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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 2 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 3

3º- Acercamiento

-¿Qué te ha pasado? –preguntó su madre levantándose.

-Nada, hablé más de la cuenta. Aunque tal vez tenga alguna costilla rota, porque me duele mucho en el costado. –explicó.

-Siéntate en el sofá que voy a por mi maletín y te examino. –Salió muy rápido del comedor, para volver a los pocos minutos con un maletín en las manos. -¿Y quién es esta chica tan encantadora? –preguntó Annette.

-Se llama Melinda, ella me ayudó. De hecho de no ser por ella, me habrían machado. –reconoció Cristian. –Por cierto, ellos son mis padres, Annette y Dennis.

-Mucho gusto. –contestó ella.

-¿Pero qué fue lo que hiciste, hijo? –preguntó su madre.

-Pues habló más de la cuenta a unos chicos de una pandilla de mi barrio, que bueno… no se andan con bromas… -interrumpió Melinda.

-Hijo, te tengo dicho que no puedes ir con esos aires de superioridad que te das con tus “amigos” de la universidad. – dijo en tono severo su padre.

-Lo sé papá, me doy cuenta de ello. De hecho, fui muy grosero con Melinda en su tienda, y aún así me ayudó. –explicó avergonzado.

-Eso no está nada bien. Menos mal que Melinda es una buena chica. –contestó con una dedicando una sonrisa a Melinda. –Por cierto… yo te conozco de algo ¿verdad? Tu cara me suena… -dijo Dennis intentando recordar.

-Lo cierto es que su cara también… -comentó ella. –Ah… ¡ya sé de qué nos conocemos! Usted compraba libros en la librería de mis padres.

-¡Tú eres su hija! Es verdad… Es que hacía unos años que me mandaba los libros por correo y no iba a la tienda. ¿Y cómo están tus padres? Hace un par de años que no sé nada de él, dejó de mandarme libros.

-Pues… murieron en un incendio en la tienda, provocado por los mismos que agredieron a Cristian, aunque no lo pude demostrar. –explicó.

-Vaya… ¿y has salido adelante tu sola? –preguntó sorprendida Annette.

-Sí, bueno me ayudó mucho una amiga mía, Adriana, ella me apoyó y me ayudó a reabrir la librería.

-Tienes mucha fortaleza.

-Teníais que haber visto cómo ahuyentó a esa pandilla. –comentó Cristian.

-Bueno, es que ya los conozco demasiado bien… -dijo.

Dennis que seguía revisando a Cristian tenía varios golpes y moratones por el cuerpo y la cara, y él se quejó cuando le estuvo revisando las costillas del lado derecho del cuerpo. –Ay, papá ten cuidado. –se quejó.

-Pues tienes una costilla rota, pero sabes que tan solo puedo mandarte calmantes para el dolor. –contestó su padre.

-Vale.

-Oye Melinda, por favor, quédate a cenar como agradecimiento. –pidió Annette.

-No quiero ser una molestia…

-Tú no molestas, por favor… -pidió Cristian.

Melinda no pudo resistirse ante esa mirada tan azulada y profunda como el océano. –Está bien.

Ante la respuesta de Melinda, Cristian se puso contentísimo. Sus padres estaban felices de ver que su hijo estaba recapacitando, y todo se lo debían a Melinda. Así que decidieron dejarles un poco de intimidad. –Quedaos aquí mientras preparamos la cena.

-Si queréis que os ayude… -se ofreció Melinda.

-No, por favor, eres la invitada. Quédate con Cristian para que no se mueva demasiado. –dijo Dennis

Melinda tan solo asintió y se quedó sentada en el sofá. Jugueteaba con sus manos, estaba nerviosa, no sabía ni lo que decir. –Estás nerviosa… -susurró Cristian acercándose más a ella.

-Yo… sí que estoy algo nerviosa… -dijo dubitativa.

-No lo estés. Además estoy feliz de que estés aquí… -contestó sonrojado.

-¿Ah sí? ¿Y eso? –preguntó levantando una ceja.

-Pues… por… es que… -balbuceaba sin sentido alguno. –Desde que te he visto no sé… veo las cosas de otro modo. Además… nunca había visto a una chica tan hermosa… -reconoció cada vez más sonrojado.

Ella ante su reacción, sonrió. –Bueno, la verdad es que tú también llamaste mi atención cuando nos conocimos en la tienda. –admitió ruborizada.

Entonces se fueron acercando poco a poco el uno al otro, de estar tan cerca casi saltaban chispas entre ellos, ambos podían notarlo. Cada vez se acercaban más y más hasta que sus labios se rozaron y comenzaron un beso muy apasionado.

Se estaban dejando llevar en ese beso, sus lenguas jugueteaban de forma intensa. Cristian la sujetó por la cintura para acercarse más todavía. Pero ese maravilloso beso se vio interrumpido…

-Ya está la cena. –dijo en voz alta su padres desde la cocina.

Ellos se separaron unos centímetros y se rieron entre dientes, aunque Melinda estaba sonrojada. –Ha sido un beso fantástico… -suspiró Cristian.

-Yo… me he dejado llevar… -dijo sonrojada. –Yo… lo siento… no sé, no debimos… -estaba nerviosa.
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