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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 10 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 6

6º- Pequeñas muestras de amor

Melinda se despertó pronto, estaba bastante nerviosa, quería hacerlo lo mejor posible. Pero no daba pie con bola de los nervios, tiró leche en la encimera, se le cayó la cuchara al suelo, se dio un golpe con la pata de la mesa de la cocina, estaba siendo un día completo.

-Por favor, Mel, más cuidado que no llegas viva a tu primer día de trabajo. –comentó Delia riéndose.

-Lo sé, es que estoy nerviosa, quiero hacerlo bien.

-Ah por cierto esta noche viene aquí Darío a cenar, como hace tiempo que no nos vemos, así nos contamos las novedades. –comentó Delia.

-Vale, sin problemas. –respondió con una sonrisa.

Darío era un amigo de Melinda y Delia, se conocían desde el colegio también, se llevaban estupendamente. No solo eso, Darío llevaba enamorado de Melinda desde los 10 años, pero nunca se lo había dicho, y ella no lo sabía. No obstante, Darío nunca la había dicho nada, y se conformaba con ser su amigo, eso le hacia feliz.

Melinda salió de casa muy contenta, aunque no tuvo que andar mucho ya que era la casa vecina. Llamó al timbre y abrió Cristian, ella se quedó sonriendo como una tonta. –Hola…

-Buenos días ¡qué madrugadora! –comentó él mientras la dejaba pasar.

-Lo sé, es que bueno quería estar pronto aquí para que os podáis ir tranquilos. ¿Todavía no te vas al conservatorio?

-Hasta las 10 no entro, así que todavía me quedo un rato, si no te importa que te haga compañía, claro. –puso una sonrisa tan convincente que a Melinda le revolotearon miles de mariposas en el estómago.

-Claro que no, está bien. ¿Marcos ya se despertó? –preguntó ella intentando centrarse.

-No, pero le despierto ya que es tarde, así le digo que estás aquí, tiene un mal despertar.

-Ah, vale, está bien. Os espero en el comedor.

Estaban todavía en la entrada, así que ella se dirigió al comedor y él fue por el pasillo hasta la habitación. Cristian abrió despacio la puerta de la habitación de su hermanito. Se acercó a la cama y lo vio despierto. -¿Estabas despierto?

-Si, sonó ring ring. –dijo con una sonrisa.

-Era Melinda, que llamó al timbre porque está en el comedor. Hoy estarás con ella, ¿te portarás bien? –le preguntó.

-Si, yo güeno. Ella es gapa.

-Pues sí, es muy guapa. ¿Te gustaría que saliera con ella?

-Siiiii, ella me usta. –contestó riéndose.

Cristian sonrió desmesuradamente. –Venga, vamos, que nos está esperando en el comedor. Te ayudo a vestirte y luego a desayunar que me tengo que ir dentro de un rato a trabajar.

Al estar con las fracturas inmovilizadas le estaba costando bastante trabajo vestir al niño, pero al final lo consiguió. –Teno ambe, manito.

-Venga, vamos a desayunar.

Cristian llevó a Marcos en brazos hasta el comedor. –Voy a darle el desayuno, ven a la cocina y así no estás sola. –dijo mirando a Melinda con una sonrisa.

-Vale. –contestó levantándose del sofá.

Cristian le preparó leche con cacao y galletas. Melinda no pudo evitar sonreír, y Cristian al darse cuenta se extrañó. -¿De qué te ríes? Es que tengo alguna mancha o algo. –preguntó mirándose la ropa.

-No tranquilo, estás muy guapo. Es que ese desayuno que le hiciste a tu hermano es mi desayuno favorito. –comentó aún sonriendo.

-Así que piensas que estoy muy guapo, y ahora ya sé tu desayuno favorito. Me gusta como empieza el día. –dijo acercándose a ella lentamente.

Melinda se sonrojó ligeramente y agachó la mirada, le había dado demasiados datos a ese desconocido, aunque fuera a trabajar con su hermano. Pero se puso a pensar… y lo cierto es que no la importaba que Cristian supiera esas cosas de ella, si no que se alegraba.

-Me encantaría conocer más cosas de ti. Si quieres… una noche podríamos cenar juntos. –susurró muy cerca de ella.

-Yo… bueno… supongo que sí. –dijo algo retraída.

-¿Qué te parece esta noche? –preguntó con ilusión.

-Esta noche no puedo, viene a cenar a casa de Delia un compañero del cole, somos amigos los tres desde pequeños. Aunque si quieres puedes venir y así le conoces, seguro que os lleváis genial.

-Bueno… no sé… -dudaba.

-Anda, por favor… -pidió.

Cristian se estaba derritiendo ante la petición de Melinda, si le hubiera pedido que se enfrentara él solo contra un ejército, también lo hubiera hecho. Además sería una buena forma de acercarse a ella y conocerla mejor. –De acuerdo, me has convencido.

-¡Es fantástico! Seguro que lo pasamos muy bien, ya lo verás. –contestó dándole un abrazo.

Cristian se sorprendió mucho ante la reacción, pero tenerla tan cerca… puso las manos en su cintura, y su pulso se empezó a acelerar, la tenía allí entre sus brazos, no podía creerse la suerte que tenía. Hasta que Marcos interrumpió ese momento tan maravilloso. –Manito abasa a la pofe. –dijo canturreando.

Al oír eso, ambos se apartaron como si hubieran sentido un calambrazo. Se pusieron rojos y Cristian se puso a recoger la taza del desayuno de su hermano para disimular. –Eh… bueno recojo esto, y me voy. Por la tarde te veo.

-Claro. Sin problemas. –dijo Melinda muy nerviosa.

Se acercó a Marcos y le dio un abrazo con mucho cuidado. –Bueno campeón, me voy a trabajar, pórtate bien con Melinda y que lo paséis bien, ¿vale?

-Vae manito. Me poto ben. –contestó poniendo cara de bueno.

-¡Qué pases un buen día! –dijo muy alegre Melinda.

-Si bueno… va a ser un día muy largo, hasta que llegue la tarde… -la miró profundamente.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Este capítulo es uno de los que más me gusta, sigue así wapisima

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