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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 8 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 13

13º- Pasión sofocada

Saludaron a todos, y conocieron a Darío, pues a Adriana ya la conocían del hospital. Pero ninguno conocía al desconocido, aunque se imaginaban que era el abogado. Dennis se acercó a ellos con el desconocido a su lado.

-Hola chicos, os presento a Pedro Holgado, es el abogado amigo de Kirian. Le he estado hablando sobre todo el asunto. –explicó él.

-Encantado. Tengo que estudiar bien el caso, pero creo que tenemos el caso ganado. –comentó con una sonrisa amable.

Los cuatro le saludaron y se sentaron a empezar a cenar, todos estaban hambrientos, hablaban de cosas triviales y lo cierto es que estaba siendo una cena muy amena. Aunque a ella, tuvo que ayudarla un poco pues con una mano en cabestrillo lo tenía algo difícil.

Como era Cristian el que le ayudaba a coger las cosas y partirlas un poco, ella se puso a observar a los demás. Melinda se dio cuenta de que Adriana no paraba de lanzarse miraditas con Pedro, se habían gustado.

No solo eso, Darío se llevó muy bien con Cristian, hicieron muy buenas migas, y eso hizo que Melinda sonriera. Darío era como su hermano, y era muy importante que su mejor amigo y el amor de su vida se llevaran bien.

Ella se marchó al baño pero la acompañó Adriana para poder ayudarla con la ropa. Cristian y Darío seguían hablando. –Oye, entonces ¿Melinda ya va mejor?

-Sí, creo que poco a poco, pero tiene mucho miedo. Y a mi me da miedo dejarla sola, me aterra la idea de la puedan agredir otra vez…

-Ella siempre ha sido fuerte y valiente, lo superará, pero hay que tener paciencia.

-Lo sé, y espero que tengas razón.

-Bueno, ella es única. Así que ya que hablamos de ella… -empezó a decir. –Pareces un buen tío, pero voy a decirte algo. No la hagas daño, no se merece nada malo, para mí es como una hermana y haré lo que sea por ella.

Cristian le miró atónito por su comentario, veía lo mucho que le importaba Melinda y estaba feliz. –Tranquilo, no sería capaz de hacerla ningún mal.

Esa charla tan profunda, se vio interrumpida ya que volvieron Melinda y Adriana. – ¿Ya andas con el mismo tema? No tienes remedio… -comentó de broma.

-Para mí, eres como mi hermana, no voy a consentir que nadie te lastime. –dijo muy seguro.

-Me parece que ya es tarde para eso. –respondió enseñando su brazo vendado. –Pero no pasa nada. –dijo entre risas.

Al final acabaron riéndose de la cara que puso Darío ante el comentario de Melinda, ella estaba muy feliz, de verdad parecía que las cosas iban a empezar a mejorar, y que tenía en ese momento muchas personas que se preocupaban por ella.

La cena, fue muy tranquila, tomaron postres y pusieron algo de música no muy alta para no molestar a los vecinos. Delia estuvo bailando con Kirian muy acaramelados, se notaba el feeling que había entre ellos. Por otro lado, Adriana se puso a hablar con Pedro en una esquina, Melinda conocía bien a su amiga como para saber que había tenido un flechazo.

Cristian sacó a bailar a Melinda, lo hizo a regañadientes porque no le gustaba que la mirasen y mucho menos según tenía el brazo y los golpes, pero no pudo resistirse a la mirada tan profunda de Cristian.

Estar tan cerca de Cristian, fue encendiendo cada vez más a Melinda, que no paraba de acariciar su cuello, su cara… le costaba mucho esfuerzo no quitarle la ropa allí mismo, así que se le ocurrió algo. –Ahora que todo el mundo está ocupado podíamos estar a solas, ¿no te parece? –susurró para luego morder suavemente la oreja de Cristian.

Fue como un interruptor, le bastó eso para cogerla por la cintura y arrastrarla dentro de la casa. Fueron a la habitación de Cristian y se tumbaron en la cama, eso sí, sin parar de besarse y acariciarse.

Ella tiró de su camiseta sin darle tiempo a Cristian a decir nada, era una vista tan fantástica que le faltó poco para acabar salivando. Continuó besándole y acariciando su cuerpo, mientras él hacía lo mismo.

Melinda se apartó un poco, poniéndose de pie delante de Cristian que seguía tumbado. Ella empezó a quitarse la ropa de forma muy sensual, cosa que hizo que Cristian se volviera loco. Se levantó y apretó contra la pared a Melinda, que aprovechó para quitarle los pantalones y los boxers, quedándose los dos cuerpos desnudos.

Él empezó a bajar poco a poco con su cara, acariciando y besando cada parte que se iba encontrando, eso hizo que el fuego de Melinda se encendiera quemando cada parte de su piel que Cristian tocaba. Le empujó para que se fuera a la cama y allí se volvieron a tumbar.

Ella se quedó encima devolviendo las caricias que antes le había dado Cristian, bajó con su boca hasta su miembro, y sin darle tiempo a reaccionar, se lo metió en la boca, él cerró los ojos y se mordió el labio de placer. No pudo más cogió a Melinda por la cintura para acercarla más a él, y la penetró salvajemente.

Empezaron a moverse despacio, pero Melinda estaba hirviendo por dentro, y como estaba encima, se movió deprisa, cada vez más, ambos emitían pequeños gemidos, que se camuflaban con la música del jardín.

Tras un largo rato, en ese auténtico baile apasionado y salvaje, llegaron juntos al clímax y suspiraron. Se quedaron en la cama abrazados, ella estaba apoyada en su pecho, mientras Cristian tocaba su pelo con suavidad.

-Eres fantástica… -susurró besando sus cabellos.

-Y tú también.

-Pero creo que debemos vestirnos, ya que mi hermana parece tener un imán para interrumpirnos. –comentó divertido.

-Lo sé… pero… antes quería pedirte algo… -empezó a decir. –Vente a dormir esta noche a mi casa, quiero que te quedes conmigo, esta noche… y todas…

-No sabes las ganas que tenía de que me lo dijeras, no puedo estar alejado de ti ni cinco minutos. Me acabas de hacer inmensamente feliz. Te quiero. –dijo dándole un beso.

-Yo más… -contestó.
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