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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 11 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 20

20º- Juicio

Ella no pudo evitar sonreír, besó sus labios de forma muy tierna, Cristian se estaba poniendo nervioso de tanto misterio, ciertamente estaba intrigado. –Bueno dime ya lo que ocurre.

-Cielo… ¡estoy embarazada! –gritó contenta.

-¿De verdad? ES PERFECTO.

La cogió en brazos y empezó a dar vueltas como loco, no paraba de reírse y besarla, Adriana y Pedro estaban muy alegres por sus dos amigos. –Bueno, vale ya que va a acabar mareada. –comentó Pedro.

-Tienes razón, perdón es que estoy tan contento…

Prepararon la cena, y estuvieron hablando sobre los bebés y demás, Cristian se llevó una agradable sorpresa al saber lo del embarazo de Adriana y que estaban viviendo juntos.

La noche fue muy divertida, lo pasaron realmente bien y estaban muy ilusionados con las noticias, parecía que las cosas iban a ir realmente bien. Pero también estuvieron hablando del juicio.

Melinda estaba inquieta, tener que volver a ver a Enrique y su pandilla, y a la madre de Enrique. Se estaba asustando y más en ese momento, sabiendo que estaba embarazada. La idea de poder perder también ese bebé… era aterradora…

-Yo… no quiero tener que volver a verlos en el juicio… -contestó atemorizada.

-Lo entiendo, pero Melinda, te llamarán como testigo, no creo poder evitar que testifiques.

-No quiero verlos, no ahora que vuelvo a estar embarazada. –dijo abrazándose a sí misma.

-Mi vida, no te asustes… no te pasará nada. –añadió Cristian.

-Bueno, intentaré escudarme en tu salud, tal vez puede que no tengas que testificar. Pero no te lo puedo asegurar.

-Gracias tío, de verdad. Aunque yo sí que voy a testificar, ¡y qué ganas tengo de ver cómo los meten entre rejas!

Cristian estaba demasiado ilusionado con todo lo del juicio, pero Adriana y Melinda no lo estaban. Ambas embarazadas y preocupadas por todo el juicio y por volver a verlos, a tenerlos cerca.

Toda la semana fue una pesadilla para Melinda, no durmió nada, casi no comía y a todas horas estaba asustada, sentía como si estuvieran vigilando, esperando a un momento de debilidad para atacarla y herirla.

El día del juicio, Melinda se levantó tan temprano que no había amanecido todavía, Cristian oyó el agua de la ducha y se extrañó. Al cabo de unos minutos vio a Melinda entrar en la habitación con la toalla para buscar la ropa. –Preciosa, no son casi ni las 6 de la mañana, ¿Qué haces levantada? –dijo medio adormilado.

-No podía dormir y así estoy lista.

-Pero si no tenemos que estar en el juzgado hasta las 10. –se levantó y abrazó a Melinda. –Anda ven a la cama conmigo…

Ella se dejó arrastrar hasta la cama, él la abrazó y besó con calma. Pero estaba muy asustada, y algunas lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas. Cristian vio las lágrimas y se asustó mucho. – ¿Te encuentras mal?

-Estoy asustada… ¿Y si al final tengo que testificar?

-No va a pasar nada. Si tienes que testificar, tan solo cuenta la verdad y ya está. Además yo estaré a tu lado y lo sabes. –contestó.

-Pero… tengo más miedo ahora que estoy embarazada. –dijo.

-Bueno, pero este pequeñín, está a salvo, como su mamá. –contestó besando su tripita plana.

Al final se levantaron, Melinda se volvió a duchar, pues estaba muy nerviosa y parece que así se relajó un poco. Luego se montaron en el coche para ir a los juzgados, pero fueron a buscar a Darío para que fuera con ellos en el coche. Adriana iría con Pedro.

Dennis, Annette, Delia y Kirian irían juntos, todos se encontrarían en los juzgados. Pero Melinda estaba muy nerviosa, se sentaron en unos asientos que había en el pasillo. La hora estaba llegando y eso hizo que los nervios de Melinda aumentaran.

Empezó a respirar con dificultad, sus nervios aumentaban a la vez que su respiración se volvía cada vez más irregular. –Mel, cálmate, por favor…

Dennis que estaba a su lado intentó calmar a Melinda. –A ver Melinda, intenta respirar tranquila, de forma pausada.

Pero ella estaba muy nerviosa, y el ver a todos a su alrededor solo empeoraba su estado. –Hijo, ponte detrás de ella, que su espalda descanse en tu pecho para que así pueda acompasar su respiración a la tuya. –explicó Dennis.

Cristian hizo caso a su padre, la colocó así e intentó calmarla, respirando tranquilo, poniendo sus manos en su tripa plana, para que así se sintiera protegida. Poco a poco su respiración se tranquilizó poco a poco hasta que fue normal por completo.

-Bueno, creo que ahora sí que puedo hablar con el juez, para que no testifiques. –dijo Pedro.

-Creo que es mejor que Melinda se quede fuera, no creo que sea aconsejable que esté ni siquiera en la sala viéndolo. Annette quédate tú con ella para que no esté sola. –dijo Dennis.

-Yo, preferiría que Adriana se quedara también fuera, dos embarazadas con las hormonas revolucionadas pueden ser un problema. Y además me quedaría más tranquilo. –contestó Pedro. –Además yo tengo que estar concentrado.

Las tres se quedaron en los pasillos, sentadas, intranquilas pues no sabían lo que estaba ocurriendo en el juicio. Melinda estaba más nerviosa que nunca, había estado buscando justicia por sus padres desde hacía mucho tiempo.

Pasadas unas tres horas se abrieron las puertas y vieron acercarse a ellos a todos, las tres se levantaron y Melinda se abrazó fuerte a Cristian. – ¿Cómo ha ido?

-Tranquila, esos imbéciles se van a pasar mucho tiempo entre rejas. –contestó complacido.

-¿Ya se ha sabido la sentencia? ¿No es muy pronto?

-Aún la sentencia no está, quedan un par de sesiones, pero tal y como se ha desarrollado todo, el caso está ganado.

-¿Pero qué es lo que ha pasado?

-Cuando he testificado, Enrique ha intentado saltar al estrado. Todo el jurado se ha escandalizado. Solo por eso, ya están más receptivos para declararle culpable. Y entre los testigos y los partes de lesiones y demás, no hay dudas. –explicó Cristian.

-¿CÓMO? –preguntaron las tres a la vez.

-Como lo oís, estaba como loco, yo creo que a parte de ser mala persona, no está bien de la cabeza… -dijo Darío.
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