando por momentos, estaban cerca, muy cerca el uno del otro y podía sentir sus respiraciones. Además ella podía aspirar su dulce aroma a la colonia que tanto la enloquecía, eso la estaba nublando el juicio.

La dieron unas imperiosas ganas de besarle, se enfadó interiormente con ella misma, no le conocía casi, no podía estar pensando en esa clase de cosas. Afortunadamente los llamaron para pedir la comida y Melinda suspiró aliviada porque había despertado de su trance.

Regresaron al comedor y se sentaron en el sofá, decidían lo que pedir para cenar, Melinda no quería opinar, le daba igual lo que pidieran, no quería ser una molestia o una caprichosa. Se decidieron a pedir comida china. A ella la gustaba bastante con lo que se alegró de la elección que habían hecho.

Mientras esperaban a que llegara la comida, encendieron la tele, se había quedado puesto un DVD, la película era Silent Hill, una película de terror que Melinda conocía muy bien. – ¿Os gustan las películas de terror? –preguntó ella ilusionada.

-A mí sí, me encantan, y las sangrientas y de ciencia ficción también. –contestó Cristian.

-Son mis géneros favoritos. –respondió ella con una sonrisa.

-Madre mía y yo que me quejaba de sus gustos… espero que al niño no le hables de esa clase de películas… -comentó Dennis.

-No tranquilo, que aunque me gusten esos géneros, conozco todas las películas infantiles y tengo muchas en casa por si algún día quiere Marcos ver alguna. –dijo Melinda saliendo del apuro en el que sin darse cuenta se había metido.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Sabes que me encanta, esta historia es genial, una de las que más me gustan
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