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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 11 de febrero de 2010

Dulce sinfonia capitulo 9

9º- Amistad y amor

Delia se acercó a él le cogió del brazo y le apartó un poco. –Es mejor que te vayas, ahora está muy nerviosa.

-Pero… yo no quería, perdí los papeles, pero jamás la haría daño, tú lo sabes mejor que nadie… -comentó mirando a Delia. Melinda seguía escondida detrás de Cristian llorando a lágrima viva.

-Hablaré con ella, ya sabes que te quiere con locura. Seguro que cuando se calme lo ve todo de otra forma. –dijo ella.

-Está bien… -respondió abatido.

Se acercó a Melinda enseñando las manos. –Mel… por favor, espero que me perdones, sabes que nunca te haría ningún daño. Lo lamento. –contestó mirándola con los ojos llorosos.

Ella seguía llorando pero parece que las palabras de Darío le parecieron sinceras y se calmó un poco. Darío muy apenado y triste, se dio la vuelta y se marchó. El ambiente se había quedado muy tenso, de hecho aún seguía la música puesta.

Melinda y Cristian se sentaron en el sofá, él pasó el brazo por sus hombros para consolarla. Pero Delia fue a la cocina, preparó chocolate caliente y volvió al comedor, con una bandeja en la que traía 3 tazas de chocolate.

-Tómate esto, anda… -comentó con dulzura.

Delia sabía que el chocolate era lo único que la calmaba cuando se ponía tan nerviosa. Los tres se tomaron el chocolate y parece que a Melinda le sentó bien porque paró de llorar y estaba algo más tranquila.

Melinda miró a Cristian, ya no había lágrimas cayendo por sus mejillas pero tenía los ojos llorosos. –Lo siento, menuda cena… -comentó apenada.

-No pasa nada, además tú no has hecho nada malo. –dijo Cristian cogiendo su mano.

-Mel, ¿por qué no te quedas a dormir aquí? No creo que quieras que te vean así tus padres, y así hablamos con calma, ¿te apetece? –le preguntó su amiga con una sonrisa.

-Si, prefiero quedarme…

-Es mejor que me vaya para que descanses. Si queréis algo, sabéis que estoy al lado. Te veo mañana. –contestó Cristian, dándole un tierno beso en los labios.

-Hasta mañana Cristian. –se despidió Delia.

Se quedaron las dos amigas a solas, Melinda estaba muy triste, le dolía lo que había hecho Darío, pero era su amigo y lo quería con locura. –No sé porqué se puso así, no estábamos haciendo nada malo. Solo bailar…

Delia suspiró. –A ver Mel… no sé, no creo que deba decírtelo, pero… él no se ha puesto así porque estuvierais bailando…

-¿Ah no? ¿Entonces por qué? –preguntó intrigada.

-Mel, a veces puedes ser muy cuadriculada… -dijo moviendo la cabeza a los lados. –Nena, Darío se ha puesto así porque estaba celoso.

-¿Celoso?

-Joe, nena, estás espesita… Estaba celoso porque le gustas desde que teníamos 10 años y tú nunca le has visto de esa forma. Pero él nunca te ha dicho nada porque se conforma con ser tu amigo. –explicó Delia.

-¿Lo dices en serio? –Melinda se quedó con la boca abierta. –Madre mía…

-No debí decírtelo, pero sabía que si no, no entrarías en razón. Yo le había dicho que venías a cenar con el hermano del niño al que darías clase, pero eso de que os gustabais no se lo dije. Y claro… -comentó sin terminar de hablar.

-Entiendo… pero… no debió intentar pelear con Cristian, y tampoco intentar pegarme. –dijo Melinda algo molesta.

-Lo sé, se puso de los nervios, pero eran los celos que le cegaban. No se lo tengas en cuenta. No sabes lo mal que lo está pasando, él intenta estar a tu lado, pero sabe que tú no sientes lo mismo y lo acepta aunque le duela. Pero claro… ver cómo demostrabas tus sentimientos por Cristian… ha sido demasiado para él. Tienes que hablarlo con él.

-Bueno… supongo que tienes razón, pero no le voy a perdonar tan fácilmente… que lo que ha hecho es muy fuerte…

-Supongo que ya cuenta con eso, y en realidad es lo que merece por su comportamiento. Pero sabes que sois mis dos mejores amigos, no quiero tener que estar dividida. –contestó algo triste.

-Tranquila… sabes que es mi mejor amigo y tú mi mejor amiga, eso no va a cambiar. –dijo dándola un abrazo.

Parecía que el ambiente se había calmado un poco, así que se acostaron, pero Melinda… tenía demasiadas cosas en la cabeza. Lo de Darío era muy fuerte; no obstante quería perdonarle porque era su amigo del alma. Y por otra parte estaba Cristian, recordaba como habían estado en la cena, y ese baile… habían estado muy cerca… estaba feliz. Y con esos pensamientos cayó en un profundo sueño…

Por la mañana Melinda se levantó bastante contenta, y nada más levantarse cogió el móvil y marcó el número de Darío. En dos tonos lo cogió. -¿Mel? Lo siento, de verdad que lo siento mucho. –se disculpó.

-Lo sé. Delia estuvo hablando conmigo.

-Ah… yo… yo…

-Tranquilo. Todo está bien. ¿Vienes esta tarde a casa de Delia y hablamos con más calma? –preguntó ella muy alegre.

-Claro. En cuanto termine de trabajar voy. Eres estupenda.

-Lo se, jeje. Nos vemos esta tarde. Besitos. –dijo antes de colgar.

Melinda estaba contenta de poder arreglar las cosas con su gran amigo, aunque claro, le dolía pensar en los sentimientos que no podía corresponderle. Pero… ella no había elegido de quién enamorarse.

Se dio cuenta de la hora que era, tenía todavía que desayunar, ducharse y vestirse. Además de nuevo tendría que prestarle Delia algo de ropa. No se merecía a la amiga que tenia, Melinda lo sabía y estaba muy agradecida de tenerla como amiga.
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1 rosas :

Ana Carlisle dijo...

ME encantaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
En serio, esta historia me fascina, continua asi que lo haces genial

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