Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

COMPRAR

En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

COMPRAR

Bienvenid@s




Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 4 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 6

6º- Agresión

Cristian se marchó y Melinda se puso un camisón y se metió en la cama, aún no podía creerse lo que le había ocurrido, esa pasión, ese amor, esa fogosidad que se habían demostrado.

Ya se había hecho bastante tarde, pero algo tenía que dormir si no, al día siguiente no podría ni levantarse a abrir la tienda. Cerró los ojos y tras un largo rato, cayó dormida, soñando con Cristian, tan guapo, tan perfecto…

Sonó el despertador a eso de las 9, le gustaba ducharse con calma, desayunar y arreglar un poco la casa antes de abrir la tienda a las 10. Bajó como todos los días y abrió como siempre.

La verdad es que estaba algo aburrida, la gente ya no compraba tanto en las librerías pequeñas desde que había grandes almacenes, pero si que tenía clientes fijos, los conocidos del barrio. Mientras esperaba a tener algún cliente cogió un libro, siempre hacía lo mismo.

Llevaba años haciéndolo, desde pequeña. Lo que hacía era ir en orden alfabético por título, de uno en uno todos y cada uno de los que había de cada letra del abecedario. Pero siempre que había alguna novedad, no se podía resistir a leerla aunque no tuviera la letra por la que estaba leyendo.

Una de las novedades que le habían llegado era la trilogía de “Cazadores de sombras”. Se puso a leer, y la mañana pasó en seguida. Por la tarde, después de comer, hizo lo mismo, siguió leyendo. Estaba tan aborta leyendo que no se percató de que había entrado alguien a la tienda hasta que no escuchó hablar.

-Que entretenida estás ¿no? –preguntó Enrique.

-¿Qué hacéis aquí? No sabía que supierais leer… -se burló.

-Estamos graciosilla esta tarde, aunque no te va a durar mucho. –dijo seriamente Javier.

-Marchaos de mi tienda.

-Me parece que no. Nos interrumpiste con ese niño pijo, tienes que aprender a no meterte en cosas que no te incumben.

Enrique se acercó a ella, la cogió por el brazo apretándola contra la pared. –Suéltame, ¡me haces daño!

-Um… si hueles estupendamente… y eres una preciosidad. Cada vez que te veo es que me vuelves loco. Me parece que podemos disfrutar un poco. –dijo mirando a los demás.

Se acercaron los tres a ella, los dos chicos que eran más bajitos la cogieron tumbándola en el suelo y sujetándola por los brazos. – ¡No, no! Soltadme. –dijo empezando a llorar.

Entre Javier y Enrique le rompieron la camiseta y los pantalones. –Um… tenias razón, es una preciosidad. –comentó sobándola.

Melinda no paraba de llorar, pensaba en Cristian, veía su cara, le necesitaba, pero no tenía el móvil, estaba en el cajón del mostrador. Ellos no paraban de tocarla por todas partes y de besarla y pasar sus lenguas por su cuerpo; cubierto tan solo por la ropa interior. No tenía escapatoria posible…

…………………………………….

Cristian llegó a casa y se metió en su habitación, se tumbó de golpe en la cama. Había tenido la mejor experiencia de toda su vida. Se daba cuenta de lo imbécil que había sido desde que había conocido a sus “amigos” en la universidad, se prometió a sí mismo que a partir de ese día ya no se comportaría más de esa forma.

Toda la noche estuvo soñando con ella, con sus preciosos ojos, con su cuerpo, esos movimientos… ese cariño y amor que se habían dado de forma tan pura y apasionada.

Se levantó por la mañana sin ganas de ir a clase, pero no le quedó más remedio que ir. Aunque se sentó en la última fila, no prestó atención en ninguna clase y no se acercó a sus “amigos”. Quería empezar de cero, ser la buena persona que sus padres le habían enseñado a ser.

Durante la comida estaba abstraído. Sus amigos intentaron acercarse a él, pero los ignoró, no quería volver a saber nada de ellos. –Ey tío, que no te has sentado con nosotros. –comentó Dylan, que era un chico alto, rubio de ojos verdes y con ropa muy cara.

