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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 9 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 15

15º- El accidente

Cristian estaba muy enfadado, sobre todo consigo mismo, pero también con Melinda, parecía que le gustaba estar en peligro. Iba tan nervioso y enfadado, que no se había dado cuenta que había invadido el carril contrario.

Un monovolumen se les estaba echando encima, Melinda miraba la escena horrorizada, no sabía lo que hacer, pero de tanto miedo que sentía estaba paralizada. Como pudo, Cristian frenó y pegó un volantazo intentando esquivarle.

Se bloquearon las ruedas y el coche a causa del volantazo dio varias vueltas de campana. Los cinturones los mantuvieron en sus asientos, pero el coche daba muchas sacudidas y ellos se golpeaban con la carrocería.

Finalmente, el coche se detuvo parado por un enorme árbol que había en la cuneta. Melinda había perdido el conocimiento a causa de los golpes, tenía muchos cortes pues las lunas del vehículo se habían roto. Con tan mala suerte que uno de los cristales se le clavó en un costado.

Cristian tuvo peor suerte, los airbags no habían saltado de forma correcta, y se había clavado todo el volante en el pecho. Tenía una enorme brecha en la frente, y una pierna rota que aún permanecía atrapada por los amasijos en los que se había convertido el coche.

Intentó moverse para ayudar a Melinda, ella no respondía, no estaba consciente, quiso salir a pedir ayuda pero estaba atrapado. Rebuscó en sus bolsillos y encontró el móvil. Tenía una raja en la pantalla, pero por suerte para él aún funcionaba, así llamó al 112, como pudo ya que se sentía mareado.

No tardó mucho en llegar, avisaron a los bomberos, pues tendrían que sacar a Cristian entre los amasijos. A Melinda la sacaron sin problemas, pero seguía inconsciente, mientras Cristian estaba desorientado, algo mareado y notó cómo se le empezaban a cerrar los ojos…

No supo cuanto rato estuvo así, sintió que tenía fuerzas o al menos que las iba recuperando poco a poco. Abrió lentamente los ojos y allí vio a su padre que suspiró al verle abrir los ojos.

-Hijo… menos mal… -suspiró. –Me avisaron al ver los apellidos de tu DNI, he estado muy preocupado.

-¿Dónde… dón… dónde está Melinda? –preguntó intentando levantarse, pero su padre le paró sujetándole por los hombros.

-Está a tu lado, tranquilo. Debes descansar.

Cristian miró a su izquierda, Melinda estaba junto a él en otra cama, tenía cortes por los brazos, un apósito en la mejilla y tenía los ojos cerrados, pero Cristian la veía muy hermosa. Se emocionó de verla a salvo, aunque no sabía lo que tenía.

-¿Cómo está?

-Pues los cortes son superficiales, el de la mejilla algo más profundo pero no son graves. Y se clavó un trozo de cristal en el costado, pues bueno… se lo quitamos sin problemas, afortunadamente no dañó ningún órgano pero…

-¿Pero qué?

-No se si sabíais que estaba embarazada…

-¿Embarazada? ¿De cuánto? –preguntó, pero antes de darle tiempo a responder, volvió a hablar. – Espera… ¿Qué quieres decir con “estaba”?

-Lo siento mucho hijo, pero solo estaba de unas semanas, con todo lo del accidente y demás… ha perdido al bebé. –contestó apenado dándole palmaditas en el hombro.

-Es culpa mía. –dijo tapándose la cara con las manos.

-No digas eso. Ha sido por el accidente.

-Pero el accidente ha sido culpa mía, íbamos discutiendo en el coche y no me di cuenta de que había invadido el carril contrario. Todo es culpa mía, lo ha perdido por mi culpa. –dijo comenzando a llorar.

-Vamos hijo, no te tortures, esas cosas pasan, es cierto que no debiste despistarte en la carretera, pero a veces se tienen abortos. –intentó consolarle.

Eso a Cristian le daba igual, él sentía como si hubiera matado él mismo a su pequeño bebé con sus propias manos, no había palabras suficientes para calmar ese dolor. Entonces oyó que Melinda se movía en la cama y pronunciaba su nombre. –Cristian…

Él cambió un poco su semblante, no quería que ella le viera así, estaba ansioso por abrazarla, pero se dio cuenta de que tenía una pierna escayolada. –papá quiero acercarme a Melinda, ayúdame a levantarme.

-Hijo debes descansar, además con la escayola te va a costar más. –explicó su padre.

-Pues acerca la cama, por favor, necesito tenerla al lado… -pidió suplicante.

Su padre accedió pues le veía casi desesperado, realmente le había afectado mucho la noticia del aborto. Así que acercaron las camas para que estuvieran casi pegadas.

Dennis se fue de la habitación, dejándolos a solas, él miraba a su querida Melinda profundamente, como si hiciera años que no la mirase. –Mel… preciosa… menos mal que estás bien…

-Nos chocamos, ¿verdad?

-Así es, lo siento de verdad, estaba tan ofuscado que no presté atención a la carretera… Perdóname.

-Ha sido un accidente, tranquilo. –dijo ella. Fue a tocarse la tripa y le molestaron los vendajes. -¿Qué tengo?

-Te clavaste un cristal de las lunas cuando se rompieron, y bueno… parece ser que estabas embarazada…

-Lo sé, me enteré hace 3 o 4 días. Pero no te había dicho nada todavía, quería esperar el momento adecuado… -comentó dolorida.

-¿Ya lo sabías? –preguntó abriendo mucho los ojos. A continuación se puso a llorar de forma descontrolada. –Mi vida… lo siento, yo…

-¿Qué ocurre? Me estas asustando.

-Preciosa mía… no sé ni cómo decírtelo… con el accidente… pues… has perdido al bebé…

-¿QUÉ? No, dime que no es verdad… -dijo con los ojos vidriosos.

Él tan solo pudo agachar la mirada y abrazarla, ella se quedó paralizada, su bebé… lo había perdido… Tan solo lo sabía desde hacía unos días pero estaba muy ilusionada… y ahora ya no estaba dentro de ella, ya no le vería crecer, ni hacerse mayor… nada…

Se sentía vacía por dentro, como si le hubieran vaciado su interior, dejando un corazón roto, sin vida, tan solo alimentado por el amor y apoyo que intentaba mostrarle Cristian en esos momentos.

Pasó un buen rato y Melinda no decía nada, Cristian se estaba empezando a preocupar por ella, Melinda estaba como metida en una burbuja para evadirse de la realidad, para irse mentalmente a un mundo en el que todavía estuviera embarazada.

Cristian puso la tele para ver si reaccionaba, tal vez escuchando ruidos saldría de su ensimismamiento. Tuvo tan mala suerte que salió un anuncio de pañales en el que salían bebés riéndose. Y eso hizo explotar a Melinda, se puso a gritar. –Quería a mi bebé… LE QUERÍA, ya no está… -gritó desconsolada y con miles de lágrimas derramándose por sus mejillas.
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