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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 3 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 5

5º- Fuego interior

-Claro que sí. –respondió besándole.

Ambos se quitaron la ropa interior y Cristian comenzó a acariciar el cuerpo desnudo de Melinda. Miraba cada centímetro de su piel, pues estaba admirando la criatura más hermosa que jamás había visto.

Melinda se sintió muy observada y le dio vergüenza, siempre se había considerado fea, y que Cristian le mirara de esa forma hacía que se ruborizara. Intentó taparse con la sábana.

-No te tapes… tengo la mejor vista posible del ángel más hermoso que ha creado Dios. –contestó destapándola.

Empezó a besarla por el cuello de forma intensa, bajó sus manos hasta sus pechos, acariciándolos muy suavemente, para seguidamente bajar su rostro y poder seguir las caricias con su lengua, Melinda se estremeció ante tal placer.

Eso animó más a Cristian que siguió bajando y bajando hasta que llegó a la intimidad de Melinda. Empezó a juguetear con la lengua, lo que hizo que ella emitiera un sonoro gemido.

Pero Melinda estaba también muy encendida, quería darle mucho placer, quería enloquecerle como le estaba ocurriendo a ella. Así que se movió ágilmente para quedarse encima de Cristian.

Le besó muy salvajemente y fue bajando por el cuello, por el pecho, recorriendo cada centímetro de Cristian, éste estaba suspirando y gimiendo de manera descontrolada. Hasta que ella llegó a su miembro erecto y lo lamió. Cristian enloqueció en ese momento, agarró el preservativo para que ella se lo pusiera, cosa que hizo encantada.

Una vez lo tuvo puesto, Melinda no esperó, se movió para poder estar junto a Cristian, ser uno solo. Nada más sentir el miembro de Cristian dentro, ambos gimieron de placer y comenzaron a moverse, un frenético baile acompasado.

-Um… eres… estupenda… -dijo como pudo entre gemidos.

Melinda comenzó a sentir cómo en su interior ese fuego que se había encendido estaba a punto de explotar, en ese instante algo en su interior ardió con más intensidad, estaba sintiendo más placer si era posible, una sensación que la estaba volviendo loca.

No paraba de gemir, gritaba de placer y Cristian al ver si reacción incrementó el ritmo. Tuvo que taparle la boca porque los vecinos se asustarían de tales gritos. Melinda se acercó a él, y del placer que sentía le mordió en el cuello.

A Cristian aquel mordisco no le dolió, al contrario, le excitó mucho más, para continuar en ese baile hasta que sintió como Melinda había llegado al clímax. Pero como él aún no había llegado continuó con ese baile.

Ella notaba ahora esos movimientos de otra forma, pero seguía sintiendo mucho placer. Y pasado un rato llegaron juntos al clímax, fue una sensación muy especial para ambos, que se quedaron abrazados en la cama muy juntitos.

-Ha sido maravilloso, no tengo palabras…

-Ha sido perfecto, esa es la palabra, al menos para mí… -comentó ruborizada.

-Sí, esa es la palabra. Perfecto, tan perfecto gracias a ti, que eres perfecta. –respondió cogiendo entre sus manos la cara de Melinda.

Se quedaron tumbados, ella sobre el pecho de Cristian, mientras él dibujaba en su espalda formas con el dedo índice. Estaban muy a gusto, así tan cerca, se sentían queridos, hasta que una llamada al móvil de Cristian interrumpió ese momento tan bonito.

No miró ni la pantalla del móvil, esa interrupción le había irritado bastante. -¿Diga?

-Hermanito, soy yo.

-No se puede ser más inoportuna… -dijo.

-Me lo imaginaba, pero mamá estaba histérica porque estás tardando mucho en volver. Yo me imaginaba que te iba a pillar ocupado, por eso preferí llamarte yo, para que no tuvieras que darle explicaciones a mamá.

-Gracias, hermanita. –contestó más alegre.

-A ver, para que no metas la pata, le voy a decir que te llamaron al móvil así que fuiste a un área de servicio para poder hablar, y que te entretuviste demasiado. Pero vente ya que si no va a ser un canteo…

-Vale, tranquila, voy ya, y gracias por cubrirme. Te quiero. –contestó antes de colgar.

Melinda lo había escuchado y se puso algo triste. –Entonces… ¿de verdad tienes que irte ya?

-Sí, aunque me muero de ganas por quedarme… -contestó abrazándola fuerte. –Pero cuando salga de la universidad vengo, te traigo el coche y te veo.

-Está bien, pero como no vengas, te enteras…. –dijo fingiendo estar enfadada.

-Eres adorable. –respondió dándola un tierno beso.

Se dieron un tierno y cariñoso beso, y Cristian se levantó en busca de su ropa, Melinda no pudo evitar sonreír ante tal majestuosa visión de Cristian. Recogió su ropa y se vistió, mientras ella estaba tumbada en la cama tapada por la sábana.

Se levantó y la sábana se cayó al suelo, dejando ver su cuerpo desnudo, se arrimó a Cristian y le abrazó muy fuerte, buscó sus labios y se fundieron en un tierno beso.

Cristian ante esa fogosidad y sentir el cuerpo desnudo de Melinda entre sus brazos, sintió que ese fuego comenzaba a encenderse de nuevo. Melinda se empezó a reír entre dientes. –Me parece que no tienes demasiadas ganas de irte por lo que estoy notando entre tus pantalones…

Él se había sonrojado. –Es que… no soy de piedra, y vienes a besarme desnuda y con esa intensidad… -se justificó.

-Anda, vete ya porque si no, no voy a dejar que te vayas…

-Contaré impaciente las horas que quedan para volver a verte…- susurró antes de darle un beso muy fugaz.
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