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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 4 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 7

7º- Terror

Ella le miró, innumerables lágrimas caían por sus mejillas, entonces se abalanzó hacia Cristian abrazándolo con todas sus fuerzas y llorando con más intensidad. –Tenía mucho miedo, no podía soltarme... Intenté llamarte pero tenía el móvil en el mostrador… -dijo entre sollozos.

-Shhh… cálmate, ya pasó… -comentó acunándola.

Cogió su ropa que estaba rota por todas partes y la tapó como pudo con ella. Después la cogió en volandas y se dispuso a salir de la tienda. – ¿Dónde están las llaves de la tienda? Voy a cerrarla, y te llevo a mi casa a que mi padre te revise.

-En el cajón del mostrador… -contestó todavía llorando.

Cogió la llave, se fue a la puerta y cerró con llave. Como había aparcado el Honda Cívic de Melinda ahí, la depositó con cuidado en el asiento del copiloto y abrochó el cinturón. Se montó a toda prisa en el coche y condujo rápidamente hasta su casa.

Llegaron lo más deprisa que pudo, no quería que encima les pusieran una multa. Aparcó y sacó en brazos a Melinda, la llevó a la puerta y abrió rápidamente con las llaves. –Papá, te necesito, corre. –dijo alzando la voz mientras iba al comedor.

Entró en el comedor y ahí la soltó con delicadeza en el sofá, al cabo de unos segundos aparecieron los padres de Cristian, al ver a Melinda con la ropa destrozada y llorando tan nerviosa se alarmaron mucho.

-¿Qué ha pasado? ¿Por qué tiene rota su ropa?

-Ha sido la pandilla que me atacó, cuando entré en la tienda para darle una sorpresa la tenían sujeta, estaban sobándola por todas partes. – dijo furioso apretando los puños.

Melinda no había dicho una sola palabra, estaba en el sofá llorando y sin mirar a ninguna parte. Dennis quiso revisarla pero sabía que estaría muy asustada, así que intentó que estuviera relajada.

-Melinda, tranquila, tan solo voy a revisarte la tensión y demás para comprobar que estás bien. –comentó con dulzura.

Ella tan solo hizo un leve gesto con la cabeza como que esta de acuerdo con lo que acababa de decirle Dennis. Se quedó quieta sin mediar palabra, no quería, no tenía ganas.

Tomó su tensión, revisó sus pupilas, estuvo observando el cuerpo en busca de heridas, encontró dos grandes moratones en las muñecas de cuando los dos chicos le habían sujetado.

-Eh… hijo… tendría que saber si le han agredido sexualmente. –dijo muy precavido.

-Yo, creo que no, porque llegué y tan solo estaban tocándola, y la ropa interior la tiene intacta, pero tampoco lo sé seguro…

Cristian se acercó a ella, se puso de rodillas a su lado cogiendo su mano con delicadeza. –Melinda, preciosa, esos imbéciles… ¿Te hicieron algo? ¿Llegaron a agredirte?

-Me tocaban, con las manos, con la lengua… -y al recordarlo se estremeció y se puso a gritar y patalear.

Cristian la cogió abrazándola para calmarla. –Shh… cálmate por favor… tienes que calmarte. –susurró en su oído.

- ¡No quiero verlos! no quiero que me toquen más… -gimoteó.

-No volverán a tocarte nunca, yo te protegeré. –dijo muy seguro.

Pero ella estaba demasiado nerviosa, tenía miedo, demasiado miedo, tenía terror a volver a encontrarse con ellos. –Hijo, si sigue así puede sufrir un paro cardíaco, voy a ponerle un calmante. –comentó Dennis buscando en su maletín.

Cogió una gran jeringa del maletín y un botecito de una medicina, para meterlo en la jeringa. Pinchó a Melinda en el brazo y nada más notar el calmante en su organismo se relajó y cayó inconsciente entre los brazos de Cristian.

-Llévala a la habitación de invitados, tiene que descansar está muy nerviosa. –dijo Dennis.

Cristian se levantó con Melinda entre sus brazos, la veía tan frágil, aquél día le defendió a pesar de tenerles miedo, y por defenderle, casi había hecho que la violaran. No podía consentir algo así. Una vez que la tumbó en la cama, acarició su mejilla, y besó su frente. La tapó con la sábana para que no pasara frío y salió de la habitación.

-Papá. –dijo entrando en el comedor. –Voy a denunciarlos. Esto no puede quedarse así, esta gentuza no puede estar suelta por la calle.

-Creo que tienes razón, sobre todo porque estuvieron a punto de violarla. De todas formas la han traumatizado.

-Si no hubiera llegado a tiempo… Es que les reventaba la cabeza si hubieran conseguido su objetivo… -dijo apretando los puños muy furioso.

-Hijo, cálmate, lo último que necesita es que tú estés así. Será mejor que se quedé aquí hasta que descanse un poco. Luego que cene algo. –comentó su madre intentando apaciguar la ira de Cristian.

-Está bien, mamá. Me voy a la comisaría a poner la denuncia, si se despierta Melinda dile que no tardo en volver. –dijo.

Salió directo a por su coche, ahí estaba también el de Melinda. Su ira creía por momentos pero se dijo que tenía que estar calmado. Puso rumbo a la comisaría, no había casi nadie, tan solo algunas personas en la cola de renovación del DNI.

Puso la denuncia explicando lo de su agresión, el intento de violación a Melinda y estuvo contando lo del incendio de la librería en la que murieron los padres Melinda. Una vez que la puso se marchó a casa, no quería que Melinda despertase y él no estuviera allí.

Llegó, aparcó el coche y entró nervioso en casa, directo al comedor. – ¿Cómo está Melinda? ¿Ya despertó?

-Estoy despierta. –dijo Melinda desde el sofá, que estaba con ropa de Delia.

Él abrió mucho los ojos, lo que menos se esperaba era verla allí, parecía más relajada, calmada, Cristian suspiró y se acercó a ella. Se sentó a su lado mirándola. –Entonces ¿Estás mejor?

-Sí. Tú padre me ha dicho lo que me pasó, y que estabas poniendo la denuncia. –comentó sujetando su mano.

-Lamento no haber llegado antes a la librería, hubiera evitado que te hubieran puesto ni un dedo encima. –contestó enfadado consigo mismo.

-Me salvaste… me salvaste de que me violaran. –comentó abrazándose a él.

-Bueno nos vamos a la cocina a preparar algo de cena, cuando esté listo os avisamos. –dijo su madre para dejarles a solas.

-Me volví loco cuando vi a esos bastardos tocándote. –contestó alterado. –Menos mal que ya estas a salvo. –suspiró.

-No me sueltes. Quédate así conmigo, te necesito… -susurró.

-No voy a soltarte. –contestó mientras buscaba sus labios para darle un tierno y cariñoso beso. Jugaban con sus lenguas, él recorrió el contorno de sus labios con la lengua. Eso hizo que Melinda se estremeciera. Se apretó más contra él, necesitaba sentirle, entre sus brazos se sentía a salvo, se sentía querida, sentía que la protegía y la amaba y era lo que anhelaba en ese momento, más que nada en el mundo.
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