-No, no sois buena influencia para mí. Me apetece estar solo y cambiar de aires. –contestó muy seco.

-Serás imbécil… ya volverás, ya… -dijo de forma muy bode, mientras se marchaba con el resto de sus amigos.

Él solo pensaba en Melinda, había ido a la universidad con su coche, así iría directamente a la librería para llevárselo y verla. Cuando llegó la hora casi se puso a saltar de la alegría, pero pensó que le tomarían por loco, así que se contuvo.

Se montó en el precioso Honda Cívic, olía como ella, a champú de flores. Tuvo que centrarse para poner rumbo a la librería, pues estaba mirando como un bobalicón a la luna delantera. Así que arrancó y se puso en marcha en dirección a la librería.

Aparcó delante de la librería, iba a entrar despacio y sin hacer ruido, quería sorprenderla. Pero antes de abrir la puerta escuchó voces y el llanto de Melinda. Escuchó la voz de un hombre. - Um… tenias razón, es una preciosidad.

Cristian se acercó sigilosamente, y la escena le horrorizó, Melinda estaba en ropa interior, la pandilla de Enrique estaba allí. Los dos chicos más bajitos la sujetaban por los brazos, mientras Enrique y Javier la manoseaban y pasaban sus lenguas por el cuerpo de Melinda.

Buscó a su alrededor y encontró la barra metálica para bajar el toldo de la tienda. Lo cogió sin hacer ruido y se abalanzó sobre Enrique, golpeando su espalda. – ¡AY! ¿Quién se ha atrevido a tocarme?

- ¡No la toquéis!

-Pero si es nuestro amigo, el niño pijo. –comentó Javier en tono muy déspota.

Melinda le miraba con lágrimas en los ojos, pero no podía soltarse, pues le sujetaban con fuerza por los brazos. –He dicho que la soltéis. YA. –gritó furioso.

Parece que el tono de Cristian, intimidó bastante a los dos chicos bajitos que soltaron a Melinda y se apartaron de ella. Pero Javier y Enrique no se movieron, Enrique todavía estaba frotándose la espalda a causa del dolor.

Los dos se levantaron acercándose a Cristian, que se sintió bastante desprotegido pues sobre todo Enrique era tan grande como un armario. Pero no soltó la barra metálica. –Largaos de aquí o llamo a la policía.

Intentaron abalanzarse a la vez contra Cristian que les atizó fuertemente con la barra. Enrique estaba enloqueciendo de furia, se levantó tan deprisa que Cristian no tuvo tiempo de reaccionar, llevándose un gran puñetazo en la cara.

Pero se repuso y volvió a golpearlos con la barra, hasta que Javier cogió por el brazo a Enrique. –Vámonos, ya ajustaremos cuentas…

Los cuatro salieron de la tienda como alma que lleva el diablo. Cristian observó cómo salían de la tienda, estaba en guardia con la barra bien sujeta por si tenía que volver a pegarlos. Una vez que se habían alejado, soltó la barra y miró a Melinda que seguía en el suelo.

Estaba echa un ovillo, llorando a lágrima viva, intentando taparse, sus ropa estaba echa harapos en el suelo. Cristian se acercó con cautela, no quería asustarla más de lo que ya estaba.

-Melinda, tranquila, estoy aquí. –susurró con voz muy dulce.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

0 rosas :

Publicar un comentario

Mi blog es mi casa, donde podéis encontrar novelas, relatos, consejos, videos y varias de mis aficiones, pasiones y locuras. Con los comentarios me ayudáis a mejorar, pero siempre desde el repeto y sin palabras feas ni insultos. Opiniones y críticas si se aceptan siempre

Así que, deja tu rosa después de la señal,piiii:

 
comentarios.

© Mi sueño de Papel, plantilla y gráficos hechos por ML Diseños, 2011

© Actualización de la plantilla y nuevas características por Daniel Ruiz, 2013

De nuevo ARRIBA   


DIMATHIAN. Una novela de María Orgaz.