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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 9 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 16

16º- Depresión…

El ataque de Melinda pilló desprevenido a Cristian, se puso muy nervioso, casi histérico. Pulsó el botón de ayuda de la habitación. Mientras esperaba a que vinieran a ayudarle, intentó acercarse lo más posible a Melinda.

La abrazó fuerte, acunándola para intentar calmarla, besaba sus cabellos e intentaba susurrarle palabras tranquilizadoras. –Mi vida, por favor… cálmate, estoy aquí sabes que te quiero…

-Mi bebé… mi bebé no está… ya no lo tengo… -decía llorando sin control.

-Lo siento… de verdad que lo siento… -suplicaba.

Entre todo el jaleo, ambos estaban poniéndose cada vez más y más nerviosos y entró Dennis muy rápido, al ver la situación se puso también muy nervioso. – ¿Qué pasa?

-Se quedó paralizada cuando le dije lo del bebé, puse la tele para ver si se animaba y salió un anuncio de bebés y se puso así de histérica. –comentó.

-Voy a ponerle un calmante, si no podría ser peligroso para ella… está muy débil.

Cogió un botecito y una jeringuilla para administrarle el calmante. A los pocos segundos su cuerpo, que estaba entre los brazos de Cristian, cayó relajado a causa del calmante. – Verla así… me está matando. Esto a pasado por mi culpa… todo… por mi culpa…

-A ver hijo, explícame que ha pasado, para que haya desencadenado en todo esto. –pidió Dennis.

Cristian explicó lo ocurrido después de la barbacoa, la discusión que tuvieron porque ella quería espacio. Y lo ocurrido aquella tarde en la librería, con la madre de Enrique. Luego contó la discusión del coche mientras Dennis lo escuchó todo atentamente.

-Vaya… -dijo asombrado. –Hijo, eres mayorcito y tuviste una actitud muy infantil. Además, las personas no son objetos que cogemos. Ella te quiere pero no puedes pretender tenerla vigilada como si fuera una criminal…

-Lo sé… y si no me hubiera comportado así, ella aún seguiría embarazada. –dijo abatido.

-Eso no lo sabes, no te culpes, será peor. Además ella te necesita, ahora más que nunca. –contestó mirando a Melinda. –Esto no va a ser fácil, pero debes animarla, intentar que siga adelante.

-No sé si quiera cómo hacerlo. Además siento como si hubiera matado con mis propias manos al bebé. –contestó tapándose la cara con las manos.

-No digas eso, no puedes estar así, porque ella lo va a notar. No te va a echar la culpa porque ha sido un aborto y a veces pasa. Sé que es muy triste, pero no os podéis venir abajo.

-¿Podrá tener más hijos?

-Sí, todos los que queráis. Pero aún es pronto, es mejor que fuera más adelante, no solo por su estado físico, si no por su salud mental. Ella va a estar deprimida, y tú tienes que apoyarla en todo lo que puedas. –explicó.

-No creo ni que quiera mirarme a la cara después de esto…

-No seas negativo ni quejica. Bueno os dejo un rato, cuando se despierte me avisas.

Cristian asintió y se quedó acariciando los cabellos de su preciosa Melinda, estaba dormida por el calmante, tranquila, en paz… pero Cristian sabía que cuando despertase volvería a estar mal, y deseaba poder cambiar las cosas, retroceder en el tiempo para que el accidente no hubiera ocurrido.

Cogió su móvil que estaba en la mesilla y aún tenía la pantalla rota, pero seguía funcionando. Llamó a su hermana, necesitaba hablar con ella, y pedirla un favor. En cuanto llegó la hora de las visitas, Annette y Delia se presentaron allí, además avisaron a Adriana y Darío, que fueron con sus respectivas parejas.

Cuando llegaron Melinda aún seguía dormida, y Cristian casi se alegraba de ello, tal vez al despertar podría sufrir otro ataque de pánico. Estuvo contando el accidente pues lo ocurrido en la librería se lo había contado Pedro.

-¿Podemos hacer algo?

-No sé ni lo que hacer yo… no sé… si hubierais visto cómo se puso antes… -empezó a hablar.

Les estuvo explicando el ataque de histeria que tuvo, y desde entonces había estado inconsciente. Durante su relato Annette, Adriana y Delia se horrorizaron, Annette que ya era madre sobre todo, la entendía muy bien.

Estuvieron un rato más hablando con él, intentando animarle, y Melinda se despertó poco a poco. –Hola… -dijo muy contenta.

Todos estaban extrañados de verla tan alegre, sobre todo teniendo en cuenta el ataque que había tenido. Pero prefirieron pensar que era porque lo estaba asimilando. –Mel, nena, ¿cómo te encuentras? –preguntó Adriana.

-Bien, aunque tengo hambre, y bueno… ahora tengo que comer por dos, porque no sé si os dijo Cristian que… estoy embarazada. –dijo muy alegre.

Al oír eso todos se quedaron paralizados, sobre todo Cristian. No sabían ni lo que decir ante esa reacción por su parte. – ¿Embarazada? –preguntó Darío algo extrañado.

-Sí, bueno no es tan raro. ¿No os alegráis?

Todos miraron a Cristian, estaba claro que no querían ser los responsables de que a Melinda le diera otro ataque. –Eh... preciosa, hay que llamar a mi padre para decirle que ya despertaste.

Ella tan solo asintió, Darío se acercó a él para que Melinda no los escuchara. –Pero, ¿No había perdido al bebé?

-Y claro que lo ha perdido. No sé, debe ser por el ataque de histeria que le dio antes. Mi padre tiene que verla. –contestó entre susurros.

Llamaron a Dennis, que fue muy alarmado a la habitación ante lo que le habían estado contando. Allí estaba ella, con una sonrisa de oreja a oreja, hablando de lo contenta que estaba y de los nombres que le pondrían al bebé.
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