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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 8 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 14

14º- Problemas y más problemas

El final de la barbacoa fue apoteósico sobre todo para Melinda y Cristian, que cuando se vistieron volvieron a salir al jardín, parece que como todos andaban ocupados no se fijaron en su ausencia.

Disimularon sentándose en las sillas, ya era bastante tarde, así que pasado un rato, empezaron a recoger las cosas para luego marcharse. Todos ayudaron, salvo Melinda, Cristian la tuvo sentada en una silla, ella se molestó bastante por eso.

Cuando terminaron todo se despidieron de los demás, Pedro dijo que estudiaría el caso, Cristian como estaba terminando derecho dijo que quería echar una mano, y a él le pareció muy buena idea.

Cristian cogió algo de ropa y se montaron en su coche, ella aún estaba algo molesta por cómo la trataba, se sentía muy inútil y torpe porque él no la dejaba hacer nada, ella siempre había sido independiente y no había respondido ante nadie. Para ella la actitud de Cristian la tenía presa y encerrada.

Llegaron a casa y Cristian cargó con sus cosas y Melinda iba delante, él dijo que era por si se tropezaba poder cogerla. Eso la irritó más todavía pero se quedó callada, no quería armar un escándalo en la escalera.

Entraron en casa, y ella fue directa a la habitación a cambiarse y ponerse un pijamita precioso de color azul cielo. Fue al lavabo a lavarse los dientes y quitarse el maquillaje, y oyó ruido en la habitación. Supuso que Cristian estaría colocando las cosas.

Ella una vez que terminó abrió la puerta y él estaba allí colocando las cosas pero no le hizo caso, se metió en la cama sin mirarle. Él se quedó extrañado y cuando terminó de colocar las cosas y ponerse el pijama se metió en la cama, acercándose a ella para abrazarla.

Melinda al notar los brazos se apartó y él se quedó muy triste, se volvió a acercar y cogió su barbilla para que sus ojos se encontraran. – ¿Qué ocurre? ¿No quieres que me acerque?

-¿Para qué? ¿Para que me trates todo el tiempo como una inválida e inútil? No, gracias.

-No te pongas así, es que me siento tan culpable de los dos ataques de esa pandilla, que siento que así te lo compenso un poco…

-Pues no, así me deprimo más y me recuerdas cada momento las agresiones. Necesito que te comportes normal. Sé que para algunas cosas necesito ayuda, pero para otras no. –respondió algo molesta.

-Lo sé, lo siento. ¿Me perdonas? –preguntó haciendo un puchero y abrazándola.

Ella al ver su carita no se pudo resistir, ese puchero y esa mirada tan intensa eran su debilidad, no podía negarse ni aunque se lo propusiera con todo su empeño. –Está bien… pero necesito mi espacio para no agobiarme.

-Lo entiendo, lo tendrás, aunque espero que… en ese momento tu espacio me incluya en esta cama…

-Eso siempre… -respondió antes de fundirse en un tierno beso para pasar una de las noches más inolvidables de su vida. Ambos se habían enamorado de forma profunda e incondicional.

Durante las siguientes semanas, Cristian estuvo trabajando con Pedro en el caso, tenían que prepararlo bien para no dejar flecos que pudieran ser problemas. Mientras Pedro y Adriana se veían cada vez más, y a su vez Delía y Kirian también quedaban mucho para conocerse mejor.

Melinda se recuperó de las lesiones y ya le habían quitado el vendaje del brazo, eso hizo que Cristian se relajara bastante pues había estado bastante nervioso, y le había costado mucho no ser tan protector con Melinda.

Una tarde, como a Melinda le llegaría un pedido de libros, pidió Cristian que la ayudara. Como por las tardes estaba en Pedro trabajando en el caso, se pusieron de acuerdo en trabajar esa tarde en la tienda, una vez que ayudaran a coger el pedido del camión de reparto.

Ellos se metieron en la trastienda a seguir con el caso y las pruebas y ella colocó los libros en los estantes correspondientes. La tarde estaba siendo demasiado tranquila, solo había hecho un par de ventas.

Hasta que entró una señora, era bastante alta, mucho más que Melinda, y tenía la espalda muy ancha, las facciones de la cara muy duras. El pelo negro y largo y los ojos le resultaban extrañamente familiares.

-Buenas tardes, ¿Puedo ayudarla en algo? – preguntó amablemente.

-Soy Elena, la madre de Enrique, supongo que me conocerás de vista. –comentó ella. Al decir eso Melinda vio el gran parecido, y que era cierto que se habían visto por el barrio.

-Por tu culpa mi hijo está entre rejas. Y todo por creer que mi hijo no es suficiente para ti. Eres una tonta y una estúpida. –contestó con voz enojada.

-Su hijo me pegó y además intentó violarme en dos ocasiones, está donde se merece estar. –respondió Melinda alzando la voz.

-Vas a retirar la denuncia y los cargos o te arrepentirás. –dijo amenazante y le pegó un bofetón a Melinda.

Ella se quedó estática, ni mucho menos esperaba esa reacción ni el bofetón. Tenía la mano sobre la mejilla que había recibido el golpe. De tanto jaleo salieron Cristian y Pedro. - ¿Qué ocurre aquí? –preguntó Cristian empezando a cabrearse.

-Esta niñata, por su culpa mi hijo está en la cárcel.

-Y allí seguirá muchos años, porque soy el abogado de Melinda y me voy a encargar de que no salga de prisión. –comentó Pedro bastante tranquilo.

Elena se sintió indignada por toda la situación, ya no tenía libertad para insultar y pegar a Melinda, pues sabía que ellos dos no lo consentirían. Así que se marchó de la tienda dando un portazo al cerrar la puerta.

Cristian miró a Melinda que aún se frotaba la mejilla. Él se preocupó mucho y apartó con cuidado su mano para ver el golpe. Tenía la mejilla roja, se habían marcado todos los dedos de Elena con semejante golpe. –Iré a por hielo. –dijo Pedro.

No tardó mucho, pues había ido al bar de la misma calle, se lo pusieron a Melinda, ella no habló en todo el tiempo, y Cristian tenía una expresión horrorizada, veía todo lo que le estaba sucediendo a su amada por su culpa. Si aquél día no se hubiera metido con ellos, nada de eso habría ocurrido.

Una vez llegó la hora de cerrar, Pedro se montó en su coche para ir a casa, y Melinda y Cristian se montaron en el BMW de Cristian, pues esa noche cenaban en casa de sus padres. Pero ninguno de los dos decía una sola palabra, hasta que Cristian empezó a hablar. –Lo de esta tarde y todo lo demás ha sido por mi culpa. Sabía que no debía dejarte sola nunca. –comentó abatido.

-No empieces, por favor. Eso no ha sido culpa tuya, son mala gente y la mala gente actúa así. –replicó algo molesta.

-No es verdad, no he debido dejarte sola nunca, ni volveré a dejarte sola, siempre estaré contigo a todas horas.

-Con eso no se soluciona nada, además hace unas semanas discutimos por algo parecido, necesito mi espacio.

-Por dejarte espacio, ha ocurrido esto, y algo peor si no llegamos a estar allí. –movió la cabeza a los lados.

-Te pedí espacio porque soy independiente, y ya bastante mayorcita para cuidarme. No quiero un perro guardián las 24 horas del día…

-Me parece que está claro que lo necesitas, y a partir de ahora te guste o no, vas a estar siempre vigilada, para que no pueda volver a ocurrir algo como lo de hoy.

-¿Es una orden? Jamás acepté que mis padres me ordenaran nada, no vas a empezar tú. –respondió girando la cabeza para no mirarle.
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