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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 15 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 25

25º- Alguna alegría

Se sentaron a esperar a Dennis, necesitaban tener noticias de Pedro, después de todo había arriesgado su vida por salvar a Melinda e intentar detener a Javier. Ninguno hablaba, no tenían ganas, pero se encontraban a gusto en ese silencio.

Cristian abrazó a Melinda, no creía todo lo ocurrido todavía, y casi había estado a punto de pasarle algo a ella y al bebé, si eso hubiera ocurrido, lo último que hubieran hecho juntos era discutir.

Se daba cuenta de que no soportaba la idea de perderla, de que pudiera pasarle algo malo, y ahora encima estando embarazada, menos todavía. Además ya llevaba unos días dándole vueltas a un asunto, todo lo del accidente, la pérdida del bebé, que ella se escapara, el juicio, les estaba saturando, sobrepasando demasiado pero en ese instante tenía las cosas claras.

-Tengo que ir a hacer una cosa, no tardo, si hay alguna noticia, llamadme al móvil y vengo, pero no tardaré. –contestó levantándose.

-¿Dónde vas? No quiero que me dejes sola… -pidió Melinda.

-Tranquila, es un recado, no tardo nada, además aquí no estás sola. –susurró besándola suavemente.

Se levantó para acercarse a Darío que le miraba extrañado, ninguno de ellos sabía lo que quería hacer. –Ven un momento, por favor… -le pidió con una sonrisa.

-Me estás asustando, ¿Qué pasa?

Se alejaron un poco de los demás yendo al pasillo, Darío seguía muy intrigado, mientras Cristian esbozaba una enorme sonrisa. –Tú siempre me dices que Melinda para ti es como una hermana, y bueno a parte de Adriana sois la única familia que tenía hasta ahora.

-Pues sí, y ya sabes lo que pasará si alguna vez la haces daño… -contestó serio pero relajado.

-Lo sé, todo esto que ha ocurrido desde el accidente y sobre todo cuando se escapó, me ha hecho darme cuenta que no puedo vivir sin ella. –contestó con la mirada iluminada. –Antes cuando escuché los disparos en el juzgado… pensé por un instante que podía haber sido Melinda, y yo no quiero vivir en el mundo si no es a su lado.

-Eso es muy bonito, pero no es a mí a quien se lo tienes que decir. –respondió Darío.

-Lo sé. Es que, ya que sois como hermanos me gustaría hacer las cosas bien, quería saber si te parecería bien que le pidiera matrimonio a Melinda.

-¿En serio? Sería algo estupendo, sé lo mucho que ella te quiere. Y ahora que viene el bebé en camino, es una idea estupenda. Me alegro muchísimo. –dijo abrazándole.

-Gracias, es que quería ir ahora a por el anillo, pero no quería pedírselo sin saber tu opinión, pues sabes que te aprecio muchísimo. – respondió todavía abrazado.

-Bueno, pues entonces vete ya. Aunque te aviso que a Melinda los anillos no le gustan muy pomposos, lo sé porque desde siempre ha dicho que si alguna vez se casaba le gustaría un anillo sencillo con un pequeño diamante o algo así. –explicó. – Yo es que cuando se ponía a hablar de esas cosas con Adriana, desconectaba la mente. –dijo con una sonrisa.

-Gracias, tío de verdad… -contestó. –Oye por cierto. Y con esa chica… Samanta, ¿Qué tal? Que aún no la conocemos. –dijo dándole un codazo y riéndose.

-Pensaba llevarla a la comida de celebración cuando acabara el juicio, pero depende de cómo salga lo de Pedro. –comentó algo triste. –Pero bueno, que no vamos a pensar así, seguro que se recupera. Y tú vete ya a por el anillo.

Él le apretó más en el abrazo y luego salió del hospital directo a una joyería para conseguir el anillo para Melinda, seguiría los consejos de Darío y así le gustaría mucho más la sorpresa.

Aunque le daba algo de vergüenza eso de pedírselo delante de todos, pero sabía que la quería con toda su alma, y por ella haría cualquier cosa, hasta hacer un poco el ridículo delante de su familia. Seguramente su hermana se reiría de su romanticismo, pero le daba lo mismo.

Una vez que fue a la joyería y después de mirar unos 50 anillos por fin se decidió. Era un anillo de oro con un pequeño diamante en forma de corazón en medio, no demasiado grande pero si resaltaba lo suficiente. Le costó mucho dinero, pero le daba igual, ella se merecía todo lo mejor y más.

Regresó al hospital muy orgulloso de lo que estaba a punto de hacer, jamás había creído que fuera a casarse, pero desde que había conocido a Melinda no pensaba en otra cosa, tan solo que en que estuvieran juntos para siempre.

Llegó al hospital, y seguían todos en la sala de espera, pero sus expresiones eran más relajadas y tranquilas, cosa que le calmó bastante. – ¿Se sabe ya algo?

-Pues ha salido tu padre hace un rato, que le han extraído la bala sin problemas y que ahora dentro de poco podremos pasar a verle. –comentó Annette. – Pero ¿Dónde has ido que tenías tanta prisa?

¿Eh? Nada, cosillas mías. –respondió esquivando la pregunta.

Melinda estaba sentada en una de las sillas, se la veía cansada, agotada por todo lo ocurrido a lo largo del día, y sin embargo, Cristian la encontraba muy hermosa. Cada vez que la miraba sentía miles de mariposas revoloteando sin control en su estómago.

-Mel, yo… -empezó a hablar, pero no sabía cómo decírselo. –Yo… Te amo, y al haber estado a punto de perderte hoy, me ha hecho estar más seguro de lo mucho que te quiero y te necesito.
-Yo también, mi amor. –respondió cogiéndole la mano.

Ella seguía sentada, y él se arrodilló delante de ella para estar frente a frente. –Sé que quizás no es el momento adecuado, pero no puedo esperar. Aquí delante de todos, quiero decirte que te amo y que desde que te conocí he tenido mi sol particular. –comenzó a hablar. – Quiero pasar el resto de mi vida contigo. ¿Querrás pasar el resto de tu vida conmigo como mi esposa? –preguntó mientras sacaba la pequeña cajita de terciopelo azul del bolsillo para mostrársela.

Melinda estaba muy sorprendida, no se esperaba algo así ni mucho menos, en un hospital, delante de todos y después de un secuestro. Aunque sabía que su corazón le estaba gritando la respuesta en su cabeza de forma exagerada. Tan solo pudo sonreír, dejando escapar algunas lágrimas al ver el anillo y susurró. –Sí quiero, te quiero para siempre.

Se fundieron en un beso precioso, tierno y lleno de amor. Todos se quedaron con la boca abierta, excepto Darío que ya lo sabía y había estado sonriendo todo el tiempo que había durado la declaración de amor de Cristian.
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