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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 16 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 26

26º- Paso a paso

Annette y Dennis, jamás pensaron que su hijo fuera a querer tanto a una chica como para pedirle matrimonio delante de ellos, pero acababan de verlo en vivo. Sintieron una gran satisfacción al ver el chico en el que se había convertido.

Todos estallaron en gritos y abrazos de alegría, había sido algo sorprendente para ellos, que en un momento como ese necesitaban alegrarse por algo. Tenían dos motivos, que Pedro se recuperaría y una boda, a parte de los embarazos, claro.

-Enhorabuena. –dijo Adriana abrazándola y luego abrazando a Cristian.

Les fueron abrazando y dando la enhorabuena de uno en uno. Cuando Darío llegó a Cristian se abrazaron como si fueran hermanos. –Me alegro de verdad. Sé que la vas a hacer muy feliz.

-Gracias, para mi es muy importante tu apoyo. –respondió Cristian casi emocionado.

-Bueno, basta que al final me voy a poner ñoño. –contestó.

Con tanta alegría, no se dieron cuenta que ya podían pasar a ver a Pedro, primero pasó Adriana, para estar un rato a solas con él. Después de unos minutos, pasaron los demás para hacerle algo de compañía y ver cómo se encontraba.

Pasaron y estaba en la cama, con Adriana cogiendo su mano, pero parecía estar bien a pesar del enorme vendaje de su hombro. Melinda fue la primera en acercarse y le abrazó muy fuerte.

-¡Ay! Cuidado, que me duele. –dijo.

-Perdón. Es que estoy tan contenta de que estés bien… Gracias por salvarme la vida. –comentó empezando a llorar.

-No tienes que darlas. –respondió con una sonrisa.

-Nena, dale la noticia, he querido que fuerais vosotros quien se lo dijera. –comentó Adriana con una sonrisa cómplice.

-¿Qué noticia? ¿Pasa algo malo? –preguntó alarmado.

-Es una buena noticia. –dijo Cristian rebosante de alegría.

Melinda que aún seguía a su lado, no tuvo más que levantar la mano para dejar a la vista el precioso anillo de compromiso que Cristian le había regalado. Y lo comprendió todo en seguida.

-¡ENHORABUENA! –gritó eufórico. – ¡Es fantástico! me alegro mucho por los dos.

Se abrazaron, la verdad es que en ese momento estaban todos más tranquilos, parecía que las cosas empezarían a ir bien a partir de ese momento. Pues Enrique había muerto, y su pandilla pasaría mucho tiempo entre rejas. Eso sí, a Javier le reducirían un poco la condena por salvarles la vida en el juzgado.

Tras tres largos meses de rehabilitación, Pedro ya estaba recuperado totalmente de su hombro. Adriana y Melinda llevaban muy bien sus embarazos, además de los preparativos de la boda.

Intentaban quedar siempre que podían, pues Adriana, Delia y Melinda eran inseparables y más desde los embarazos, que estaban mucho más sensibles de lo habitual. Por otro lado, Pedro, Darío, Kirian y Cristian eran los mejores amigos, como los 4 mosqueteros, así los llamaban ellas cariñosamente.

Pero estaban impacientes por conocer a Samanta. Darío y ella llevaban algo más de 2 meses saliendo juntos, aunque aún no la conocían. A Darío le daba algo de vergüenza, además que no sabía cómo la acogerían Adriana y Melinda. Los tres eran como hermanos y él quería que aceptaran a su querida Samanta.

Por fin le convencieron para hacer una cena en la que poder conocerla al fin. Aunque esos días estaba demasiado nervioso por lo que pudieran pensar de ella, para él era imprescindible que la aceptaran, pues estaba enamorado hasta los huesos de Samanta.

Pasó una semana y por fin, ese sábado por la noche conocerían a la novia de Darío, no hacía más que hablar sobre ella. La cena iba a ser en casa de Melinda, para que así estuvieran tranquilos. Ellas estaban emocionadas y no paraban de preguntarse cómo sería.

-No seáis tan cotorras, además en un rato estarán aquí. –comentó Kirian.

-Es que tenemos ganas de conocerla. –dijo Delia sacándole la lengua.

Terminaron de poner la mesa y preparar los aperitivos y demás, querían que estuviera todo listo. Aunque a Adriana y a Melinda casi no les dejaron hacer nada, Pedro y Cristian no las dejaban ni a sol ni a sombra.

-Que no estamos inválidas, podemos ayudar. –se quejó Adriana.

-No vais a hacer nada. Vosotras dos a descansar. –respondió Pedro con voz firme.

Dejaron por imposible el intentar convencerlos para que cambiaran de idea, y no querían discutir antes de que llegaran Darío y Samanta. Así que esperaron a que todo estuviera listo y oyeron el timbre.

-¡Yo abro! –gritó Melinda emocionada.

Se levantó, tanto a ella como a Adriana ya se les notaba ligeramente la barriguita. Fue a la puerta y allí estaba Darío con una sonrisa, se abrazaron como hacían siempre, y luego le tocó la barriguita.

-Ya se va notando, ¿Cómo va?

-Voy muy bien, y Adriana también, ahora la verás.

-Mira te presento a Samanta. –comentó Darío.

Se acercó una chica, era tal como la había descrito Darío, morena, con ojos azules, no muy alta y muy guapa. Melinda que estaba con las hormonas revolucionadas por el embarazo, al verla tan delgadita y demás, se puso a llorar.

Samanta se quedó algo cortada y miró preocupada a Darío. - ¿He hecho algo malo?

-No es eso, es que me estoy poniendo muy gorda con el embarazo. –respondió Melinda.

-No seas tonta, sabes que, tanto Adriana como tú, siempre seréis mis chicas especiales, como mis hermanas. No quiero verte así, que sabes que estás preciosa. –contestó secándole las lágrimas.

-Perdona, no quería ponerme así. Debes estar pensando que estoy loca. –dijo mirando a Samanta.

-Claro que no. Es normal que con el embarazo estés más sensible, pero estás muy guapa. –respondió dedicándole una sonrisa.

Melinda sonrió levemente, y pasaron dentro de la casa para que Samanta conociera a los demás, ella al principio se sintió algo cohibida, pero pronto se relajó y lo cierto es que la cena estaba siendo muy amena.
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