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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 10 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 18

18º- Reencuentro

Estuvo en un bar, tomándose algo para intentar calmarse un poco. Y así pasaron las horas, hasta que anocheció y sintió algo de frío. A esas horas ya no buscarían por la casa. Fue hasta el portal y vio que alguien salía, antes de que la vieran se escondió como pudo. Eran Adriana y Darío, que estaban con la cara descompuesta.

Una vez que salieron subió a su casa, ya no la buscarían pues habían visto que no estaba, así que podía estar a salvo con su bebé. Se dio una ducha y comió algo, llevaba horas deambulando sin rumbo.

Durmió echa un ovillo, se sentía tan sola, sin nadie a quien recurrir, sin nadie en quien confiar, nadie que pudiera ayudarla, pues todos querían separarla de su bebé, y eso no podía consentirlo.

Pasaron varios días, y la soledad era como una taladradora que iba abriendo un agujero más y más grande cada vez. Cada segundo sin Cristian era un castigo, una condena, estar sola le hacía derramar una lágrima por cada segundo que no estaba junto a su amado.

Uno de los días estaba medio adormilada, cansada porque no descansaba bien, y cuando levantó la vista, oyó unos pasos que poco a poco fueron acercándose. Hasta que vio una figura conocida, familiar para ella.

-¿Melinda, eres tú? –preguntó Cristian con la voz incrédula.

-¿Qué haces aquí?

-Yo estaba volviéndome loco, por no saber nada de ti y que no me cogieras el teléfono. –dijo acercándose a ella. –Pero estás a salvo… -suspiró.

Ella intentó levantarse para ir a su lado, no estaría de acuerdo con lo que decía del bebé, pero necesitaba sentirle aunque fuera solo un segundo. Intentó acercarse pero su cuerpo no respondía, no hizo caso de su orden, y empezó a verlo todo doble.

Hasta que la habitación dio vueltas y luego todo se quedó en negro. Se encontraba viendo desde fuera todo lo que había vivido con Cristian, sus caricias, sus besos, las noches que habían pasado juntos, el accidente… y entonces lo recordó.

Recordó que después de despertar del accidente, Cristian le dijo que había perdido al bebé y cómo se había culpado de ello. Ver esa tristeza en esos ojos tan azules, la hizo reaccionar.

Abrió los ojos de golpe, como si hubiera recibido una descarga eléctrica, que se los abrió de golpe. Allí estaba ella, entre los brazos de Cristian. Él tenía los ojos encharcados de lágrimas y su cara era de completa desesperación.

-¡Melinda! Volviste a mi lado… perdóname, por todo… lo lamento…

-Te amo… -era lo que necesitaba decirle en ese instante.

-De verdad que los siento, todo esto lo he provocado yo. Y has estado sola todos estos días… -contestó llorando de forma descontrolada. -¿Cómo has estado tantos días sin que te encontremos?

Ella le estuvo contando toda su aventura deambulando por la ciudad y cómo luego se refugió en su casa esquivando a Adriana y Darío. Pero estaba agotada, casi no había comido y le dolía mucho la herida del costado.

-Me duele…

-Debes tener la herida infectada. Tengo que llamar a mi padre, porque yo por desgracia no puedo llevarte. Soy un inútil… -

-No digas eso… además me has encontrado. ¿Cómo has llegado hasta aquí con la pierna así? ¿Y cómo sabías que estaba aquí?

-No lo sabía, solo quería estar solo, pero en algún lugar en el que pudiera sentirte… -contestó acariciando su mejilla.

Cogió el móvil y llamó a su padre, él no había dicho que se marchaba, ni siquiera había dejado una nota y nada más descolgar el teléfono su padre sonaba desesperado. – ¿Dónde estás, hijo?

-Tranquilo, estoy en el piso de Melinda, ella está conmigo, y creo que tiene la herida infectada. Ven a buscarnos. –pidió.

-No tardo nada. –dijo antes de colgar.

Ellos se sentaron en e sofá a la espera de que llegara Dennis a buscarlos. Se miraban a los ojos, con una sonrisa, se abrazaron y no se soltaron, se necesitaban, desde que se habían conocido, no habían estado tantos días sin estar juntos.

-Mel… -suspiró Cristian. –Yo… siento lo del bebé, ha sido culpa mía…

-No digas eso, ha sido por el accidente. –contestó acariciando su mejilla con la yema de los dedos.

-Siento como si le hubiera matado con mis propias manos… -respondió tapándose la cara con las manos. –No sé ni cómo puedes mirarme a la cara…

-Te miro porque te quiero… y porque no es culpa tuya. –dijo muy segura.

-Lo lamento… por todo… mi estúpida actitud ha desencadenado esto…

-Vale ya. Es verdad que me duele haber perdido al bebé, pero no se me va a ocurrir echarte la culpa… -estaba mirándole a los ojos muy segura.

Mientras estaban en esa charla tan profunda, llamaron al timbre, supusieron que era Dennis y como a Cristian le costaba caminar, fue Melinda a abrir la puerta. Dennis la vio y no pudo evitar abrazarla.

-Te buscamos por todas partes…

-Lo siento, pero estaba confundida. Ya recordé lo del bebé. –contestó con la mirada triste.

-Estoy muy apenado, pero necesitabas afrontar la verdad…

-Lo sé. Me va a costar, pero lo superaré. –dijo agarrándose el costado. –Ay… me duele bastante.

-Supongo que está infectada, he traído mi maletín, voy a curarte. ¿Dónde está Cristian?

-En el sofá.

Fueron al comedor y allí estaba Cristian, se había puesto la tele, y al ver que entraban quiso levantarte. –No te levantes, voy a curarla aquí mismo.

Se sentó en el sofá, y se levantó la camiseta, tenía el vendaje y se veía sangre, se lo quitó con sumo cuidado pero ella se quejó porque realmente le dolía. La herida estaba bastante infectada y supuraba pus. – está muy infectada… pero no es nada grave si se cura bien a partir de ahora.

-Entendido. –dijo avergonzada.

-Yo no haré nada, cuando he intentando hacer algo, he provocado el accidente y lo demás… -contestó triste.

-Vamos hijo, deja de martirizarte…

-Es la verdad. Yo he causado todo esto…

-¡Vale ya! –gritó Melinda enfadada. –O dejas esa actitud o esta vez me iré pero para no volver a verte nunca.

-No digas eso… no sé cómo podría vivir sin ti…
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