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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 6 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 10

10º- Vuelve el terror

Una vez se vistieron, desayunaron, Cristian cogió el bote de calmantes sin que Melinda lo viera. Se fueron a la tienda, pero cada uno en su coche para que luego no estuvieran con el problema de ir o volver con uno de los coches.

Llegaron a la tienda y abrieron, Cristian dijo que ese día no iba a la universidad, se quedaría con ella en la tienda. Melinda se lo agradeció ya que tenía bastante miedo a estar sola desde el ataque.

La mañana transcurrió tranquila, hablaban de muchas cosas, sobre sus gustos, comidas, y demás. Estaban descubriendo que tenían muchas cosas en común y eso les gustaba mucho.

A mediodía, cerró para comer, subieron a casa de Melinda y comieron espaguetis que ella hizo. Pero después de comer, cuando aún faltaba un rato para abrir la tienda Melinda se estaba quedando medio dormida en el sofá, pues casi no había dormido esa noche.

Cristian la veía tan linda dormida y tan frágil a la vez que no pudo resistirse y besó sus labios, haciendo que se despertara. –Mm… me gusta despertar así… -susurró.

-No me he podido resistir, lo siento… -se disculpó.

-Me encanta, de verdad. –respondió ella besándole.

La tarde en la tienda, fue también tranquila, entraron algunos clientes y se les hizo muy corta toda la tarde. Ella estaba más tranquila así que Cristian pensó que ya iba mejorando, pues ya se le estaba pasando el susto del ataque.
Cerró la tienda y ambos salieron, ella se sentía muy bien estando con Cristian, pero siempre había sido independiente y valiente y quería volver a serlo. –Oye Cristian… que muchas gracias por cuidarme tanto. Pero creo que esta noche puedo estar en mi casa.

-¿De verdad? ¿Estás segura?

-Sí, yo siempre he sido independiente y no he temido a nada, quiero volver a ser la misma. Pero mañana me… gustaría verte. –comentó abrazándole.

-Claro que sí, no podría vivir sin ti. Aunque no sé, no voy a estar tranquilo si estas sola.

-No te preocupes, Adriana es mi vecina, está al lado por si necesito algo.

-Está bien. Pero si necesitas cualquier cosa o te pasa algo, llámame a la hora que sea. –comentó besándola.

Ella asintió con la cabeza y volvió a besarle, disfrutando de ese cariño y amor que le daba, y disfrutando también de ese olor a colonia, a la colonia de Calvin Klein que tanto le gustaba. –Mañana te veo, y ponte esta colonia que llevas, que me vuelve loca.

-Um… siendo así me echaré todos los días para enloquecerte. –respondió con un último beso.

Se despidieron y ella abrió la puerta del portal, subió poco a poco las escaleras, pues estaba exhausta después de tantas horas. Pero oyó varios ruidos, se dio la vuelta asustada aunque no vio nada. Subió muy deprisa pues se había asustado, y llamó al timbre de Adriana.

Pero no abría la puerta, tal vez estaba durmiendo. Entonces cogió sus llaves y abrió la puerta de su casa, antes de que pudiera hacer nada alguien la empujó y cayó en el pasillo de la entrada.

El golpe había sido bastante fuerte y notaba un fuerte dolor en el brazo derecho. Se dio la vuelta y sus peores pesadillas se hicieron reales. Era Enrique, estaba de pie sonriendo y ella sintió pánico y terror.

-Asquerosa zorra… ese pijo amigo tuyo nos ha denunciado, ahora nos busca la poli. –comentó furioso. – Aunque te lo voy a hacer pagar.

Se acercó a ella y empezó a propinarle varias patadas en el estómago, cada patada era como si una daga la cortara en dos, era insufrible el dolor, ella chillaba con intensidad.

Entonces él se colocó encima, y empezó a pegarla en la cara, el dolo se incrementaba de manera brutal. No solo eso, empezó a besar su cuello a subirle la ropa y cada vez que intentaba moverle la pegaba de nuevo.

Melinda lloraba sin control y gritaba como una desesperada, con la esperanza de que alguien pudiera ayudarla. Hasta que de repente, vio como unas manos estampaban el jarrón de la entradita contra la cabeza de Enrique, con lo que se quedó inconsciente a su lado.

Ella levantó la vista y vio a su amiga Adriana, era una chica muy guapa, rubia, alta, muy estilizada… una belleza, y tenía los ojos marrones claritos. La miró desesperada y con incalculables lágrimas cayendo por sus mejillas.

-Mel, oí que llamaste al timbre, pero estaba medio dormida, cuando me levanté y abrí la puerta, lo vi todo, cogí el jarrón y se lo estampé en la cabeza. ¿Estás bien? –preguntó descompuesta.

Pero Melinda estaba muy dolorida por todos los golpes, le dolía el brazo por la caída, todo el estómago y tenía toda la cara hinchada y el labio partido. Mientras Adriana llamó a la policía con su móvil, Melinda buscó entre el bolso que estaba a su lado para coger el móvil. Marcó el número de Cristian que no tardó en cogerlo. –Preciosa ¿Qué ocurre?

-Ayuda, vino Enrique, Adriana está conmigo. –dijo casi sin fuerzas.

-Ya voy. –contestó antes de colgar.

Adriana abrazó a Melinda mientras llegaba la policía, detuvieron a Enrique que aún estaba inconsciente en el suelo. Le dejaron esposado en el suelo. –Señoritas, soy el inspector Alfonso Olmedo, ambas tendrán que declarar sobre lo ocurrido, pero antes se la llevará la ambulancia para que en el hospital la examinen. –dijo muy serio.

-Gracias, inspector, yo iré con ella y responderemos a lo que haga falta. –respondió Adriana sin soltar a Melinda.

Mientras llegaba la ambulancia, llegó Cristian que al verla en el suelo casi enloquece- ¡MEL, MEL! ¿Qué ha pasado?

-Soy Adriana, Enrique la estaba pegando e intentando abusar de ella. –explicó lo más calmada que pudo.

-Maldito cabrón… voy a matarle… -amenazó.

Se giró hacia Enrique que seguía esposado y vigilado por un agente, le dio una patada, pero dos de los agentes le detuvieron. –Cálmese, o le tendremos que llevar a usted también detenido. –dijo uno de los agentes.

Miró a Melinda quien le tendió una mano para que se acercara a ella, él lo hizo en seguida. –Lo siento, no debí dejarte sola. Es culpa mía…

-No, Enrique me estaba esperando en el portal. No pasa nada, lo que importa es que estás aquí. –susurró muy bajito.

-Ahora te llevarán al hospital para curarte, mi niña… -comentó besándola con suavidad.
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