Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 10 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 7

7º- Forjando sentimientos

Salió por la puerta y Melinda pudo respirar un poco mejor, Cristian con esa frase la había dejado sin aliento. Cogió a Marcos en brazos y le sonrió. ¿Quieres que veamos una peli y luego jugamos a algo? –le preguntó dirigiéndose al comedor.

-Siiii, peli, yo quero ve peli. –dijo emocionado.

Se fueron al comedor, y Melinda después de mucho mirar al final puso la de Buscando a Nemo. Marcos estaba encantado con la película, y Melinda disfrutó mucho viéndola con él.

Después estuvieron jugando con plasti, aunque claro Melinda le ayudaba ya que al solo tener libre una mano, no podía hacer bien las cosas. Jugaron también al veo-veo y más juegos tranquilos que no supusieran un esfuerzo físico para Marcos, sobre todo porque con lo de la cadera y el brazo dependía de Melinda todo el tiempo.

El día para ambos pasó muy rápido, le dio de comer, y Marcos se echó la siesta, Melinda se acostó en la cama con él para vigilarlo. Durante todo el rato estuvo soñando con Cristian y lo guapísimo que era, tenía unas imperiosas ganas de verlo y estar con él.

……………………………….

Las horas pasaban lentas, como si el tiempo se detuviera y no pasara… Cristian no hacía más que mirar el reloj, lo cierto es que no prestaba atención, los niños ese día no hacían más que hablar y él no decía nada, estaba en las nubes, pensando en Melinda.

Nada más acabaron las clases salió como una bala disparado a su coche, iba pensando en Melinda, en sus ojos, en volver a verla, además esa noche cenaría con ella, no a solas pero al menos podría estar a su lado.

Llegó a casa, se bajó del coche, entró y fue directo al comedor con una sonrisa, pero se extrañó mucho cuando vio que el comedor estaba vació. Se acercó a la puerta de la habitación de Marcos y la abrió con delicadeza.

Allí estaba su hermanito dormido y a su lado Melinda, tan preciosa y hermosa que Cristian pensó que se le saldrían los ojos de sus órbitas. “Es tan hermosa…. No sé qué hacer para que se fije en mi…”. Se acercó a la cama intentando no hacer ruido y le acarició la mejilla a Melinda con la yema de los dedos.

Al notar el roce, Melinda abrió lentamente los ojos. –Mm… estoy viendo un ángel… -susurró medio dormida.

-Eres adorable…

En ese instante, todo desapareció para Cristian y Melinda, no existía nada más. Sus rostros estaban muy próximos, Cristian se fue acercando mucho más a Melinda, ambos notaban sus alientos que se mezclaban. Y lentamente sus labios se juntaron, fundiéndose en un tierno e intenso beso, sus lenguas se rozaban y jugueteaban, haciendo que un escalofrío de placer recorriera toda la espalda de Melinda, las mariposas de su estómago revoloteaban de forma intensa, y su respiración se agitaba por momentos.

Tras ese maravilloso y tierno beso, separaron sus rostros unos centímetros y se miraron a los ojos. Melinda se sonrojó de forma desmesurada y Cristian al ver su reacción no pudo evitar sonreír.

-Me dormí, es que Marcos quería echarse la siesta y no quería dejarle solo en la cama, y terminé durmiéndome también. –confesó avergonzada.

-Tranquila, además… estabas preciosa… -dijo sonrojado.

-Gra…gracias…

Se levantó de la cama y se quedó muy cerca de Cristian, deseaba volver a besarle, deseaba abrazarle y que pusiera las manos en su cintura, que se fundieran en uno solo… estaba empezando a desvariar.

-¿Quieres que hagamos algo hasta la cena?

-Me encantaría, pero quería pasarme por casa para cambiarme y ponerme algo más decente para la cena. –comentó ruborizada.

-Así estás preciosa. –dijo cogiéndole la cara entre las manos.

-Es muy amable por tu parte, pero creo que necesito cambiarme de ropa, esto me lo prestó Delia. Pero volveré en cuanto me duche y me arregle, te veo más tarde.

