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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 12 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 21

21º- Todo mejora

-Vaya… yo ya sabía que no estaba muy bien de la cabeza, pero veo que está peor. –comentó Adriana moviendo la cabeza a los lados.

-Bueno, nos quedan un par de sesiones y la vista de la sentencia. Pero no creo que se alargue más de dos semanas. –explicó Pedro.

-Estoy deseando que esto acabe… -suspiró Melinda.

-Tranquila, ya no falta mucho. Ten paciencia, no va a pasar nada. –dijo Cristian muy seguro.

-Vámonos a casa, además estoy algo mareada… -aunque antes de terminar de decirlo, sintió que las piernas le fallaban, afortunadamente Cristian la sostuvo antes de que cayera al suelo.

–Es mejor que nos vayamos ya. -dijo cogiéndola en brazos.

-Estoy bien. –se quejó ella.

-No. Vamos a casa y descansas.

-Había pensado que comiéramos todos juntos en casa. –Comentó Annette.

-Vale, pero hasta que comamos, que se eche un rato y así descansa. –añadió Cristian.

La llevó en brazos hasta el coche, con el movimiento de Cristian al caminar le estaban entrando nauseas. –Puf… para, me mareo…

Cristian se detuvo y la dejó con cuidado en el suelo, pero sin soltarla, se había quedado blanca, se aguantaba las ganas de vomitar. Cristian la abanicó un poco con unos papeles que llevaba en el bolsillo y así se le fue pasando poco a poco el mareo.

-¿Ya estás mejor?

-Sí, pero quiero tumbarme un rato. –pidió.

Él volvió a cogerla en brazos, pero intentando hacer los menos movimientos para que no volviera a marearse. La depositó con suavidad en el coche, Darío también fue con ellos en el coche, y puso rumbo a casa.

Llegaron y Cristian tumbó a Melinda en la que había sido su habitación hasta que se mudó con ella. Ya no quedaban casi cosas en ella. tan solo su amplia cama, y algunos libros y discos.

-Descansa, preciosa mía. Cuando vayamos a comer te aviso. –dijo besando su frente.

Fue al comedor y allí estaban todos, sentados, hablando relajadamente del juicio. Al entrar en el comedor le miraron, algo preocupados. – ¿Está bien? –preguntó Darío.

-Sí, solo está mareada y algo cansada, en esta semana no ha dormido nada. Y esta mañana antes de las 6 ya estaba despierta. –explicó.

-Pues debe descansar, por el bebé, necesita mucha fuerza y comer bien. –comentó Dennis. –Si sigue sin poder dormir podía probar con infusiones y demás, ya que no debe tomar medicación.

-Lo sé. Estoy deseando que todo esto acabe, reconozco que yo tampoco descanso bien, pienso que si la dejo salir sola, la van a atacar otra vez… -dijo nervioso.

-No pienses eso… Además sabes que puedes contar con todos nosotros. –añadió Delia.

-Lo sé… gracias. Lo cierto es que esta situación me está superando un poco, pero quiero ser fuerte por ella.

-A ver, que este ambiente está algo deprimente. Vamos a comer y así nos despejamos. –contestó Dennis.

-Voy a traer a Melinda. Espero que ya esté menos mareada. –comentó levantándose.

Fue a la habitación y allí estaba ella, tumbada en la cama, estaba tan bonita, tan hermosa… Se acercó sigiloso a ella, le daba mucha pena despertarla, pero cuando se estaba acercando a la cama se tropezó. Con tanto ruido Melinda se despertó y se puso a reír.

-¿Pretendes ser gracioso?

-Perdona, me tropecé. –dijo sonriendo. –Es que ya vamos a comer.

-Estoy algo cansada, pero quiero comer, tengo hambre. –reconoció.

-Te llevo a la mesa.

-No hace falta, quiero caminar. –comentó.

-Prefiero llevarte, por favor, ¿puedes complacerme en eso?

-Pero quiero algo a cambio. –dijo poniendo ojitos.

Se acercó a él y empezó a besarle por el cuello, muy lentamente, él sonrió ante el roce de sus labios en el cuello. –Preciosa, me encantaría seguir y darte placer, pero nos están esperando para comer.

-Bueno pues al menos dame algo como anticipo…

Él asintió, le resultaba imposible negarse a algo así, y mucho menos si se lo pedía de esa forma, se dieron un beso muy tierno, cariñoso y bastante intenso, que por desgracia tuvo que acabar pues les esperaban.

-Anda, vamos a comer, antes de que pierda el control y quiera seguir…

Finalmente, la llevó en brazos a la mesa y se sentó a su lado. Todos se pusieron muy contentos de estar juntos. Todo empezaba a salir bien y pronto lo del juicio estaría acabado y respirarían tranquilos.

La comida fue muy amena, aunque Adriana y Melinda comieron muchísimo, estaban hambrientas, el embarazo les había abierto el apetito. Y Darío tuvo que hacer la gracia. –Madre mía, teníamos que haber traído un par de vacas…

-Ja, ¡qué gracioso! –dijo Melinda sacándole la lengua.

-Vamos no os enfadéis, si sois mis dos chicas preferidas, ya lo sabéis. –comentó dedicándoles una sonrisa.

-Ojala encuentres a una chica que haga que sientes la cabeza…

-En realidad… he conocido a una chica… -confesó sonrojándose ligeramente.
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