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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 7 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 11

11º- Recuperación

No tardó mucho en llegar la ambulancia, no querían que fueran Cristian y Adriana dentro, pero Melinda se puso histérica al decir que no podían subir, que de tanta histeria decidieron que sí fueran en la ambulancia.

Llegaron al hospital y Adriana y Cristian tuvieron que quedarse en la sala de espera. Se sentaron en las sillas y ninguno de ellos habló, Cristian estaba furioso, apretaba los puños intentando contenerse en no dar un puñetazo a la pared de la rabia que sentía.

-¿Sabes exactamente lo que le hizo ese animal? –preguntó Cristian al cabo de un rato.

-Pues sé que la pegó muchísimo y que la besaba, pero no llegó a hacer nada más porque estampé un jarrón en su cabeza. –explicó algo nerviosa.

-Sabía que no debía dejarla sola, quise quedarme con ella, pero dijo que quería ser valiente como lo era antes. Soy imbécil… -dijo moviendo la cabeza a los lados con los ojos cerrados.

-No pienses eso, Enrique es una mala persona, y yo sabia que tarde o temprano pasaría algo así. Mel nunca me escucha, piensa que ella sola puede con todo y que no la va a pasar nunca nada…

Mientras que estaban hablando salió un médico moreno con los ojos verdes, muy alto, con muchos músculos, era muy guapo y tenía una expresión amable. –Hola, soy el doctor Kirian Domenech, ¿familiares de la señorita Fernández?

Adriana se levantó y Cristian hizo lo mismo, se acercaron a él, Cristian estaba de los nervios y Adriana con lágrimas en los ojos. – ¿Cómo se encuentra? ¿Se pondrá bien? –preguntó Cristian desesperado.

-Tranquilos, tiene muchas magulladuras y golpes y un par de costillas rotas, y eso sí, un esguince en el brazo, al menos debe tenerlo inmovilizado dos semanas. –explicó muy sereno.

-¿Podemos pasar a verla? –preguntó Adriana.

-Claro, pero debe descansar. Ahora estará medio adormilada por los calmantes, pero está consciente. Si necesitan algo, me llaman. –comentó mientras se marchaba.

Entraron a la habitación que les había indicado el doctor, la 212, tenía una habitación para ella sola pues acababan de dar el alta a la persona que ocupaba la otra cama y aún no la habían ocupado. Melinda estaba mirando por la ventana y giró la cabeza al oír la puerta.

-Hola… -susurró muy bajito.

Se acercaron a ella, Adriana la abrazó con suavidad y se apartó un poco para que Cristian se acercara. Melinda tenía la cara con dos grandes moratones, el labio partido, el brazo vendado, y magulladuras por los brazos.

-Hola, preciosa. –dijo Cristian besándola con ternura. –Lamento no haber estado contigo…

-Estás aquí, es lo único que me importa. Aunque no quiero que me mires, estoy espantosa… -dijo tapándose la cara y empezando a llorar.

-Ey… no digas eso… estás preciosa y siempre lo estarás. –comentó besando su mano.

-Bueno, os dejo un rato a solas. –contestó Adriana.

Estuvieron un rato en silencio, Cristian se moría porque Melinda le contara con más detalle lo ocurrido, pero no quería forzarla a hablar porque podría ponerse muy nerviosa.

Cristian se sorprendió al ver que Melinda suspiró, tragó saliva y empezó a hablar. –Oí ruidos en la escalera y llamé a la puerta de Adriana porque estaba asustada, pero no abrió. Así que abrí la puerta de casa, y entonces Enrique me empujó. –empezó a explicar. –Me pegó muchas veces no solo golpes, si no también patadas. Hasta que Adriana le dio con el jarrón.

-Como le coja, es que le abro la cabeza… –juró furioso.

-No quiero que te acerques a ninguno ellos, podrían lastimarte… -dijo asustada.

-No me pasará nada, tranquila. Tú tan solo piensa en recuperarte y ya está. –comentó besando su frente.

Estuvo un buen rato con ella, llamó a sus padres, como Dennis tenía turno en el hospital se pasó a verla. –Ya me ha explicado Kirian lo ocurrido y las lesiones.

-Gracias por cuidarme tanto no me lo merezco… Solo os causo problemas… -contestó apenada y con los ojos llorosos.

-No molestas, no pienses eso. Además tú has conseguido que mi hijo vuelva a ser el chico que nosotros queríamos… -respondió tomando su mano.

-¿Crees que podríamos ir a algún sitio cuando salga del hospital? Para así celebrar que está a salvo. –dijo Cristian.

-Claro, sería estupendo. Podríamos invitar a Kirian, ya que tanto ha cuidado de Melinda. ¿Os parece bien?

-Sí, pero si no es mucho pedir, ¿podría venir mi amiga Adriana y un amigo mío?

-Por supuesto que no. Cuantos más mejor. –dijo Cristian.

Llamaron a Adriana para que entrara en la habitación y contarle el plan para conocerse mejor y celebrar su recuperación. A ella le entusiasmó la idea, estaba como loca por una celebración. Le encantaban las fiestas y tener que arreglarse para ir a ellas era su pasión.

-¿Y con la agresión que va a pasar? –preguntó Cristian molesto.

-He estado hablando con Kirian, tiene un amigo abogado, le voy a decir que le invite y así hablamos con él sobre el tema. –comentó Dennis.

-¿Pero dónde iremos o qué haremos?

-He pensado que podía ser una barbacoa en casa, así estaremos más tranquilos. –dijo Dennis.

-Es estupendo, papá, además hace mucho que no hacemos barbacoas.
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