Puso la mano sobre la de Cristian que aún descansaba sobre su mejilla. Lentamente se acercó a él y le dio un corto pero tierno beso, para después dedicarle una tímida sonrisa. Después salió por la puerta y se puso a andar para ir a su casa.

………………………..

Nada más cerrarse la puerta, Cristian empezó a dar botes, estaba contentísimo, la había besado, había sido un beso estupendo, dulce, delicioso, tierno… se le acababan los calificativos para poder definir ese fantástico beso.

Pero en ese momento le surgió un problema, ¿Qué ponerse? Él nunca se había preocupado demasiado por ese tema, le gustaban los vaqueros, las camisas y camisetas pero quería causar buena impresión a Melinda.

Cogió unos vaqueros, sus favoritos, y una camisa, no se la ponía mucho, pero su madre le decía siempre que le resaltaba el color de sus ojos y que le favorecía mucho. Así que decidió hacer caso de lo que decía su madre y se puso esa camisa.

Casi no tardó en arreglarse y se puso mientras a ver una película, como el último día no había terminado de ver Silent Hill, se puso a verla, la había visto muchísimas veces, pero le gustaba tanto que no le importaba volver a verla.

……………………….

Melinda iba en las nubes de camino a casa, no miraba ni por donde iba, en dos ocasiones estuvo a punto de caer, pues se había tropezado, aunque por suerte no llegó a caerse. Llegó a casa, pero sus padres no estaban, supuso que estarían paseando, era lo que hacían todas las tardes.

Se dio una ducha, normalmente, la gustaba tomarse su tiempo y así relajarse, pero estaba tan ansiosa por ver a Cristian que se duchó lo más rápido que pudo. Se puso el albornoz y una toalla en el pelo para no escurrir por la casa. Pero llegaba el mayor problema “¿Qué me pongo?” pensó mientras se empezó a poner nerviosa.

No quería ir demasiado arreglada, pero quería que Cristian la encontrara guapa. Revolvió toda la ropa intentando encontrar algo que la convenciera para ponerse. Al final optó por un vestido azul por las rodillas, y de manga francesa que tenía, no era demasiado arreglado pero le quedaba bien.

Se secó y alisó el pelo, y luego se maquilló ligeramente, no demasiado, nunca le había gustado ir muy maquillada, lo que sí que hacía era remarcarse los ojos, de esa forma tenía más confianza en sí misma. Se miró al espejo sin examinarse muy a fondo y salió de casa. No quería ir andando pues llegaría sudando con lo nerviosa que estaba así que se cogió un taxi y llegó en seguida.

Llamó al timbre de la casa de Cristian y allí estaba él, con una camisa azul que hacía como aguas y unos vaqueros que le quedaban perfectos. Él al ver a Melinda se quedó con la boca abierta. –Vaya… estás impresionante. –comentó dedicándole una sonrisa.

-Gracias por el cumplido… -dijo sonrojándose. –Tú también estás muy guapo.

-Has sido muy rápida, no creí que fueras a tardar tan poco tiempo. Por cierto, voy a presentarte a mi madre que ya llegó del trabajo. –comentó mientras pasaba al comedor.

En el sofá había una mujer, bastante joven y era guapísima, parecía que su cara era como la de las muñecas de porcelana y tenía los mismos ojos que Cristian, aunque a su parecer, los de Cristian eran mucho más bonitos y llamativos.

-Mira mamá, está es Melinda.

La mujer se levantó del sofá y fue a saludar a Melinda, que se acercó a ella. –Encantada, soy Annette la madre de Cristian y Marcos.

-El placer es mío. Me alegro que ya esté recuperada.

-Muchas gracias. Me ha dicho Cristian que vais a cenar con la vecina.

-Sí, somos amigas desde pequeñas cenaremos también con un amigo, los tres somos amigos de toda la vida. –dijo Melinda.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

Cada vez me gusta más esta historia, de verdad, me apasiona.
Sigue así

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