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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 13 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 22

22º- Sorpresas no muy agradables

-¿Cómo? Cuéntalo ahora mismo con pelos y señales. –dijeron Adriana y Melinda al unísono.

-Pues… es una chica nueva del trabajo. Llegó hace un mes, y bueno… hemos quedado un par de veces. –contestó.

-¿Y cómo es?

-Pues… se llama Samanta, es morena, con ojos azules, no muy alta pero es muy guapa. –contestó con la mirada iluminada.

-Se te está cayendo la baba… -bromeó Cristian.

-Yo… yo… -balbuceaba rojo de vergüenza.

-Dejadle, pobrecito… -comentó Delia.

Todos se rieron, la vida parecía que les empezaba a sonreír por fin, y merecían un descanso, un relax, vivir tranquilos. Pero Melinda no estaba tranquila, no podría estarlo, su bebé no estaría a salvo hasta asegurarse que no podrían hacerles daño.

Tenían dos sesiones más de juicio antes de la sentencia, pero volvieron a quedarse fuera Melinda, Adriana y Annette, solo para evitar que pudieran ponerse muy nerviosas por la situación.

Pero estar esperando sin saber lo que ocurría era muy frustrante, sobre todo porque ellos habían matado a sus padres y no se les condenaría por ello, tan solo por sus últimas jugarretas. Entonces tuvo una idea…

No dijo nada, estuve esperando a que hicieran un descanso o a que terminaran la sesión de ese día. Los vieron salir alrededor de mediodía y se acercaron para ver cómo había ido todo.

-Bueno, ¿cómo fue?

-No va mal la cosa, de todas formas, no sé, les caerán unos cuantos años pero no me parecen suficientes. –comentó Pedro.

-Yo sé cómo podrían ser más. –interrumpió Melinda.

Todos la miraron atónitos, pero tanto Pedro como Cristian ya sabían a lo que se estaba refiriendo. –No. No y no. –dijo Cristian adelantándose a la respuesta de Melinda.

-Es la única manera. Si testifico puede que les caigan más años. Además deben pagar por lo de mis padres. De hecho… bueno yo… ese día se suponía que estaba enferma y por eso no los ayudé en la librería. Pero en realidad, estuve con un chico, no quería que se enteraran. Quise ver si ya estaban en casa o seguían en la tienda y… -pero antes de seguir se puso a llorar.

-Vamos nena, es hora de decir la verdad. –la animó Adriana.

-Vi a Enrique y a su pandilla rompiendo un cristal y echando un botellín de cerveza con un pañuelo prendido. –contestó poniéndose mucho más nerviosa.

-Pero Mel, ¿por qué no le contaste esto a la policía cuando ocurrió? –preguntó Darío.

-Porque… estaba casado. Y era del barrio, su mujer se habría enterado y me ordenó que no dijera que había estado con él, que si no me acordaría de quién es él. Que nos había grabado un día que habíamos estado juntos, y se lo enseñaría a mis padres. Así que tuve que decir que estuve en casa. –respondió.

Cristian no decía nada, no sabía cómo reaccionar ante lo que Melinda les acababa de contar. Ella con un hombre casado, un hombre más mayor tocando su cuerpo, acariciándolo… eso le hizo tener escalofrío.

-Esto cambia las cosas, si fuiste testigo de su asesinato, debes testificar, así si que estarían para el resto de sus vidas en la cárcel. –contestó Pedro. –Tengo que decir al juez que vas a testificar. –dijo mientras iba por el pasillo.

Ella aún estaba algo afectada por haber contado todo aquello, podía haber hecho que hubieran ido a la cárcel cuando mataron a sus padres pero no lo hizo por miedo a las represalias que hubiera tenido con ella su, entonces, novio.

Miró a Cristian que estaba con la mirada perdida, sabía que seguramente eso que había contado le había decepcionado y mucho. Pero le necesitaba en esos momentos o no podría con ello sola.

-¿Cristian? –dijo rozando su mano.

-Bueno, si no queda más remedio, pues tendrás que testificar. –comentó sin mirarla.

Ella sabía que eso no era buena señal, ni siquiera la había mirado a la cara, eso era como un castigo. No sabía hasta qué punto le había dolido todo lo que había contado, no sería plato de gusto para él.

Pero no le quedaba más remedio, ya podría hablar más tarde con Cristian, pues después del receso para comer, tendría que entrar y testificar. En esa ocasión fue Cristian el que dijo de quedarse fuera con Adriana, quería que todos los demás entraran.

Melinda entendía que se pusiera así después de desvelar la verdad, así que tan solo se dejó llevar dentro de la sala para que su pesadilla empezara de nuevo, ver allí a la pandilla fue algo espantoso, y eso que todavía no había subido al estrado.

…………………………

Cristian y Adriana se quedaron en el pasillo, él estaba mirando al suelo. Adriana sabía lo que le ocurría, pues estaba así desde que Melinda había contado lo ocurrido cuando la muerte de sus padres. -¿Estás preocupado porque ella esté testificando? –preguntó como si no supiera lo que ocurría.

-No es eso, sé que no le pueden hacer nada.

-¿Entonces?

-Por lo que ha contado…

-Vamos, no me digas que te ha molestado.

-Lo que me molestas es saber que un aprovechado estuvo con ella y encima tenga una grabación. –contestó con la voz furiosa.

-¿Estás celoso? Ella después de aquello no volvió a verle. De hecho, se portaba muy mal con ella, pero Melinda siempre ha tenido mucho miedo a quedarse sola, y por eso dejaba que la tratara mal. –explicó Adriana. –Pero lo de sus padres la cambió.

-¿Y el hombre? ¿Y la grabación?

-Es un chico del barrio, además no es muy mayor, era solo 4 años más mayor que nosotras. Se había casado muy pronto y era un golfo. Y la grabación… Melinda le da todos los meses 200 euros pues le hace chantaje. –respondió.

-¿Cómo? –preguntó incrédulo. –Lo que no entiendo es porqué no me había contado nada de esto. Parece como si no confiara en mí…

-No es eso, tú eres él único que de verdad ha conseguido que vuelva a ser la que era. Porque aunque Darío y yo la hemos ayudado, nunca podía superarlo del todo. –contestó. -No quería que te preocuparas o te metieras en problemas, y por eso no te dijo nada del chantaje que le hacía Walter.
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