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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 5 de marzo de 2010

Amor sin límites capitulo 8

8º- Cariño y dedicación

Al cabo de unos minutos, les llamaron desde la cocina, que ya estaba lista la cena. Se levantaron del sofá y fueron a la cocina donde sus padres ya estaban sentados a la mesa. –Tu hermana va a tardar en llegar, ha llamado hace un rato.

-Ah saber lo que estará haciendo… -comentó con una sonrisa burlona.

-Me ha dicho que en cuanto saliera del cine venía a casa. –respondió Annette.

La cena eran croquetas caseras y calamares, pero Melinda sentía un nudo en el estómago, y no cogió ni el tenedor. Cristian vio lo que hacía y se preocupó bastante. –Tienes que comer, necesitas reponer fuerzas.

-Lo sé, pero no tengo hambre, tengo el estómago cerrado. Lo único que me apetece es chocolate.

-Bueno, si cenas un poco, te doy algo de chocolate, siempre tenemos bollos de chocolate, porque a mí me gusta mucho. –comentó Cristian.

Parece que con eso Melinda se animo un poco y decidió intentar comer. Al final comió un par de croquetas y un par de calamares, no quiso comer más, en realidad esperaba poder tomar el chocolate.

Una vez terminaron de cenar, recogieron todo y Cristian se fue al comedor con Melinda, se sentaron en el sofá y ella le miró impaciente. Él no entendía su expresión, estaba extrañado. – ¿Qué ocurre?

-¿Y el chocolate?

Cristian no pudo evitar echarse a reír a carcajadas, Melinda se indignó un poco por la reacción de él ante su petición. –Vale, voy a por él, pon la tele si quieres, está metido el DVD de Van Helsing. –comentó mientras se levantaba.

Ella se alegró mucho, le encantaban las películas de miedo, de ciencia ficción y de sangre, si a Cristian le gustaban, sería una cosa más que tendrían en común. No tardó casi nada en volver Cristian. –Anda toma… -contestó mientras se sentaba y le ofrecía galletas de chocolate.

-¿Te gustan estas películas?

-Pues sí, mucho y las de miedo y sangre también. ¿Y a ti?

-Sí, es estupendo, ¿no crees?

-Tenemos muchas cosas en común, es estupendo. –respondió con una sonrisa.

Ella estaba bastante más tranquila, comenzó a besar a Cristian de forma lenta, suave, cariñosa… pero ambos sabían que no era el lugar, así que siguieron viendo la película. Pero el calmante la había relajado todavía hacía efecto, tanto que al cabo de un rato empezó a adormilarse.

Cristian al notar que se estaba quedando dormida apoyada en su hombro, no pudo evitar sonreír, parecía un angelito que se les había caído del cielo, estaba tan hermosa… pero se estaba haciendo tarde, le daba una pena tremenda tener que despertarla con lo adorable que estaba.

-Melinda…despierta, preciosa, es tarde… -susurró muy bajito y con voz armoniosa.

-Mm… -estaba medio dormida y con los ojos medio abiertos.

-Es bastante tarde, vamos te llevo a casa. –dijo acariciando su brazo.

-Quiero que estés conmigo… -susurró.

-Entonces quédate aquí y yo mañana te acerco a la librería a la hora de abrir. –comentó.

Ella que estaba más dormida que despierta, tan solo asintió con la cabeza y se dejó arrastrar por un fantástico sueño. Cristian la cogió en volandas y la llevó al cuarto de invitados, tumbándola con mucha delicadeza.

Salió de la habitación y fue a la cocina donde estaban sus padres. –La he llevado a la habitación de invitados porque estaba dormida. ¿No os importa, verdad?

-Claro que no, hijo. Además hoy ha pasado algo muy traumático, no creo que sea conveniente que esté sola. No sé por qué me temo que tendrá pesadillas. Habrá que estar atentos y vigilarla. –comentó Dennis algo preocupado.

-Vale papá, como mi habitación está al lado la oiré si necesita algo.

Se acostaron en seguida, pues ya era bastante tarde y al día siguiente todos tenían que levantarse pronto. Cristian se acostó pero estaba muy preocupado, todo lo que había ocurrido era bastante fuerte, pero Melinda lo superaría y él le ayudaría.

No tardó en pasar lo que tanto temía, empezó a escuchar muchos gritos de Melinda, se levantó corriendo y abrió la puerta de golpe, encontró a Melinda en una esquina de la habitación gritando como una desesperada.

-Melinda, tranquila… estoy aquí… -susurró abrazándola.

-Me estaban tocando… no quiero que me toquen, tengo miedo… -empezó a llorar.

-Nadie te va a hacer nada, yo te voy a proteger. –dijo muy seguro de sí mismo.

La cogió en volandas para dejarla con suavidad en la cama. La arropó y besó su frente con dulzura. Se dispuso a marcharse de la habitación para que ella descansara, pero Melinda se puso muy nerviosa.

-NO ME DEJES, no te vayas… -gritó desesperada.

-Estaré en la habitación de al lado.

-No, por favor… quédate, aquí conmigo… -pidió suplicante.

Ella estaba aterrorizada con miles de lágrimas cayendo por sus ojos, eso le partió el alma a Cristian que no pudo marcharse. –Tranquila, me quedaré contigo hasta que te duermas.

Se tumbó a su lado, pero no quería agobiarla así que tan solo se puso cerca. Pero Melinda le necesitaba, necesitaba sentirse protegida, así que se acercó y se acurrucó, él sonrió levemente y depositó sus manos sobre el cuerpo de Melinda.
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