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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 18 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 29

29º- Milagro

Prepararon todo lo deprisa que pudieron el quirófano y se la llevaron lo antes que pudieron para empezar la intervención antes de que hubiera más complicaciones, y antes de que Melinda pudiera correr más peligro.

Entraron a quirófano y la anestesiaron para poder empezar la cesárea. Les daba algo de miedo, porque con lo alterada que había estado, tal vez la tensión no aguantara la operación, pero debían intentar salvarlos a ambos.

-Hago la incisión y coges al bebé lo antes posible. –comentó Kirian.

-De acuerdo, estoy listo.

Abrió la barriguita con una gran incisión para poder acceder al bebé, vieron que el cordón umbilical empezaba a apretarse en el cuello y lo cortaron antes de que fuera a más. Dennis cortó el cordón y sacó con cuidado al bebé.

-¡Lo tengo! Es una niña preciosa… -comentó Dennis emocionado.

-Me alegro, pero revísale por si acaso. Yo mientras voy a cerrar a Melinda. –dijo Kirian.

Todo había salido bien, la niña parecía estar en perfectas condiciones y Melinda había salido bien de la cesárea. Solo quedaba dar la enhorabuena al padre y que los demás supieran la noticia.

Lavaron a la pequeña, y a Melinda la cosieron para luego llevarla a la habitación, dejándola con la cunita de la niña al lado. Pero aún seguía dormida por la anestesia.

Dennis, seguido de Kirian, fueron a la sala de espera donde sabían que estarían todos, y donde esperaban que ya estuviera Cristian porque le hubieran localizado. Nada más echar un vistazo le vio dando paseos con la cara llena de preocupación.

-¿Cómo está? ¿Qué ha pasado?

-Pues, ha pasado que… -empezó a hablar muy serio. Hasta que cambió su semblante por una inmensa sonrisa. –Te tengo que dar la enhorabuena, porque eres papá de una niña preciosa.

-¿De verdad? Pero si aún faltaba más de un mes. –dijo extrañado.

-Ya pero era una niña muy grande, ya estaba preparada. Hubo una pequeña complicación, pero ya están las dos perfectamente.

-¿Puedo verlas? –preguntó ansioso.

-Sí, aunque ella aún no ha despertado de la anestesia. –dijo Kirian.

-Vamos todos, ¿no? Además estoy deseando ver a mi sobrinita. –comentó Delia muy alegre.

-Claro, eso ni se pregunta. –dijo Darío.

Todos fueron a la habitación muy contentos, dando la enhorabuena a Cristian, y más relajados porque ambas estaban en perfectas condiciones que era lo más importante de todo.

Primero entró Cristian, querían dejarle un par de minutos con sus dos princesitas, después de lo preocupado que había estado, se había sentido muy mal por no haber podido ir antes.

Entró sin hacer ruido, ahí estaban las dos, Melinda en la cama durmiendo por la anestesia, y se asomó a la cuna. Era una niña preciosa, con la piel clara como la de Melinda, pero con la nariz y boca de Cristian. Como también estaba dormidita no le veía los ojos.

Empezó a llorar y él la cogió en brazos, para intentar calmarla. –Shhh… tranquila, papá está aquí. –susurró acunándola.

La niña seguía llorando así que Cristian quiso tararearle algo para ver si conseguía calmarla. Pensó en la canción que le calmaba a él desde hacía años, Claro de Luna de Debussy, y a los pocos segundos de tararearla la niña se calmó.

-No sabía que se te dieran tan bien los niños… -susurró Melinda, que se había despertado.

-Hola, preciosa mía… -comentó besándola de forma tierna.

-Estuve muy asustada por la niña… pero está sana y es una preciosidad. –dijo con la mirada iluminada.

-Tienes razón, es preciosa, como su mamá. –contestó haciéndole carantoñas a la pequeña. –Pero aún no tiene nombre.

-Lo sé. Estuve mirando hace unos días nombres para bebés, y me gustaron dos, uno para niño y otro para niña. ¿Qué te parecería que se llamara Evelyn?

-Que es un nombre precioso para una niñita preciosa.

Melinda sonrió, ver a su futuro marido con la niña en brazos, era algo digno de ver, una de las escenas más bonitas que jamás vería a lo largo de su vida. Pero estaba preocupada, porque no sabía si le habían contado lo ocurrido.

-¿Te han contado lo que ha pasado esta tarde?

-Sí. –respondió con voz seca. Su cara ya no estaba alegre, sino seria, mostrando mucha dureza y frialdad mientras miraba a la niña. –Como le vea por la calle le mataré.

-¡Eso ni se te ocurra! Tienes una familia que cuidar, no te puedes poner en peligro o nos quedaríamos solas… -dijo mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.

-No puedo consentir que os haga ningún daño. –replicó.

-Y no pasará nada. Pero si te involucras podrías resultar herido, y no solo eso. ¿Has pensado que si de verdad le vieras y le mataras lo que te pasaría? ¡Irías a la cárcel! –Melinda estaba empezando a ponerse furiosa.

Él ante la afirmación de Melinda, vio que llevaba razón, y no podría estar separado de ellas ni un solo día. –Tienes razón, lo siento… es que sois lo que más quiero en este mundo.

Ella le hizo una seña para que se acercara, pues aún tenía a la niña en brazos y estaba de pie. Cristian se puso muy cerca y ella colocó su mano en la mejilla. –También nosotras te queremos, y si estamos juntos no nos pasará nada.
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