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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 17 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 27

27º- Imprevistos

Vieron con el paso de las semanas que realmente era una chica muy agradable y simpática, y que se la veía muy buena persona. Adriana y Melinda se dieron cuenta de lo enamoradísimo que estaba Darío, nunca le habían visto tan feliz.

Se notaba la química que había entre ellos, al fin su amigo había encontrado a una buena chica que le quería y comprendía y parecía que se entendían a las mil maravillas. Además que Adriana, Melinda y Delia se habían hecho muy amigas de Samanta también, siempre que podían se veían por las tardes para tomar algo y así hablar un ratito.

Cuando pasaron unos meses, Adriana y Melinda iban muy bien con sus embarazos. Adriana estaba de un mes más que Melinda, pero a pesar de ello, Melinda tenía la barriguita más abultada.

Ya estaban, Adriana de 8 meses y medio y Melinda de un mes menos, pero Melinda tenía muchos dolores de espalda, y le costaba mucho andar, tenía fatiga con caminar un poco.

Una tarde, estaban las cuatro tomando café en casa de Adriana, estaban muy a gusto hablando de sus respectivas parejas, y de la boda. Tenían todos los preparativos listos, y faltaban 3 meses, pues lo habían planeado para que Melinda ya hubiera dado a luz, con lo que el traje lo había elegido, pero sin poder probárselo pues después del parto ya no tendría la barriguita.

Pero pasado un rato, Melinda empezó a tener sofocos, además de dolor en la barriguita. Intentó disimularlo pero le resultaba imposible. Samanta la miró preocupada. – ¿Te encuentras mal?

-Tranquilas, seguro que se me pasa en un rato.

-No tienes buena cara… -comentó Delia.

-¿Vamos al hospital? –preguntó Adriana.

-No, tan solo quiero que me de un poco el aire. ¿Podemos dar un pequeño paseo?

-Claro. Vamos, pero si te encuentras peor vamos al hospital. –intervino Delia muy seria.

-Que sí, no seáis pesadas.

Bajaron a la calle, eso sí caminando muy despacio, Samanta iba con Adriana para ayudarla a caminar, y Delia iba con Melinda. Parece que el estar al aire libre le vino bien, y ya iba teniendo mejor color de cara.

-Por si acaso, tómate algo para que no te de una bajada de tensión. ¿Un chocolate? –preguntó Adriana.

-Vale, además me apetece algo dulce. –respondió con una tímida sonrisa.
Se sentaron en un bar del barrio, lo cierto es que era nuevo pues había cambiado de dueño hacía poco y lo había remodelado ligeramente, dándole un toque muy moderno.

Nada más sentarse se acercó una camarera, era muy alta, rubia e iba muy maquillada. – ¿Qué van a tomar?

-Pues… dos chocolates, y dos cafés descafeinados. –dijo Delia.

-En seguida se los traen. –contestó amablemente y se metió en la barra.

Se pusieron a hablar mientras esperaban, lo cierto es que el sitio era precioso y muy acogedor a pesar de que no era muy grande. Pero cuál fue su sorpresa cuando vieron al camarero ir hacia su mesa.

-No puede ser… -dijo Adriana preocupada.

-¿Qué ocurre?

-Walter… -fue lo único que dijo Melinda.

-Hombre… mira a quién tenemos aquí. –dijo él muy alegre.

Walter era un chico muy alto, más que Cristian, muy musculoso, parecía un armario de lo grande que era, con el pelo negro al igual que la piel, era muy moreno de tez.

-¿Qué haces aquí? –preguntó Adriana muy irritada.

-Trabajo aquí. Pero me he enterado de algo que no me ha gustado nada… -comentó moviendo la cabeza a los lados.

-Déjanos tranquilas. Que sepas que te vamos a denunciar por chantajear a Melinda. –dijo ella, pues Melinda no decía nada, tan solo se acariciaba la barriguita.

-¿Qué ven mis ojos? Menudo bombo... espero que el imbécil que te ha dejado así no sea alguien conocido, menudo pringado…

Melinda al oír eso se levantó de golpe de la silla, y le miró furiosa. –No te atrevas a hablar de Cristian, tú no le llegas ni a la suela de los zapatos. –contestó furiosa.

-Vamos… -dijo acercándose a ella. –No te pongas así, además seguro que no te hace disfrutar como lo hacia yo… -contestó acariciando su cara.

-¡No me toques! –respondió dándole un bofetón.

-¡Serás zorra! –gritó enfadado dispuesto a devolverle el bofetón.

Pero Delia se puso en medio. –No se te ocurra ni tocarla, porque te quedas estéril de por vida, pedazo de cabrón… -le amenazó.
-¿Qué es todo este jaleo? –preguntó la camarera rubia.

-Este individuo, nos está molestando. Si sigue así llamo a la policía. –explicó Samanta.

-Está bien, tranquilas. No se preocupen, yo me encargo de todo. –dijo con una sonrisa. –Y tú, ven a la cocina. –contestó señalando a Walter.

Melinda seguía de pie, se había puesto muy nerviosa por todo lo ocurrido, sus pesadillas la perseguían… Pero se sujetó la barriguita, pues empezó a dolerle por la parte baja de forma indescriptible.

-¡AY!… me duele mucho… -se quejó mientras se le saltaban las lágrimas de dolor.

-No me gusta nada… -contestó Delia. –Voy a llamar a Cristian.
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